El Órgano Monumental del Auditorio Nacional (OMAN) volverá a sonar en concierto el próximo 1 de marzo, luego de varios meses de mantenimiento y modernización, una labor para la que se han requerido manos y conocimientos especializados.
Detrás de ese trabajo para afinar la potencia del instrumento considerado el más grande en su tipo de Latinoamérica y el séptimo del mundo, han estado el maestro Héctor Guzmán, organista titular, así como Marco Ángel Sánchez, uno de los organeros guardianes de esa joya musical.
En entrevista con La Razón, los organistas hablan de las actualizaciones que se requirieron, así como del cuidado constante que conlleva este instrumento cuya altura se asemeja a la de un edificio de tres pisos, tiene un peso de 15 toneladas y posee casi 16 mil tubos .
- El Dato: El OMAN fue originalmente instalado en 1934 en el Palacio de las Bellas Artes, pero no tenía el espacio indicado. En 1956 fue reubicado en el Auditorio Nacional.
Ahora, el OMAN hará gala de su sonido renovado el 1 de marzo en un concierto especial con la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), la primera de muchas actuaciones que esperan programar: “Con estas mejoras tiene más flexibilidad y la meta no es sólo tocarlo para darlo a conocer, sino usarlo lo más posible, como preludio en una actuación de ballet como El Cascanueces o El Lago de los Cisnes, en un coro o una orquesta, inclusive en un concierto de rock”, comentó Héctor Guzmán, titular del órgano desde 2024, tras la muerte de Víctor Urbán, quien fue guardián del aparato por más de dos décadas.
¿Cuáles fueron las actualizaciones que se le dio?
Fueron varias mejoras. Funciona perfectamente, pero hay actualizaciones que harán que su funcionamiento sea mejor. Se instaló el nuevo sistema Opus 2, que permite que las 10 combinaciones de registros que tiene se conviertan en mil. La amalgama de combinaciones de sonidos es infinita. Es una cosa maravillosa. Hicimos también nuevo cableado, casi cinco kilómetros de cables nuevos. Quitarlos fue un dilema, pero volverlos a poner y luego conectarlos a la consola llevó meses. Lo que todo esto hace es que, cuando uno toca una nota, suene casi de inmediato; antes había un poquito de retraso, ahora el sonido se vuelve más efectivo.
¿Cuándo fue la última vez que se tocó en concierto?
En el homenaje al maestro Víctor Urbán, en agosto de 2024. Después se me nombró organista titular y, en lugar de tocarlo como estaba, la directiva y un servidor decidimos que necesitaba ser actualizado, ponerlo en el estándar internacional. Por eso, casi todo 2025, se contrató a dos tremendos técnicos: el maestro Robert Knight y Marco Ángel Sánchez, quienes nos ayudaron a poner toda esa actualización dentro de la consola y en todo el sistema de tubos.
¿Requiere un mantenimiento especial constantemente?
Totalmente. Un órgano así no se puede dejar de usar. Si no se usa, si no se mantiene, se atrofia, se desafina. Hay que tenerlo en mantenimiento.

¿Y quiénes pueden hacerlo?
Estas dos personas que mencioné. Ellos se van a quedar. El maestro Marco Ángel Sánchez será el organero de planta del Auditorio, pero es posible que tengamos inclusive uno o dos más de planta y nuestro consultor principal, el maestro Robert Knight, porque es un experto en órganos de gran tamaño y es él quien ha hecho posible todas estas actualizaciones.
Por su parte, el organero del OMAN, Marco Ángel Sánchez, añadió que un área que requiere cuidados constantes es la de los tubos, ya que, al estar expuestos en un recinto con tanta actividad, suelen acumular polvo. “Se da un cuidado especial a cada uno de los tubos. Tiene unos 15, 800, así que es un trabajo monumental”, dice en entrevista.
Eres organista, pero también te has especializado en la parte técnica?
Sí, soy organista y organero.
¿Cuál es la diferencia?
El organista es el ejecutante musical, el que se sienta en la consola y toca las teclas de forma artística. El organero es el que se especializa en entender el funcionamiento de los instrumentos, de mantenerlo en buenas condiciones y también construye nuevos instrumentos.
¿Cómo se prepara un organero en México? ¿Hay una tradición?
Es una tradición muy limitada porque no existe algo como una escuela de organería. Normalmente, los organeros nos preparamos trabajando dentro de los talleres de otras personas que tienen esa experiencia. Yo, al ser organista, siempre he estado ligado con organeros y así es como he aprendido, con la práctica, en talleres de organeros.
¿Y qué te llevó a ser organero?
Primero fui organista y tenía ese hambre de conocer esta especialidad del órgano hasta sus últimas consecuencias, no quería sólo quedarme en la ejecución musical, sino ir más allá, ver cómo funcionaba, cómo se podía construir otro instrumento, cómo se podía mantener, de qué forma se podía modificar para encontrar mejores resultados fónicos.


