En el día tras día (28) (Los mensajes y el uso del lenguaje)

AMLO-Peña Nieto
Por:
  • javier_solorzano_zinser

El problema de emitir mensajes optimistas enfrenta a menudo a la terca realidad. Es entendible que se busque provocar ánimo y aliento, pero para que sean efectivos tienen que ir aparejados con lo que está sucediendo.

Todo lo que rodea a la pandemia es inquietante, peligroso y nos tiene merodeando el miedo. Lo que se diga sobre su presente y futuro tiene trascendencia y resonancia entre todos nosotros por la gran afectación colectiva.

Cualquier pronóstico que se haga produce reacciones e interpretaciones. En un gran número de casos todo termina por ser visto como quisiéramos verlo más que como es o podría ser.

A esto se suma que en medio de la pandemia nos han aparecido especialistas de ocasión. Las redes están llenas de todo tipo de información, la cual no necesariamente está comprobada. Por momentos parece que todos tenemos nuestras teorías sobre el virus, las que incluyen dudas sobre su existencia.

Nos la hemos pasado en medio de todo tipo de vaivenes desde el inicio. Lo que termina por hacernos poner los pies en la tierra es la terca realidad por más que se echen a andar todo tipo de interpretaciones, al final cada quien hace las cosas a su manera, independientemente de lo que se nos diga.

Por ello los mensajes tienen que ser profundamente cuidadosos para evitar libres interpretaciones y, sobre todo, mostrar plena claridad en objetivos e indicaciones.

Una cosa, por ejemplo, es poner a consideración fechas tentativas para el regreso y otra muy distinta es definirlas bajo una serie de precisiones, las cuales le permitan a la sociedad entender los diferentes caminos que hay que cruzar en el corto y mediano plazo.

Son entendibles, en este sentido, algunos mensajes del Presidente cuando habla de que se está “amansando” la crisis o que ya se ve “la luz al final del túnel”. El problema que enfrentan estas expresiones es que no hay indicios claros de que esto esté sucediendo, más bien lo que se alcanza a vislumbrar son la gran cantidad de problemas que se están enfrentando y a los cuales no se les ve salida de corto y mediano plazo, no se trata, ni por asomo, de jugarle al pesimismo lo que sucede es que por momentos hemos pasado por suposiciones que no están aparejadas con la realidad; igual sucedió cuando el Presidente lanzó la idea de que podríamos regresar a las calles el 10 de mayo.

La fuerza y trascendencia de las palabras presidenciales tienen una repercusión, dimensión e interpretación profundamente potentes y fuertes. No sólo es eso, cuando los muchos seguidores de López Obrador lo ven con una actitud hasta cierto punto ligera ante la pandemia, los ciudadanos interpretan que “su Presidente” es el parámetro para sus propias acciones.

Está muy claro que ante el coronavirus nos movemos en una suerte de sólo por hoy, si bien se pueden predecir algunos escenarios, es evidente que todo va definiéndose en el aquí y ahora. El siguiente reto será conocer si efectivamente el 6 de mayo llegamos al punto climático de contagio. Se deben diseñar escenarios de toda índole, pero en lo que hay que tener profundo cuidado es en el tipo de mensajes que se le deben dar a los ciudadanos.

No hay día en que, derivado de lo que está pasando, se tenga que recular respecto a lo que se dijo en días anteriores. La terca realidad nos está mostrando que estamos lejos de la luz al final del túnel, que no se está amansando al virus, que sigue sin achatarse la curva y que lo del 10 de mayo era sólo un buen deseo.

En la etapa en que estamos entrando los mensajes y el uso del lenguaje son claves. El cuidado en ello va a evitar interpretaciones, las cuales en este momento son, desde donde se vea, riesgosas y peligrosas.

RESQUICIOS.

El afamado vocero le dio tiempo a la propuesta del Presidente sobre el presupuesto. Lo que era un hecho es que no habían podido conseguir los votos para llevarla al extraordinario; nos vemos en dos semanas.