El proyecto estrella de la arqueología subacuática mexicana se llama Proyecto Hoyo Negro. Es dirigido por la pionera del submarinismo antropológico Pilar Luna Erreguerena y desde hace siete años mantiene en vilo a los arqueólogos de todo el mundo.
La causa: “el esqueleto de mujer más completo y genéticamente intacto que se ha encontrado en América”. Los restos de Naia o La Joven de Hoyo Negro, como desde entonces se le conoce, estaban dentro de una cueva inundada ubicada cerca de Tulum, Quintana Roo. Eran 98 huesos que reposaban inmutables al paso del tiempo hasta que fueron recuperados en 2007 por los espeleólogos Alejandro Álvarez, Alberto Nava y Franco Attolini, del Proyecto Espeleológico Tulum (PET), dedicado al registro del valioso patrimonio subacuático de la región.
En 2014, en un artículo de la revista Science, los arqueólogos mexicanos, junto con un equipo multidisciplinario de estudiosos de EU y Canadá dieron a conocer los análisis de ADN del sorpredente hallazgo. Se supo así que Naia tiene entre 12,000 y 13,000 años de antigüedad y que su código genético estaba relacionado con las migraciones siberianas, concretamente con las de un grupo que desarrolló cambios de adaptación al nuevo medio.
Naia fue presentada como “el eslabón que faltaba para poder confirmar el vínculo que existe entre los primeros pobladores de América y los grupos indígenas contemporáneos en este continente”.
El análisis de su ADN mitocondrial confirmó su linaje asiático Beringio y el mundo supo que la joven, de entre 15 y 16 años, murió dentro de una cueva inundada después de la última glaciación que finalizó hace unos 10 mil años.
Aún faltaban otros tres años de estudios y análisis efectuados en laboratorios de México, Estados Unidos y Canadá para descubrir que la joven además medía 152 centímetros y pesaba un máximo de 50.4 kilos cuando lograba alimentarse bien, eso porque sus dientes y sus huesos largos demostraron que a menudo pasaba épocas de carencia extrema. Asimismo, su esqueleto reveló que se había roto un brazo, el cual sanó poco antes de su muerte al caer en la oquedad de 60 metros de diámetro y 55 metros de profundidad que hoy conocemos como Hoyo Negro.
Otro de los hallazgos significativos son las múltiples evidencias de que estuvo embarazada, pues el interior de su hueso púbico sugiere que pudo haber dado a luz meses antes de fallecer.
Sin embargo, el revuelo antropológico mundial se centra en que sus restos evidencian que la vida de los primeros pobladores de América, o por lo menos de algunos de estos grupos que llegaron a través del Estrecho de Bering procedentes de Siberia, no fue para nada idílica. Se pensaba que encontraron una tierra nueva y abundante, pero todo lo contrario, fue una sumamente difícil y llena de carencias.
Todo esto forma parte del informe que hoy mismo el doctor James C. Chatters, director del equipo estadounidense y autor del artículo en Science, presenta en la 82 convención anual de la Society for American Archaeology, que se realiza hasta el 2 de abril en Vancouver, Canadá.
Chatters es reconocido mundialmente por el descubrimiento e investigación del llamado Hombre de Kennewick, así que continúa emocionado, casi tanto como cuando se supo la noticia y entonces aseguró que: “Haber encontrado el esqueleto humano en tan buenas condiciones de preservación con un cráneo y una dentadura en tan buen estado permitieron un fechamiento tan preciso que se puede decir que Hoyo Negro es una verdadera cápsula del tiempo que contiene información sobre el clima, la vida humana, animal y vegetal que existían al final de la última era de hielo”.
Junto a los restos de Naia se recuperaron también un gran depósito de 26 mamíferos o fauna pleistocénica extinta, que incluye gonfoterio, tigre dientes de sable, perezoso de tierra tipo Shasta, tapir gigante, cerdo de monte, oso, puma, lince, coyote, coatí y murciélago frutero.
La arqueóloga Pilar Luna comparte igualmente su júbilo: “Este proyecto ha resultado una experiencia fuera de serie en la que un grupo de seres humanos ha unido sus conocimientos para trabajar hacia una misma meta: llevar a cabo una investigación multi y transdisciplinaria de alto nivel y gran ética en un sitio que ha guardado una inmensa riqueza cultural durante miles de años y que ahora está dispuesto a compartirla con la humanidad”.

