DISTINTAS MIRADAS artísticas convergen desde ayer en varios puntos de la Ciudad de México con motivo de la Semana del Arte 2026. Una de las paradas obligadas es Salón ACME, que desde hace 13 años ocupa el edificio histórico de General Prim 30, Cuauhtémoc como una plataforma clave para tomarle el pulso al arte emergente. En esta edición, las obras allí reunidas dan cuenta de distintas preocupaciones contemporáneas como la defensa del territorio, la economía del trabajo, así como exploraciones en torno a la identidad y el cuerpo.
Una de las piezas que atrae la mirada del público sobre el patio del edificio es la monumental instalación del artista Enrique López Llamas. Su obra I Am the Resurrection and I am the Life es un conjunto de 28 figuras flotantes que dan forma a un cuerpo humano, un rompecabezas de referencias culturales y sociales para pensar sobre el cuerpo y la identidad.
“No somos una sola cosa, somos instrumentos atravesados por sentires, por historias, narrativas, ficciones, traumas, referencias culturales y sociales”, comentó el artista al presentar esta pieza que juega con la historia del arte, la cultura pop y sus propias vivencias.

Exploran la reciprocidad como acto de memoria y resistencia
Cuelgan del techo la galletita Jengi de Shrek, lápices doblados, la cabeza de un cocodrilo, los pies de Cristo crucificado, perros de cacería salidos de la pintura flamenca; el logo de la campaña “Vive sin drogas” que marcó a una generación y distintas piezas que aluden a puntos de quiebre en la vida de este artista originario de Aguascalientes. “Es una pieza que habla sobre la resurrección, que la estoy entendiendo como una transformación”, comentó.

En torno a esta llamativa instalación concurren, en las distintas salas del inmueble, propuestas de los 224 artistas participantes en esta edición. Cobran especial atención las obras que, en una época de transformación digital y automatización de distintos aspectos de la vida, recurren a materiales naturales, como fibras y textiles, para plasmar sus ideas. “Creo que después de mucho arte conceptual ahora hay la necesidad de pensar también con las manos, porque el textil finalmente es un material que todos los días tocamos y usamos” , comentó a La Razón Nina Fiocco, curadora de la sección dedicada a Puebla, el estado invitado en esta edición.
La también artista y curadora italiana comparte esta reflexión sobre el auge del arte textil al describir algunas de las piezas que integran la exposición Huellas, voces y otras pistas, que reúne el trabajo de 15 artistas viviendo y trabajando en Puebla. Tan sólo en esta muestra hay varios ejemplos, como los trabajos de Sofía Abraham (La mezclilla como relato) y Blanca Edna Alonso (Anotaciones sobre el derrumbe textil. Un relato doméstico), que se aproxima a la historia de las empresas textileras en ese estado.
“Tienen una historia muy grande con esta industria que ha tenido un impacto sobre la cultura, la producción, la economía, la ecología”, dijo la curadora. Otros artistas retoman la tradición del textil artesanal como soporte para sus obras. Es el caso de Santo Miguelito Pérez o Sihuame Tlatsahuane que sustituyen el óleo y pinceles por lienzos de lana hechos en telares tradicionales.
Esa tendencia por el arte textil también se pueden encontrar en otras secciones, como las obras de Vanessa Valero, quien plasma figuras abstractas del imaginario andino sobre tapetes y tapices; o las coloridas polillas nocturnas que Jaime Ruiz Otis plasma sobre afelpados de lana.

