Día del tintorero de caracol púrpura

Llaman a preservar técnica ancestral de teñido en tejidos

› EN OAXACA, el 28 de enero de cada año se celebrará a estos artesanos del color; Mauro Habacuc Avendaño es uno de los 14 que sobreviven en la comunidad Pinotepa de Don Luis

MAURO HABACUC mostrando su trabajo de teñido con caracol púrpura. Foto: Cortesía Pinotepa de Don Luis

Por primera vez se conmemorará este 28 de enero el “Día de la y el Tintorero de la Técnica Ancestral de Teñido con Caracol Púrpura”, una declaratoria aprobada por el Congreso de Oaxaca en reconocimiento a los artesanos tintoreros de Pinotepa de Don Luis, quienes se han convertido en los guardianes de un pequeño molusco cuya tinta embellece valiosos tejidos.

En entrevista con La Razón, Mauro Habacuc Avendaño, uno de los 14 tintoreros que sobreviven en ese pueblo mixteco, celebra la declaratoria, pero también señala los desafíos para la conservación de esa especie de caracol, ya que en Huatulco se ha vuelto de moda servirlo en cocteles a turistas.

Tintorero desde los 15 años, este hombre de 85 años ha sido también uno de los mayores defensores de esa especie que habita entre las rocas del mar de las playas de Huatulco, Oaxaca.

En las últimas décadas, advierte, ha sido cada vez más difícil hallarla. Esa merma se precipitó cuando en 1980 una empresa japonesa hizo uso indiscriminado del caracol para teñir kimonos; en los últimos años, el mayor problema es el turismo.

  • EL DATO: PARA “ordeñar el caracol”, viajan 6 horas a las playas de Huatulco. Deben hallar al menos unos 300 caracoles para teñir 250 g de hilo.

¿Qué significa para usted este reconocimiento?

Es un orgullo, porque pocos han volteado a ver esta lucha que hemos hecho por conservar la cultura que nos dejaron los antepasados. Pinotepa de Don Luis es el único pueblo mexicano que la tiene y, aunque aquí casi no lo valoran, mucha gente de fuera nos busca para saber sobre la pintura del caracol. El reconocimiento que yo he tenido es fuera de aquí y eso hace que siga luchando porque siempre tenemos problemas, primero fueron los japoneses, ahora tenemos a la gente en Huatulco que se lo están comiendo, se lo están acabando.

¿Cómo ve el futuro de la preservación del caracol? ¿Qué le diría a su comunidad al respecto?

Que deben conservarlo porque no sabemos quién lo descubrió, y es una especie que en otras partes se ha perdido. Debemos sentirnos orgullosos que todavía lo tenemos y hay que defenderlo, aunque no vivamos sólo de eso. Somos campesinos y este trabajo es para mantener una tradición milenaria; son seis meses de trabajo, a veces nos toca ir una vez al año a pintar un poquito de hilo para seguir haciendo las prendas que hacen nuestra familias porque nosotros hombres no somos tejedores, únicamente las mujeres tejen, ellas trabajan con el hilo que nosotros pintamos.

SOMOS campesinos y este trabajo es para mantener una tradición milenaria; son seis meses de trabajo, a veces nos toca ir una vez al año a pintar un poquito de hilo para seguir haciendo las prendas
MAURO HABACUC AVENDAÑO maestro tintorero de caracol púrpura

¿Es un trabajo arriesgado?

Sí, arriesgado, pero ya conozco mucho de esto y no me voy a meter en lugares muy peligrosos porque se sube uno en la piedra a la orilla del mar; uno baja y sube, pero no me arriesgo.

Lleva una vida haciéndolo, ¿cómo comenzó a ordeñar el caracol? ¿Cuáles son sus primeros recuerdos?

Yo veía que mi tío y los señores de aquí, de Pinotepa de Don Luis, se iban a pintar el hilo a Huatulco. Decidí que quería ir y le dije a mi tío. Eso fue en 1956, tenía 15 años, me fui con ellos y mi tío me dijo: “¿pero si vas a aguantar caminar 8 días para llegar a Puerto Ángel?”. Yo le dije: “Sí, lo intento, quiero ir con ustedes”. Ahí aprendí este trabajo, y lo sigo haciendo todavía.

¿Qué acciones realizan ustedes y loas autoridades para protegerlo?

El monitoreo es un requisito para que las autoridades nos den permiso y nos extiendan una credencial para seguir pintando el hilo. Sabemos cómo despegarlo, cómo cuidarlo. Terminando de ordeñar lo regresamos a su lugar, que debe ser en la sombra, para que no le dé el sol porque dilata un poquito para volver a pegarse en la piedra. Dicen que puede afectarle la contaminación del agua, pero no, sólo el ser humano es su enemigo.