Respuestas (no) proporcionales

VIÑETAS LATINOAMERICANAS

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En la novela Desierto sonoro (2019), Valeria Luiselli inserta una nota brillante sobre los eufemismos en el lenguaje político. Dice la escritora que eufemismos como “peculiar institución” (esclavitud), “reservas” (comunidades originarias) o “indocumentados” (inmigrantes indeseados) son expresiones que “esconden, borran, recubren, conducen a tolerar lo inaceptable, y, tarde o temprano, a olvidar”.

En el peligroso conflicto entre Estados Unidos e Irán se ha acuñado otro eufemismo: “respuesta proporcional”. Los dos rivales lo usan: Teherán y Washington, Donald Trump y Alí Jamenei. Trump ha intentado convencer al mundo, sin pruebas, de que el general Qasem Soleimani estaba listo para agredir sus embajadas en Medio Oriente. Cuando se quedó sin argumentos, frente a sus críticos, recurrió a semblanzas negativas sobre el autoritarismo y el expansionismo del general que, no por ciertas, son insuficientes para justificar la ejecución.

Irán reaccionó lanzando un ataque a bases militares de Estados Unidos en Irak, en el que, por lo visto, sólo hubo daños materiales. Entonces Trump hizo suya la expresión de “respuesta proporcional”, utilizada por el régimen iraní. Le parecía proporcionado que la muerte de un general iraní fuera vengada con el bombardeo de instalaciones estadounidenses, sin costo humano. “So far so good”, tuiteó el presidente, como los hooligans después de una trifulca callejera.

Era evidente, desde un inicio, que la reacción de Irán no se limitaría a aquel lanzamiento de misiles. Vendrían otras acciones, como se ha podido confirmar en la última semana. ¿Fue también parte de la respuesta el “accidente” del Boeing ucraniano, que explotó con 176 tripulantes civiles a bordo? Tal vez nunca lo sepamos, pero la información que ha dado hasta ahora el gobierno iraní ha sido ostensiblemente contradictoria.

Luego de varios días negándolo, Teherán reconoció su responsabilidad, pero atribuyó el ataque a un accidente. Las versiones del “error” que dieron funcionarios y generales se volvieron rápidamente disonantes. Unos decían que se había confundido al avión ucraniano con un misil; otros, que la finalidad no había sido disparar directamente al objetivo —lo que hace suponer que sabían que era un avión civil— sino cerca, para disuadir al piloto de que cambiara la ruta; y otros más, que la tripulación ucraniana no respondió avisos de la torre de control, cuando, según las cajas negras de la nave, siempre hubo comunicación entre el piloto y el aeropuerto iraní.

De alguna perversa manera estaríamos en presencia de un conflicto internacional en el que el presidente de Estados Unidos considera “proporcionado” ejecutar a un general extranjero porque cree que va a atacarlo, mientras el gobierno iraní vería como “proporcional” asesinar 176 civiles para vengar la muerte de su héroe. Vladimir Putin, por cierto, felicitó al gobierno iraní por su “valentía” al admitir el “accidente”.

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.

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