CADA INICIO de año trae consigo una avalancha de predicciones tecnológicas: promesas de revolución, anuncios que aseguran cambiarlo todo y conceptos que, al menos en el discurso, parecen estar a la vuelta de la esquina. Sin embargo, 2026 se perfila como un año más matizado. En lugar de grandes saltos disruptivos, la tecnología avanzará de forma más silenciosa, integrada y pragmática, cumpliendo algunas expectativas… y dejando otras en pausa.
- EL DATO: DESDE EL 2025 diversos dispositivos móviles integran IA en distintas herramientas de ayuda para el usuario.
Si algo quedó claro en los últimos años es que la Inteligencia Artificial ya no es una promesa futura, sino una herramienta cotidiana. En 2026, la predicción más realista no es que la IA “domine el mundo”, sino que se vuelva invisible.
Se cumplirá la integración profunda de la IA en tareas diarias: asistentes más contextuales, editores de texto y video más intuitivos, mejoras automáticas en fotografía, búsquedas personalizadas y herramientas de productividad que realmente ahorran tiempo. Estará en el sistema operativo, en el navegador y en las aplicaciones, muchas veces sin que se tenga que “activarla”.

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Lo que no se cumplirá es la idea de una IA general autónoma que piense y actúe como un ser humano. En 2026, los modelos seguirán siendo potentes, pero especializados y dependientes de supervisión. Tampoco se cumplirá la predicción de un reemplazo masivo de empleos: el impacto será más gradual y se centrará en tareas, no en profesiones completas.
Otra pronóstico que sí se cumplirá es la consolidación del ecosistema de dispositivos inteligentes, especialmente en el hogar y en la salud. Veremos mejoras claras en relojes, anillos y pulseras inteligentes, con sensores más precisos para monitoreo del sueño, estrés y actividad física. La tecnología vestible se enfocará más en prevención y bienestar que en cifras espectaculares.
También avanzará el hogar inteligente, pero sin la transformación radical que muchos anticipan. La interoperabilidad mejorará, los asistentes serán más útiles y los electrodomésticos más eficientes, pero no habrá casas completamente autónomas ni sistemas capaces de anticipar todas las necesidades humanas. La experiencia será mejor, pero todavía fragmentada.
Lo que quedará pendiente será la adopción masiva de dispositivos experimentales como gafas inteligentes de uso diario o interfaces completamente gestuales. Aunque habrá avances, seguirán siendo productos de nicho o en fases tempranas.
Durante algunos años se ha pronosticado que la realidad virtual y la aumentada cambiarían la forma en que trabajamos, jugamos y socializamos.

