Un pueblo de México que cambió su historia

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Foto: larazondemexico

Foto Especial

Tener riqueza, perderla, reivindicarse, recuperarla y más aún, multiplicarla, es el testimonio que Orizaba tiene que contar al mundo para mostrar que la decisión, unidad y trabajo constantes fueron elementos clave para cambiar la tinta con que estaba destinada a escribir su historia.

Ubicada al centro del estado de Veracruz esta ciudad cuenta con poco más de 120 mil habitantes. Su marco natural es el espectacular Pico de Orizaba, la montaña más alta de México con 5,610 metros de altura.

Tiene una diversidad de monumentos históricos como la Catedral de San Miguel Arcángel, de estilo barroco y neoclásico; la Iglesia de la Concordia, que data del siglo XVII, y el Palacio de Hierro, antiguo palacio municipal de la ciudad hecho de acero forjado y galvanizado traído pieza por pieza desde Bélgica en 1894. Además, es la cuna del extinto compositor Francisco Gabilondo Soler, creador de Cri Crí, el Grillo Cantor.

Orizaba posee un atractivo que hoy es pieza fundamental de su oferta turística, pero que no siempre fue orgullo de sus habitantes: el Río Orizaba.

Este río, de poco más de 4 kilómetros de extensión, nace en un pequeño manantial llamado Ojo de Venado ubicado al pie del Pico de Orizaba, cruza la ciudad de norte a sur por el occidente y desemboca en el Río Blanco, en donde sigue su curso para terminar en el puerto de Alvarado.

Hace poco más de 20 años, en la primera parte de mi infancia, viví con mis padres en el emblemático centro de Orizaba. Aunque son pocos, mis recuerdos de la ciudad de ese entonces no son los mejores: tráfico constante ocasionado por la intermitente llovizna —lo que le da también a la ciudad el nombre de Pluviosilla—, calles descuidadas, y un río contaminado que en su caudal arrastraba únicamente aguas negras, y un olor e imagen desagradables.

Apenas hace dos semanas regresé a Orizaba. Lo digo con orgullo. Pareciera que cambiaron la ciudad por otra.

En octubre de 2003, iniciaron las labores de rescate del Río Orizaba. Se requirió una inversión de 83 millones de pesos para la construcción de colectores marginales de drenaje sanitario, encauzamiento pluvial a base de muros de mampostería de piedra, losa de rodamiento de concreto como base del río, paseo peatonal y demás obras que permitieron el mejoramiento urbano.

Es así como nace El Paseo del Río Orizaba, una obra que comprende 26 espacios urbanos y más de 10 mil metros cuadrados de jardinería, y que va desde la Plaza del Bicentenario hasta la terminal de Autobuses Unidos.

El rescate de este río, por donde hoy corren aguas cristalinas, permitió la instalación de un zoológico público a lo largo de su ribera. Venados, llamas, monos araña, cocodrilos, avestruces y un jaguar, son algunas de las especies que conforman los más de 300 animales que dan vida a este espacio de todos. ¿Sorprendente? Lo es aún más poder ver la cría de venado, dos de mono araña y cinco de avestruz que recientemente nacieron a orillas del paseo.

Orizaba no sólo rescató un río, recuperó el propio significado de su nombre original: Ahuizapan, que en náhuatl quiere decir “Río de la alegría” o “Agua alegre”.

El río es sólo un ejemplo. Pavimentación de calles, modificación de banquetas, cambio de fachadas de negocios, colocación de cableado subterráneo, y rescate de edificios tradicionales, aunado a responsabilidad ciudadana, educación vial, y lo principal, un deseo genuino y constante por cambiar su entorno, son muestra del compromiso de sus habitantes por dignificar y mejorar su tierra.

Esta ciudad está buscando ser reconocida por el gobierno de México como Pueblo Mágico: localidad que tiene atributos simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes, cotidianidad, en fin “magia” que emana en cada una de sus manifestaciones socioculturales, y que significan una gran oportunidad para el aprovechamiento turístico.

Orizaba nació con riqueza natural, la perdió, se reivindicó, la recuperó y la multiplicó.

Todos estamos llamados a rescatar “ríos” y a recuperar “nombres”. A no criticar, sino a actuar; a no exigir soluciones, sino a dar propuestas; a no echar culpas, sino a asumir responsabilidades. Vayamos a rescatar nuestra invaluable riqueza cultural. A recuperar el rumbo de la historia de nuestro país. México lo espera y confía en ti. Confía en mí. Confía en su pueblo. El momento de cambiar es este. Es hoy.

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