Estreno en Bellas Artes

Revolución diamantina, una liberación femenina

Entre la algarabía mundialista, el público acude a la segunda función del ballet; ovacionan a la compositora Gabriela Ortiz, quien acude al recinto junto a las coreógrafas

Bailarinas, ayer en Bellas Artes.
Bailarinas, ayer en Bellas Artes. Foto: Lorena Alcaraz Minor/INBAL

En una mañana y tarde de festejo nacional con mexicanos con la playera verde de la Selección, banderas y máscaras de luchadores en avenidas y calles de la capital del país, el Palacio de Bellas Artes fue testigo ayer de una danza y música de liberación femenina con el ballet Revolución diamantina, compuesto por Gabriela Ortiz y con coreografía de Claudia Lavista, Lola Lince y Melva Olivas.

Con la Orquesta Urtex en vivo, bajo la dirección de Lina González-Granados, el inicio de la obra fue poético. El primer acto, Los sonidos que hacen los gatos, comenzó con simbolismos: una bailarina sosteniendo una tela roja corriendo por el escenario o una mujer desnuda al fondo, cuyos movimientos la hacían ver como una diosa griega. La música era sutil, como el preámbulo de un in crescendo.

  • 50 minutos dura el ballet compuesto por Gabriela Ortiz

Lo que siguió fue una especie de ritual, igual la coreógrafa Claudia Lavista apostó por el símbolo: mujeres cargando pesadas piedras, que después otras les ayudaron a sostener. Escenas que llevaron a preguntar: ¿Qué cargamos en nuestro camino en un sistema patriarcal? ¿Qué ocurre cuando repartimos esa carga? ¿Cómo las hacemos ligeras?

El segundo acto, No nos amamos, comenzó con bailarinas en una especie de posición de parto. De nuevo se optó por el símbolo: el cabello largo de las intérpretes fue pieza clave. La música reflejó una atmósfera un tanto oscura.

Para el acto tercero, Fronteras y cuerpos, la coreógrafa Lola Lince estuvo a cargo de uno de los momentos que más conmocionó al público, porque al final el coro gritó: “El violador, el violador, el violador, eres tú”, tomado de “Un violador en tu camino”, que se convirtió en un himno feminista en Latinoamérica.

Al inicio aparecieron tres bailarinas en una cama, dos al lado y una sobre ésta. Mientras, atrás, en un segundo plano, estaban dos intérpretes, un hombre y una mujer, quienes parecían fundirse en sus movimientos. Las ejecuciones a veces eran propias del ballet, pero en otras ocasiones de la danza contemporánea. Justo cuando el coro gritó: “El violador eres tú”, una tela roja cayó en medio de las tres artistas.

Por primera vez en toda la función, el público aplaudió. Fue el preámbulo de la fuerza que iría tomando la obra.

Para el acto cuatro, Decir lo indecible, aparecieron bailarinas unidas con trenzas que después desataron y con las que simbolizaron cómo las mujeres se organizan para defenderse frente a la violencia.

En el acto cinco, Purpurina rosa, a cargo de Lola Lince, aparecieron primero cuatro bailarinas, para después sumarse más. Erizó la piel escuchar al coro decir con el puño en alto: “Mi cuerpo no se toca” o “ni una más”. Los movimientos de las intérpretes al inicio eran controlados y poco a poco iban liberándolos más. En ese frenesí, musical y dancístico, algunas terminaron con el torso descubierto.

Por último, en el sexto acto, Todas, el mensaje de Revolución diamantina fue esperanzador y, para simbolizarlo, aparecieron un hombre, una mujer y una adolescente dejando unas piedras como metáfora de un mundo utópico en el que ya no tengamos ninguna carga y en el que haya equidad para todas y todos. Para representar a esa sociedad ideal, se sumaron a la escena hombres y mujeres de distintas edades.

Los asistentes aplaudieron de manera efusiva y todavía más cuando al final apareció la compositora mexicana ganadora del Grammy, Gabriela Ortiz. También recibieron ovaciones los bailarines del Centro de Producción de Danza Contemporánea (Ceprodac) y las coreógrafas Claudia Lavista, Lola Lince y Melva Olivas, artistas de distintas generaciones que se embarcaron en esta obra.

Pese a presentarse a las 13:00 horas, antes del partido de la Selección Mexicana contra Inglaterra en el Estadio Ciudad de México, la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes lució con un nutrido público, incluso hubo quienes acudieron con su playera verde.

Mientras transcurría el montaje, afuera del recinto había una algarabía total: personas tomándose fotos, echándose espuma o comprando banderas, cornetas y cuanta parafernalia encontraran, porque ayer, al menos horas antes del partido, la capital del país parecía una fiesta.


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