Un convincente renacer de Chucky

Un convincente renacer de Chucky
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Dice el adagio “nunca hagas el remake de una buena película”, y eso es precisamente el primer punto a favor de esta propuesta: no ponerse la vara tan alta, porque más allá de que el título es representativo de una época de la serie B, en realidad tiene muy pocas virtudes por superar, además de que el director, Lars Klevberg, entiende a la primera lo que a la saga original le costó tres películas —su mejor momento llegó hasta La Novia de Chucky (1998)— y lleva el absurdo de su punto de partida a los terreros del horror salpicado de ironía y comedia, apuntándose en la actual tendencia del entretenimiento de autoreferencia, que recupera el espíritu de producciones como Gremlins (1984) y Ghosbusters (1984), sirviéndose así también de la nostalgia.

A esto obedece que el protagonista provenga de un núcleo familiar fracturado y termine conformando el consabido grupo de preadolescentes que le ayudarán a solucionar el problema, así como el tipo de relaciones que establecen con los adultos —muy al estilo de Los Goonies (1985), It o más recientemente, la serie Stranger Things de Netflix—. Todo amalgamado en una trama básica y llena de convencionalismos, pero bien estructurada y sostenida por la labor de los actores, quienes muestran convicción en sus interpretaciones e incluso, las dotan de cierto encanto, como en el caso de Aubrey Plaza, quien no titubea a la hora de jugar con los límites del

estereotipo.

Por supuesto que esto tiene consecuencias, como la evidente falta de sustos que alguna vez provocó el muñeco pelirrojo —más por la idea que proyectaba, que por la ejecución en sí—, a pesar de que deambulaba entre situaciones que rayaban el ridículo y estiraban al máximo las convenciones; mira que mostrar a la víctima cargando al muñeco para llevarlo al auto, mientras éste le amenaza con un cuchillo, es algo que difícilmente podría tomarse en serio.

Esto último, por cierto, aquí es bien solucionado al recurrir a la tecnología, en lugar de la brujería como la fuente de origen, dotándole de cierta congruencia a la amenaza que este siniestro juguete representa y a los alcances que finalmente tiene, lo cual da pie a violentos asesinatos que suceden en situaciones de humor retorcido.

Mención aparte merece la participación de Mark Hamill, quien toma la estafeta dejada por Brad Dourif y pone en juego los años que lleva en el rubro, para otorgarle al célebre Chucky, una voz matizada y con identidad.

Así pues, El Muñeco Diabólico es un remake consistente y muy entretenido en su historia, que acierta al momento de mezclar géneros cinematográficos para poner al día al personaje. No obstante, el filme queda a deber a la hora de provocar un verdadero miedo; y esto es algo que muchos de los espectadores no le van a perdonar.

El Dato: Rolando de la Fuente, actor de doblaje, presta su voz al temible muñeco. Tiene 23 años en esta profesión y ha trabajado en Los Simpson, Mr. Robot y Freddy Krueger.

http://www.youtube.com/watch?v=3QkBwIb_6o0

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