Miércoles 21.10.2020 - 13:41

Juicio político en contra de Donald Trump

Tan novedoso como antiguo
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Ayer, los senadores tendrían que haber establecido las reglas del juicio político en contra de Donald Trump. La sesión se alargó durante horas pues el líder de los republicanos —Mitch McConnell—, como el de los demócratas —Chuck Schumacher— se atrincheraron en sus posiciones.

La propuesta de los republicanos era, francamente, inaceptable. Con un franco desprecio por la seguridad electoral de su país, buscaron establecer lineamientos para aparentar un juicio, no para esclarecer los hechos. Entre los puntos más polémicos estaban: el tiempo fijado para los alegatos iniciales de 24 horas en dos días; la admisibilidad de las pruebas no es automática sino que su consideración se sometería a votación; no admiten que se cite a declarar a los testigos.

Así, las reglas originalmente propuestas son contrarias a cualquier intuición mínima de justicia; Schumacher se refirió a ellas como una “desgracia nacional”. Tiene razón. La propuesta republicana busca un juicio rápido, en lo oscurito, con pruebas seleccionadas y sin testigos.

Durante la sesión, los demócratas lograron ampliar el periodo de alegatos iniciales de dos a tres días. Los republicanos, por su parte, desecharon la posibilidad de solicitar documentos a la Casa Blanca, al Departamento de Estado y a la Oficina de Prespuesto.

Más allá de esta discusión, la noticia de los últimos días son las declaraciones de Lev Parnas, que muestran que, en efecto, Rudolph Giulianni operaba para Donald Trump en Ucrania con el fin de dañar a Joe Biden. Parnas ha mostrado correos electrónicos y mensajes de texto que respaldan sus aseveraciones y que dejan muy mal parado al presidente, y al exasesor de Seguridad Nacional, John Bolton.

Más allá de fobias y filias políticas, la válvula que bombea el juicio político es la injerencia extranjera en las elecciones; la trama rusa quedó demostrada pero no alcanzó a llegar a la Casa Blanca. En esta ocasión, los documentos, las filtraciones y los testigos son suficientes para demostrar que Trump utilizó su poder como presidente, a cambio de pesquisas electorales en contra de su oponente a un gobierno extranjero.

La “diplomacia paralela” que ejerce Trump es un claro ejemplo de tráfico de influencias y falta de patriotismo. Ésos son motivos suficientes para destituirlo de la Casa Blanca. A pesar de esto, el partido del presidente ha decidido dar la batalla por él: en contra de la seguridad electoral, en contra de su país.

Mientras tanto, en Suiza, el presidente Trump desestimaba los argumentos de los demócratas, al tiempo que su hija ejercía funciones que no le son propias. Como diría José José: uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser. Y Trump hizo lo suyo: negar, minimizar y mentir.

Para los Trump, aún en medio de un impeachment, la ley y la ética son irrelevantes. Sus objetivos son la influencia y el poder; su patria es su cuenta bancaria y, su Dios es el dinero que -no se nos olvide- compra solamente lo barato.