Un recorrido por tres mil años de historia en México muestra las diferencias entre el barro y la cerámica y entre lo popular y contemporáneo, al reunir 670 piezas de 190 ceramistas, talleres y estudios de diseño en el Palacio de Iturbide, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde los asistentes podrán observar desde el mundo precolombino hasta grandes propuestas que son recientes y que dan cuenta de la evolución de este legado artístico que aún sigue vivo.
“Ésta es la primera vez en que se reú-nen todas las exposiciones desde que empezó la cerámica en México hasta el día de hoy”, compartió Juan Rafael Coronel Rivera, quien junto con Ana Elena Mallet se encargó de la curaduría de la exposición Barro y Cerámica en México. Poéticas de lo utilitario, que abre hoy y estará hasta el 13 de septiembre.
La muestra también es la “primera vez que revisa el barro y la cerámica desde el punto de vista del diseño del utilitario. Dejamos fuera a los escultores en cerámica, porque mucha de esta gente nunca ha estado en un museo, como Hugo Velázquez o Aurora Suárez. Su trabajo no se ha revisado exhaustivamente y queríamos hablar desde el diseño, desde el utilitario”, comentó Ana Elena Mallet, al término del recorrido por la exhibición.

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La muestra propone al público una especie de laberinto en el que recorre la historia de la cerámica y el barro, de principio a fin, de una manera en que pueda ir viendo los cruces estéticos que hay entre lo precolombino, lo creado en los siglos XIX, XX y lo más actual. Se destaca, por ejemplo, el impacto de la Nao de China en la transformación de los gustos locales, pues la llegada de porcelanas orientales no sólo cambió las mesas virreinales, sino que tuvo un impacto creativo en los talleres novohispanos; pero también es posible ver la herencia africana. “Se exponen las obras desde una perspectiva cultural y artística, como si fueran una derivación de la escultura”, puntualizó Juan Rafael Coronel Rivera.
Resaltan los platos que se crearon en el taller de cerámica que Miguel Hidalgo y Costilla impulsó en comunidades indígenas; pero también los jarrones pulqueros purépechas, de Guanajuato, Estado de México o Puebla con motivos prehispánicos o en los que está representado el padre de la Independencia del país o cosmovisiones de los pueblos originarios.
La exhibición también da cuenta de las transformaciones que ha habido en cuanto a técnicas, uso de materiales y concepciones estéticas, como la utilización de la baja o alta temperatura. Conforme se avanza en el recorrido, el público es testigo de cómo se trabajaba de manera artesanal, por ejemplo un frutero de 1940 pintado a mano; o la manufacturación de piezas con la aparición de fábricas, como Anfora, que durante 105 años ha puesto sus piezas en las mesas. Además de los riesgos creativos que toman los nuevos ceramistas, con propuestas que alteran las formas u ocupan este soporte para dialogar con el dibujo.
Incluso, de manera indirecta se pueden conocer los cambios que ha habido, relacionados con la violencia en el país. “Hay muchas de estas piezas que están aquí, que de cara a la situación de inseguridad que se está viviendo, ya no se hacen, ya no existen. En la sierra de Guerrero es imposible entrar. La última vez que estuve ahí me dijeron, ya no se hace porque no hay manera de llegar y porque la sierra de Guerrero se está dedicando a otras industrias. No hay mercado y no hay manera de trabajarlo”, comentó Ana Elena Mallet.
De las recientes propuestas se encuentran el Conjunto Anza, porcelana blanca y azul, de Fernando Aldama Baltazar y la vasija en forma de concha de mar de Lili Cortina, entre otros.
Barro y cerámica en México...
Cuándo: del 30 de abril al 13 de septiembre
Dónde: Palacio de Iturbide (Madero 17, Centro Histórico de la CDMX)
Horarios: 10:00 a 19:00 horas
Entrada gratuita

