Cuatro frentes abiertos

Coronavirus entre nosotros
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El Gobierno cierra el mes de enero con —al menos— cuatro frentes abiertos. Aquí, una crónica de cuatro crisis autoprovocadas.

Crisis migratoria. Los sonidos de las botas de la Guardia Nacional y las imágenes —ampliamente difundidas en todo el mundo— de sus elementos, atacando violentamente a la última caravana de migrantes hondureños, se han convertido en patentes sombras de una presencia militar autoritaria que evoca a los peores regímenes dictatoriales latinoamericanos del siglo XX. Es incomprensible el grado de barbarie con el que todos vimos que se atacó a esa población inerme, que independientemente de su calidad migratoria, por su sola presencia en territorio nacional gozaba de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución y la normatividad vigente en nuestro país. Es un Gobierno que se llena la boca con el discurso de la protección de los derechos humanos, pero que en la práctica realiza todo lo contrario. Se está pagando un precio demasiado alto por las concesiones del Gobierno mexicano a Donald Trump. Ya vimos que se salió con la suya: México está pagando, efectivamente, por el muro; un muro que no nos queda al norte, sino al sur.

Crisis de menores paramilitares. Continuando con imágenes que han conmovido a México y al mundo, el abandono del Estado a distintas regiones del país mostró en Chilapa, Guerrero, una de sus caras más lamentables y preocupantes. ¿A qué nivel de degradación se ha llegado para que se utilice a adolescentes y niños para armarlos, entrenarlos y utilizarlos como autodefensas? En la descomposición social, el nulo desarrollo social y el crimen organizado que domina la región, se ha cruzado un nuevo y lamentable límite.

Crisis de seguridad e intolerancia. Al margen de que los índices en violencia e inseguridad están más elevados que nunca, es simplemente increíble la respuesta que el Gobierno y sus simpatizantes han propinado a la Caravana por la Paz, encabezada por la familia LeBarón y Javier Sicilia. El Presidente y sus adeptos han de pensar que los manifestantes son unos ingratos: si apenas hasta hace unos días fue a Bavispe a amortiguar los daños de la matanza del 4 de noviembre del año pasado, a López Obrador debe resultarle muy difícil entender el reclamo por la paz y la seguridad, ante un Estado que, más que nunca, se ha mostrado incompetente e indolente. Si el argumento de no recibirlos para “salvaguardar la investidura presidencial” es irresponsable y lastimoso, además de ridículo, volver a afilar los dardos contra las víctimas de atrocidades, al calificarlos de conservadores o señalarlos de omisos frente a los gobiernos anteriores, es, de plano, inmoral y abyecto.

Crisis de salud infantil. Dentro de la lamentable entrada en vigor del Insabi en lugar del Seguro Popular, que ha detonado otra crisis más de salud pública, es particularmente grave la ausencia en el abasto y la distribución de medicamentos para infantes con cáncer. Son muy lamentables las imágenes de las protestas de los padres y los menores con padecimientos oncológicos. En respuesta, el Gobierno del doble discurso ha maltratado con una rudeza innecesaria a un segmento de la población más vulnerable.