La artista plástica Irma Palacios fue galardonada en diciembre pasado con el Premio Nacional de Artes y Literatura en el campo de Bellas Artes, “por su impecable y continua trayectoria que, a través de su depurada técnica, ha conseguido transmitir una mirada poética y conmovedora”.
En entrevista con La Razón, la pintora reflexionó sobre el azar y el riesgo como motores importantes de su proceso creativo, además de la intuición como una guía en su tránsito hacia el arte abstracto, así como la perseverancia y la resiliencia como una constante en su trayectoria.
- El Dato: EN LA CASA Jaime Sabines, actualmente, se presenta una exposición colectiva en homenaje a Francisco Castro Leñero e Irma Palacios.
También destacó la importancia de la formación académica y de cómo el accidente y la duda se pueden convertir en aliados al momento de crear. Remarcó el papel de la observación y la emoción en su obra, que fue lo que la llevó a ser una de las artistas abstractas más importantes de nuestro país.
Sobre el Premio Nacional de Artes y Literatura, Irma Palacios se dijo sorprendida, aunque satisfecha por el reconocimiento. “En primer lugar, nunca pensé que me fueran a dar un premio tan completo, pero estoy muy contenta”, comentó.
¿Cómo inició con este proceso de pintar y cuáles fueron sus principales desafíos? Trabajé en una institución bancaria un tiempo, cuando recién salí de la escuela. Pensaba que iba a estudiar contabilidad, pero después cambié de opinión: “No, yo quiero pintar, ni modo”, y aunque mi mamá me dijo “no, Irma, los pintores se mueren de hambre”, yo estaba segura y le expliqué: “Ésta no se va a morir de hambre”.
A mí me gusta trabajar en varias cosas, experimentar más. Yo soy de Iguala, Guerrero, y cuando nos mudamos a la Ciudad de México, mi mamá me internó aquí en Tlalpan, porque era muy traviesa, como todos. Eso ha influido mucho en mi trayectoria, pues la gente que es inquieta, decía mi mamá, es incapaz en lugar de inteligente, pero yo digo que es capaz porque es inteligente.
- El Tip: IRMA PALACIOS ha presentado exposiciones individuales en museos y espacios culturales de España, Francia, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, entre otros.
¿Cómo nació su gusto por la pintura? Cuando me internaron, yo tenía un diccionario Larousse, uno que es gordo. Allí viene qué significa cada palabra e ilustraciones con buenas fotos. De ahí empecé a copiarlas. Aprendí muchísimo yo sola con esos recursos.
¿Qué tanto ha influido la literatura en sus obras? Mucho. A mí me gusta leer poesía, porque siempre he tratado de compararla con el arte abstracto, que es lo que yo empecé a hacer desde joven. Porque también es algo no muy concreto, no es como una novela, por ejemplo, que los personajes los puedes identificar a través de la lectura.
La poesía no es tan literal, es casi como el arte abstracto, aunque éste nunca ha pretendido ser poesía, sino que es algo casual, que uno mismo invente sus formas. Si ya hice una mancha, por ejemplo, a partir de esa mancha en un papel, en una tela, donde sea, a partir de eso ya me está pidiendo qué más tengo que seguir. Eso yo lo invento; eso lo inventa el mismo pintor.
- 6 décadas de trayectoria tiene la artista originaria de Iguala
¿Por qué al final se decantó por el arte abstracto? Pienso que hay más lecturas en el arte abstracto. Los espectadores no saben ni el artista sabe a veces qué está haciendo. Cuando tú no tienes la idea clara de qué vas a hacer en un lienzo, especialmente de un gran tamaño, pues provocas un accidente. Un accidente, como “ay, se me cayó la pintura por aquí”.
Así puedes empezar, de cualquier esquina o del medio hacia afuera o de afuera hacia adentro, y te va a gustar mucho eso, porque no sabes qué hacer. Esa misma cosa que no sabes qué quieres hacer en ese cuadro, eso te da mucha energía por la angustia, porque sí da angustia. Arriesgas y haces mucho, das tanto de ti; sin em-
bargo, de esa manera, verás que van a surgir de verdad cosas muy buenas.
