El cerro de Cuchumá, milenaria zona arqueológica y centro ceremonial sagrado ubicado en la frontera de México y Estados Unidos, ha sido dinamitado como parte de las obras de construcción del muro fronterizo del presidente Donald Trump, a pesar de tener el reconocimiento en nuestra nación de Patrimonio Inmaterial y de estar protegido por la Ley Nacional para la Conservación Histórica del país vecino. Pobladores han denunciado daños ocasionados por estas labores y han llamado a una reunión el próximo 12 de abril en las faldas de la montaña.
“Están demoliendo piedras de parte del cerro para construir el muro. Están destruyendo todo lo que hay a su paso. Destruyeron una piedra que parece hongo”, compartió en entrevista con La Razón Isaul Adams Cuero, integrante de la comunidad kumiai, pueblo indígena milenario del grupo yumano, con más de 10 mil años de presencia en el noroeste de Baja California, México, y el sur de California, en Estados Unidos.
- 71 elementos rituales, funerarios y simbólicos se han registrado
Por su parte, el antropólogo Everardo Garduño, quien escribió el prólogo del libro Cuchumá: La montaña sagrada de Tecate, aseguró a este diario que las afectaciones son incalculables. “Están tratando de elevar y hacer más sólida la valla del muro que separa a México de Estados Unidos. Están necesitando dinamitar las fronteras del Cuchumá para instalar los pilotes que van a sostenerla. Esto altera no solamente la dimensión simbólica que tiene la montaña, sino también la cuestión ambiental, los vestigios arqueológicos y geológicos que han destruido con la dinamita que están utilizando”, advirtió.
Ésta no es la primera vez que se altera el importante centro ceremonial, cuyo 70 por ciento está en México y el resto en Estados Unidos. Es la tercera destrucción que ha enfrentado, de acuerdo con el también sociólogo.

“El cerro ha sido alterado en distintos momentos. México instaló una antena de microondas en la parte de arriba de la montaña sin una consideración de la relevancia simbólica e histórica del sitio. Ésa fue una primera agresión. La segunda es cuando instalan la valla metálica que separa la frontera entre México y Estados Unidos y que pasa por arriba del Cuchumá y lo separa. Lo que he escrito es que es una especie de metáfora de la escisión que sufrieron el territorio, los pueblos y la cultura kumiai. Al ser dividida en dos, se quedan separados”, alertó Everardo Garduño.
El cerro de Cuchumá tiene un importante valor cultural e histórico, pues los antiguos kumiai lo destinaron a los ritos de iniciación de los jóvenes hechiceros, por lo que se considera un lugar sagrado; es el sitio donde investigadores han hallado “un sinnúmero de signos que indican su habitación temprana durante los periodos arcaico y prehistórico tardío”; además de ser el espacio donde se llevan a cabo diversas prácticas rituales, ya que era el hogar de un chamán capaz de curar hasta quemaduras de tercer grado, destacó Everardo Garduño en el prólogo de Cuchumá: La montaña sagrada de Tecate.
El sitio arqueológico también ha sido parte del imaginario de los artistas radicados en Baja California, como el caso de Tonalli Magaña-Guzmán, quien compartió a este diario que en 2007 lanzó un disco dedicado a este lugar, también escribió el cuento Galopa Cuchumá y recientemente creó piezas orquestales dedicadas a la montaña, por lo que las afectaciones recientes lo llenan de impotencia.
Para preservar este patrimonio, el próximo domingo los kumiai “vamos a hacer presencia, que se sepa estamos ahí”, expresó Isaul Adams Cuero.


