Pedro Friedeberg fue un artista completo, entregó obras en las que siempre hubo una obsesión por la geometría infinita y por el color. En su quehacer cupo lo lúdico, la ironía, el humor, lo barroco, lo antiguo y lo fantástico. Creó alrededor de él todo un personaje que traspasó las fronteras del arte. Se mostró siempre irreverente, irónico y más de una vez provocó sorpresa, risa o enojo con sus controversiales declaraciones.
La mañana de ayer falleció a los 90 años de edad en San Miguel de Allende, Guanajuato. “Murió rodeado de su familia, con mucho amor y en paz... Su obra y su espíritu creativo dejan un legado inmenso”, dio a conocer su familia en un comunicado en el que no se dieron detalles de las causas del deceso.

- El Tip: El artista ilustró las portadas de las reediciones de los libros de José Agustín que publicó Penguin Random House.
Pedro Friedeberg, artista, diseñador y arquitecto de origen italiano, detestó los homenajes, los cocteles y las entrevistas, pero a lo largo de décadas construyó todo un personaje que siempre atraía y sin el cual no se entendería su arte y cómo trascendió fuera de los circuitos convencionales.
“Pedro Friedeberg construyó un personaje que excedía las propias obras, por la forma en la que se vestía, la manera en la que aparecía públicamente, las fotografías que le tomaban. Mezcló el arte y la vida.

“Siempre se burló mucho de quienes se tomaban muy en serio el arte; obviamente, también se lo tomaba muy en serio, pero supo darle una perspectiva un tanto burlona”, destacó en entrevista con La Razón Raúl Rueda, quien fue asistente de curaduría en la muestra La nefasta influencia, aún. Cartas, de Pedro Friedeberg a Mathias Goeritz, en el Museo Cabañas.
Pedro Friedeberg estudió arquitectura, pero decidió dedicarse al arte alentado por Mathias Goeritz, quien fue su amigo; lo llegó a considerar un padre.
Comenzó su carrera en 1959 con su primera exposición individual en la Galería Diana en la Ciudad de México, apoyado por Remedios Varo y Mathias Goeritz.

Su espíritu rebelde se reflejó con el grupo de Los Hartos, que dirigió Mathias Goeritz y en el que participaron José Luis Cuevas, Chucho Reyes y Alice Rahon, entre otros. A inicios de los años 60 se manifestaron en contra de la pretensión de la grandeza del arte moderno.
A finales de esa década se unió a los artistas que rechazaron a la Escuela Mexicana de Pintura, movimiento conocido como La Ruptura, del que también formaron parte José Luis Cuevas, Manuel Felguérez y Vicente Rojo, por mencionar algunos.

“Fue totalmente único. Desde pequeño fue un personaje excéntrico, individualista, con una preocupación muy particular y una tendencia y obsesión por la geometría, llevándola a unas perspectivas realmente casi imposibles”, dijo a este diario el arquitecto Felipe Leal, presidente del Seminario de Cultura Mexicana, institución que en 2024 le dedicó la muestra Obra estampa. Los originales múltiples de Pedro Friedeberg.
Felipe Leal también reconoció la manera en la que el artista creó “mundos realmente mágicos y fantásticos”.
“Desarrolló su oficio como pocos, porque era realmente casi obsesiva su dinámica por la profundización de la geometría, una serie de planos infinitos”, añadió.

Aunque constantemente se ha referido a su arte como surrealista, Pedro Friedeberg ha rechazado quedar encasillado así y ha dicho que su arte es “neokitsch”. Además, comentaba: “No soy surrealista ni el primero ni el último de nada”.
Su obra es vasta, abarca la pintura, la escultura, el diseño, el grabado y hasta la escritura. Una de sus piezas más conocidas es Mano-Silla. “Él mismo decía que odiaba esa obra, pero hay en ésta un sentido del humor onírico y sarcástico, genial. Cuando se le preguntaba qué opinaba sobre esa silla, decía que era su peor obra, la odiaba porque se había masificado de tal forma”, compartió el arquitecto Felipe Leal.
De la obra Mano-Silla tuvo que reproducir “17 mil copias” y estaba hasta la “coronilla” de hacerlo, como comentó en el documental Pedro (2022), de Liora Spilk Bialostozky. Si bien la odiaba, lo acercó incluso a otros espacios fuera del mundo del arte.

