EL ÁNGEL DE LA INSPIRACIÓN
PARA SER CAPAZ DE NARRAR su propia vida —lentamente y como si fuera la vida de otras personas—, para sentir en sí mismo el don de contar historias, me parece que el escritor debe dedicar sus años a ese arte y ese oficio, sentado ante su escritorio, con cierta dosis de optimismo. El ángel de la inspiración, que visita regularmente a unos y a otros jamás, favorece al optimista y al confiado en sí mismo; y cuando el escritor se siente más solo que nunca, cuando duda de sus esfuerzos, de sus sueños y del valor de sus escritos —cuando piensa que su historia es tan sólo la historia de sí mismo—, es entonces cuando el ángel le revela las historias, las imágenes y los sueños que unen el mundo en el que vive con el mundo que desea construir. Mi sentimiento más perturbador, en este oficio de escritor al que he dedicado toda mi vida, ha sido la sensación de que, a veces, ciertas frases, ciertas fantasías y ciertas páginas que me han hecho inmensamente feliz no procedían de mi propia imaginación, sino que me habían sido reveladas merced a alguna gracia exterior.
Orhan Pamuk, “La maleta de mi padre”, Los premios Nobel de literatura toman la palabra, trad. Joachym De Nys, Navona editorial, 2013.
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Tabaco, gozo y deterioro

LAS MONTAÑAS DE MÉXICO
LA MONTAÑA ES EL CAOS, lo opuesto al orden, lo contrario del mar, el enemigo de la línea recta. Hay sierras de montañas verdes —la obra del sulfato de cobre—, sierras de montañas rojas —el trabajo del óxido de hierro—, montañas de pizarras y sedimentos —los restos de otras montañas socavadas— y montañas de grafitos, de granitos, de pórfidos, de andesitas y de mármoles cuyas vetas formaron las delicadas estructuras de las plantas prisioneras.
Montaña es igual a cascada, a torrente, a cueva, a grieta, a garganta, a picacho, a lava, a nieve, a fumarola. Y es, además, el vecino del mexicano, su testigo de cargo, su enemigo y su aliado, su escalera, su alcuza y su despensa, su estética y su geometría. Todo resulta ella, clavo de oro, vara de plata, pino verde, helecho con esporas, arca de Noé, reino del silencio, bandera de la tierra, pared de lágrimas, locura solemne, el único lugar que vomita a sus muertos.
[…] La distancia, en las regiones montañosas, confunde lo próximo y lo distante, descompone los verdes y los azules, recrea minerales y con su juego óptico agranda y disminuye las formas, lo cual podría originar en nuestra conciencia una confusión de realidad y esperanza, un daltonismo espiritual capaz de todas las aberraciones.
Fernando Benítez, Los primeros mexicanos : La vida criolla en el siglo XVI, Ediciones Era, 1975.
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EL MISTERIO DE LA ALQUIMIA
SI EL ALQUIMISTA, como el mismo confiesa, emplea el proceso químico sólo simbólicamente, ¿por qué trabaja entonces con crisoles y retortas? Y si, como no deja de asegurarnos, describe procesos químicos, ¿por qué los deforma mediante símbolos mitológicos hasta hacerlos irreconocibles?
Este enigma provocó ya muchos dolores de cabeza a honestos y bienintencionados estudios de la alquimia […]. No creo que se trate de un misterio guardado personalmente por alguien, que tenga un contenido conocido para la persona que lo posee, sino de un hecho o circunstancia que es “secreta”, misteriosa, es decir, sólo conocida por alusiones, pero desconocida en su esencia. De esta suerte la verdadera naturaleza de la materia era desconocida para el alquimista… Al intentar investigarla, proyectaba lo inconsciente en la oscuridad de la materia para iluminarla. […] desde luego que éste no era un método deliberado, sino un hecho involuntario.
Una proyección, en rigor, nunca se hace, sencillamente ocurre. […] Puesto que se trataba de proyecciones, era natural que el sujeto no se diera cuenta de que sus vivencias nada tenían que hacer con la materia en sí misma —como hoy la conocemos—. Lo que en realidad vivía era su propio inconsciente.
Carl Gustav Jung, Psicología y alquimia, trad. Alberto Luis Bixio, Trotta, 2015.
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INFRAMUNDO BOLIVIANO
EN BOLIVIA SE DICE que el alma viaja a la tierra del abuelo. Primero debe cruzar dos ríos, uno en transbordador y el otro en un tronco flotante. Los que caen son comidos por los peces. A continuación, son juzgados por Izoi-tamoi (el Abuelo), que parte a los malos por la mitad. Los que superan la prueba viajan a través de una tierra de tinieblas utilizando como antorcha una pequeña paja que se había colocado en la tumba. Recogiendo plumas de colibrí par dárselas a Izoi-tamoi, deben pasar luego entre las rocas que chocan conocidas como Hacaru. Después de haber sido probados por un pájaro gallinazo, de haber recibido cosquillas de un mono y de haber pasado por un árbol que habla, llegan por fin a la tierra del Abuelo, donde viven felizmente, como lo habían hecho en la tierra.
J. A. Coleman, Diccionario de mitología. Dioses, héroes y mitos de la A a la Z, trad, Erick Vega, Mirlo, 2025.
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EL OJO DE HORUS
LOS AMULETOS formaban parte no sólo de los rituales religiosos sino de la vida cotidiana de los egipcios. Para ellos el arte era un instrumento al servicio de la magia, pues pensaban que todo aquello que se representa cobraba vida. […] El Papiro MacGregor nos da una relación de hasta 75 amuletos diferentes, cada uno con su función específica. Siguiendo la clasificación clásica del arqueólogo Sir W. M. Flinders Petrie podemos diferenciar amuletos de divinidades (dioses y animales sagrados), similares (relacionados con partes del cuerpo humano como el corazón), de poder mágico, de propiedad y de protección mágica. En el ritual funerario, cada parte del cuerpo del difunto se protege con un amuleto mágico colocado entre los vendajes que envuelven a la momia.
De entre los innumerables amuletos encontrados en las excavaciones, tal vez el más frecuente es el Udjad, considerado “el Ojo de Horus u Ojo de la Luz”, aquel que permite ver con claridad en la oscuridad. Según el mito osiriano, el dios Horus combatió contra su malvado tío Seth para vengar la muerte de su padre Osiris. En la batalla, Horus fue herido de un ojo, pero el divino Thot, con su magia y sabiduría logró restaurarlo y recomponerlo totalmente.
Javier Milar, La mirada de la eternidad. El ritual funerario en el Antiguo Egipto, Centro de Estudios Sophia, 2018.
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LAS VIRTUDES DEL TOLOACHE
A TODO ENAMORADO o pretendiente sin fortuna, o despechado que se entregaba al alcohol y a la tristeza, se le decía: ya se te ocurrió pastar en el plantío del Diablo, estás entoloachado.
Y la leyenda de que el toloatzin o el toloache, que en la lengua azteca tiene que ver con agachar la cabeza (toloa) o con ceder a la actitud adoratoria y reverencial, servía para enloquecer de amor a una persona, no parece proceder de la era precolombina, donde a la hierba se le tenía por buen medicamento, bien administrada, o mortal veneno si se consumía en exceso. Francisco Hernández le atribuye, dados los testimonios recogidos, también virtudes maravillosas; dice que los indios, después de ayunar todo el día y purificar toda la casa, bebían toloatzin por la noche, para encontrar las cosas perdidas y robadas, o para descubrir la imagen del ladrón en las paredes. […]
Eduardo Lizalde, Manual de flora fantástica, Cal y arena, 1997.