PERSEVERANCIA COMO EJE. En las paredes de su casa, ubicada en la alcaldía Tlalpan, cuelgan varios cuadros de su esposo, Francisco Castro Leñero, obras de Francisco Toledo y un enorme óleo en tonos ocre del que dice: “Ése es mío, pero ya no me gusta”, confesó. Fiel a su búsqueda dentro del arte abstracto, la artista no desea que se identifiquen figuras en sus cuadros y que, al analizarlo ella con detenimiento, descubrió de manera involuntaria un rostro que le resultó extraño. “Yo no hice eso —al menos no conscientemente—”, dijo, por lo que planea modificar la obra con “una borradita general”.
Esa misma honestidad atraviesa su relación con la pintura. Irma Palacios definió su obra como sencilla, alejada de pretensiones o discursos excesivamente elaborados. “No tiene tantos prejuicios”, afirmó, y se describió a sí misma como una artista que cuando siente el impulso, simplemente pinta: una y otra vez, aunque reconoció que desde hace tiempo no ha vuelto al taller, al menos durante los últimos tres años.
Otro de los puntos fuertes que destacan de la artista es la resiliencia frente al rechazo. Insistir, renovarse y participar activamente en concursos es una de las formas en que destaca la fuerza creativa, como un episodio en el que, contó, se sobrepuso a un aparente “fracaso”.
“Participé hace un tiempo en Aguascalientes en un concurso de pintura, dibujo y gráfica y me rechazaron, me sentí tan mal, pero me dije: ‘El año próximo voy a participar con mucha más energía, con muchas nuevas propuestas’, y gané los tres premios. Así hay que hacer, intentar, con otros materiales, con otras ideas más renovadas”.
“Siempre les sugiero a los jóvenes que busquen una escuela profesional en serio y que también participen en todos los eventos culturales, porque hay muchos eventos para jóvenes en donde ganan premios y así es como uno se tiene que ir dando a conocer poco a poco”, comentó a La Razón.
¿Qué la sigue motivando a pintar? Que uno se siente cada vez con más confianza y de ahí empieza todo. Eso luego hay que mostrarlo. “¿Cómo me gustaría pintar este perrito, este gato, esta señora?” Y lo logras, lo haces hasta que sale esa señora, o ese objeto, lo que sea. Hay que mover las manos con barro para hacer esculturas, objetos. Eso lo vas limando, lijando, poco a poco, para que sea una obra de arte. Uno tiene que dar mucho más de lo que recibe. Mi obra es muy sencilla de entender, no tiene tantos prejuicios. Yo no soy tan “picuda”, soy una gente, más bien diría, sencilla. Cuando tengo muchas ganas de pintar, pinto y pinto y no paro, aunque tiene tiempo que no voy al taller.
¿Cuál cree que es la relevancia que han jugado las mujeres en el papel del arte? Pienso que las mujeres somos a lo mejor un poquito más observadoras y más sentimentales; la sensibilidad es muy importante y en las mujeres más. Se fija uno más en cosas, en la mirada de la gente con quien uno está hablando. Yo, por ejemplo, a veces me siento en un parque a ver pasar a la gente y la analizo, qué tan humana es la gente que pasa. Hay algunos que ni se fijan en nadie más que en ellos mismos. Uno tiene que ser un poco psicóloga también, tener cierto conocimiento, especialmente a través de los padres que uno tiene. Desde allí ya empieza uno a analizar.
¿Qué le ha atraído de pintar la naturalreza, al mar, el desierto...? El conocimiento. Soy de Guerrero y el mar no está tan lejos de Iguala. A veces íbamos al mar a ver, aunque a mí me daba miedo.
¿Qué opina acerca del estado de esos ecosistemas actualmente? Es triste ver cómo se ha deteriorado todo. Hay que rescatarlo de una manera bella, aunque sea artificial, porque nosotros no hacemos ni los árboles, ni la naturaleza, pero podemos rescatarlos y llevarlos a las exposiciones para que los jóvenes tomen interés. Todo eso hay que manifestarlo de alguna manera.
Últimamente, ¿qué ha pintado? He hecho cuadernos pequeños con acuarelas; son como si fueran apuntes. Me gusta el contraste, dejar algunos blancos, usar pinceles especiales. También hago sellos que me gustan porque ésos tú los inventas. Salen dibujos muy interesantes.
IRMA PALACIOS
Artista visual
Nació: en Iguala, Guerrero, el 14 de junio de 1943
Otros galardones: primera Bienal Rufino Tamayo de pintura en 1982, beca Guggenheim entre 1986-1987 y Medalla de Oro del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura en 2002.