“Su Silla-Mano ha excedido al propio artista. Se venden esas sillas y, tal vez, quien las hace ni siquiera sabe que hay un artista detrás de ese diseño. Vemos sus obras, no sólo en el mercado más cerrado del arte; es como una especie de marca de los mexicanos. Hasta en tiendas de recuerdos he visto algunos objetos que hacen referencia a la producción visual de Pedro Friedeberg”, comentó Raúl Rueda.
En las pinturas del artista nacionalizado mexicano están presentes el misticismo, la iconografía religiosa, los elementos arquitectónicos y el cruce entre diversas épocas traídas a la contemporaneidad.
“Sus obras tienen un contenido abundante de referencias de culturas legendarias. Cultivaba muchísimo ese amor por culturas muy primigenias que rescataba; las integraba y fusionaba con el arte contemporáneo”, compartió Felipe Leal.
Además del legado artístico que deja, Pedro Friedeberg también supo cambiar el mercado del arte, pues sus obras se comercializan en ferias de arte, galerías y subastas. Está en todos los circuitos.
“También fue propositivo en la forma en la que comenzó a vender su obra. El arte, como sabemos, siempre cuida mucho la reproducibilidad, pero Pedro Friedeberg buscó cómo ir más allá de eso”, explicó el curador Raúl Castro.
Otra faceta importante del artista fue la escritura con el libro De vacaciones por la vida, en el que comparte anécdotas de personajes excéntricos, retrata la Ciudad de México de los años 50 y cuenta cómo se relacionó con artistas de la época, como Remedios Varo, Leonora Carrington, Luis Barragán y Mathias Goeritz.
Lo publicó en Trilce Ediciones, donde aparecieron La casa irracional (2018) y Pedro Friedeberg (2023).
“Para quienes tuvimos la fortuna de conocerlo y trabajar con él, Friedeberg fue mucho más que un artista extraordinario: fue un conversador brillante, un espíritu lúcido y un amigo entrañable”, destacó ayer la editorial en un comunicado.
Asimismo, anunció que “trabaja en la publicación de Quimeras del arte correo, un volumen que reúne cerca de 500 cartas, postales y sobres enviados por el artista durante más de siete décadas”.
Por su parte, el Seminario de Cultura Mexicana dará a conocer la obra que el artista le donó recientemente.
“Él donó al seminario generosamente una de sus obras sobre el cosmos, están una serie de astrónomos, unos telescopios viendo el cosmos. Haremos alguna divulgación en su honor”, adelantó Felipe Leal.
UNA PERSONALIDAD ÚNICA. Pedro Friedeberg era histriónico y siempre recurría al sarcasmo, por ejemplo, en 2019, cuando inauguró la exposición Fifípolis, en la galería MAIA Contemporary, ironizó sobre el concepto de “fifí”.
En aquella ocasión dejó una estampa de su personalidad al declarar: “Todo mundo tiene ya una opinión sobre todo, es una enfermedad de la estupidez; todos saben todo… ¡Hasta los gansos!”, decía.
Con esa forma de expresarse también lo recordó el arquitecto Felipe Leal: “En sus declaraciones era siempre polémico, histrión. Le gustaba llamar la atención y ser disruptivo. Era encontrarse con la respuesta menos esperada y que te llevaba en muchas ocasiones a la sonrisa, porque tenía un sarcasmo y un sentido de humor fantástico que también está en su obra, que tiene este carácter lúdico irónico”.
En aquel 2019, en el que posó alegre ante las cámaras, Pedro Friedeberg se definió como un ser “genial y brillante; me han dicho que soy el segundo Salvador Dalí”.
Y compartió cómo sería su ciudad ideal: “Estaría basada en los cánones académicos de Platón, Vitruvio y los clásicos”.
Así era el artista Pedro Friedeberg, irreverente, sarcástico, pero también un hombre que imaginaba esos mundos fantásticos que deja como legado.
Historia de las Cartas que le envió a Mathias Goeritz
DURANTE 30 AÑOS, el artista Pedro Friedeberg le envió cartas a su amigo y mentor Mathias Goeritz, correspondencia que refleja el sentido del humor de ambos, sus inquietudes artísticas, sus viajes y los coleccionistas con los que se relacionaron. Un archivo que todavía tiene mucho por revelar.
“Pedro Friedeberg, como Mathias Goeritz, tenían un gran humor. Las cartas estaban llenas de comentarios sarcásticos y divertidos sobre el mundo del arte en México”, compartió en entrevista con La Razón Raúl Rueda, quien fue curador asistente de la exposición La nefasta influencia, aún. Adiós a Pedro Friedeberg, surrealista irreverente de la geometría infinita en el Museo Cabañas, que exhibió 30 de las 70 misivas del artista.
Destacó que dicha correspondencia podría considerarse una obra en sí misma, ya que Pedro Friedeberg solía hacer dibujos o pegar recortes.
“Todas las cartas que enviaba, no sólo a Mathias Goeritz, siempre iban acompañadas de dibujos, notas, recortes. Eran dibujos con mucha dedicación. Parecían una obra de arte”, dijo.
En esa correspondencia solían escribir con la letra H antes de cada vocal, en alusión al grupo Los Hartos.
“Era como una especie de broma que tenían y que se quedó para toda su relación. Siempre que escribían palabras que iniciaban con vocal, les agregaban una H. Friedeberg regularmente se burlaba mucho de Goeritz, y cada que veía una escultura geométrica como las que solía hacer, le decía: ‘Hasta acá ha llegado tu nefasta influencia’”, contó el curador.
En esas misivas no sólo se mofaban de ellos, sino también de muchas otras personas que eran relevantes en aquel momento. “Había unos comentarios en torno a Rufino Tamayo, José Luis Cuevas, todos estos actores del arte mexicano relevantes”, detalló.
Raúl Rueda compartió que Pedro Friedeberg pudo visitar la exposición que mostró algunas de esas cartas e incluso dijo no acordarse de todo lo que escribió.
El artista le compartió al curador cómo inició su relación con Goeritz, aspecto que no se reflejaba en las cartas. “Se conmovió mucho. Me platicó que Goeritz fue quien lo alentó a que se dedicara al arte”, compartió.
Pedro Friedeberg le contó que Goeritz fue un maestro muy distinto al resto. “Tenían que salir a la calle y encontrar objetos, crear algo a partir de un objeto. Les proponía algunos ejercicios visuales que los hicieran salir de sus propios límites”, contó sobre aquel entrañable encuentro.

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