
EL CÓDIGO HAYS
A FINALES DE LA DÉCADA de 1920, a Hollywood se la llamaba “ciudad del pecado”. Sus escándalos sexuales y de drogas daban la impresión de que no compartía los mismos valores morales que el resto del país. Las películas que retrataban la prostitución, la homosexualidad y el crimen enfurecían a los eclesiásticos. Temiendo la censura estatal, los estudios crearon una oficina dirigida por Will H. Hays para establecer estándares morales. En 1930, Hays creó una lista de “noes y cuidados con”, donde se incluían la desnudez, las relaciones interraciales, el uso de drogas y la burla a la religión. Hays fue ampliamente ignorado hasta 1934, año en que la oficina estatal Breen impuso su aplicación. Durante 30 años, el código definió la moralidad de Hollywood; aunque los cineastas a veces lograron eludirlo y estrenar filmes como Con faldas y a lo loco (1959) o Psicosis (1960) sin certificación oficial. En 1966 el presidente de la junta de censores Jack Valenti sustituyó el viejo código por un sistema de clasificación.
Daniel Borden, “La censura y el Código Hays”, La historia del cine, trad. Teresa Jarrín Rodríguez, Blume, 2009.
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John Candy: I Like Me
EL SUEÑO DEL BRAHMÁN
EN UNA CIUDAD VIVÍA un brahmán llamado Granado que, tras haberla pedido, obtuvo una fuente de cebada, comió una parte y con lo restante llenó un jarrón. Por la noche lo colgó en una percha y puso su catre debajo, fijando su mirada en el jarrón hasta caer en un sueño hipnótico.
“Bien, aquí tengo un jarrón lleno de cebada −pensó−. Ahora, si viene una carestía obtendré por él cien rupias. Con esa suma podré comprar dos chivos. Éstos me darán cada seis meses dos chivas más. Después de las chivas, tendré vacas; cuando las vacas tengan cría venderé los terneros. Después de las vacas, tendré búfalos; luego yeguas. Las yeguas me darán abundantes caballos. La venta de éstos representa abundancia en oro. Con el oro compraré una gran casa con un patio interior. Entonces vendrá alguien a mi casa y me presentará a su amorosa hija con una dote. Ella tendrá un hijo, cuyo nombre será Señor Luna. Cuando el niño tenga la edad suficiente, cabalgará sobre mis rodillas; yo tomaré un libro, me sentaré en el techo del establo y pensaré. Allí me verá el Señor Luna, y en su apresuramiento para cabalgar en mis rodillas, saltará de la falda de su madre y se aproximará demasiado a los caballos. Entonces me enfadaré y diré a mi mujer que retire al muchacho; pero ella estará ocupada con sus cosas y no prestará atención a mis palabras. Entonces me levantaré, y le daré un puntapié”.
Sumergido en su sueño hipnótico, dio un golpe que rompió el jarrón, y la harina de cebada que éste contenía lo puso completamente blanco.
Fábulas hindúes, sel., trad., prol. y notas de A. Laurent, Editorial Astri, 2000.

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EL MISÁNTROPO
NO ME BURLO, y no voy a perdonar a nadie en este punto. Mis ojos están demasiado heridos, y tanto la corte como la ciudad no me ofrecen más que objetos con los que calentar mi bilis: entro en un humor negro, en una tristeza profunda, cuando veo a los hombres vivir como viven; lo único que encuentro por todas partes son cobardes halagos, injusticia, interés, traición, engaño; no lo soporto más, me enfurezco, y mi deseo es el de decírselo en la cara a todo el género humano. […]
Molière, El misántropo, (fragmento) en Oda al odio, comp. Ariel Magnus, trad. Mariano García, Adriana Hidalgo, 2016.
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UNA CONFESIÓN DE MILAN KUNDERA
MI MUJER me toma muchas veces el pelo diciéndome: “Llegaste a París como un vencedor en los tanques rusos”. De hecho, en aquellas semanas de septiembre de 1968, los periódicos no hablaban de otra cosa que de los tanques rusos en Praga y la novela de un checo ganó automáticamente la simpatía de los lectores y de las grandes figuras de la crítica. Yo era para todo el mundo, sobre todo, un soldado a bordo de un tanque y todos elogiaban la valentía con la que había luchado contra el totalitarismo. Pero cuando estaba escribiendo La broma no me sentía particularmente valiente. Mi desafío no era político sino exclusivamente estético.
Massimo Rizzante, “El arte de la fuga novelesca. Diálogo con Milan Kundera”, El arte de la forma perdida, trad. Carmen Ruiz Apodaca, prol. Juan Villoro, Ai Trani Editores / Universidad del Claustro de Sor Juana, 2016.
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EL FESTÍN DE LA OPULENCIA
LAS MURALLAS de Marte se diluyen en boca del Lujo devorador. Para tu palacio ceban en una jaula el pavo revestido de plumas de oro, cual tapiz babilónico. Para ti son la gallina númida y el capón galo. Hasta la cigüeña, amable y transeúnte visitante, modelo de piedad filial, ave de finas patas y alegre música de castañuelas, que emigra en invierno y es presagio de la suave primavera, la cigüeña hace ahora su nido en las calderas de la corrupción. ¿Para qué quieres la costosa perla, el coral de la India? ¿Para que alguna matrona, cargada con las alhajas del mar y saltando sobre su deber, se extienda en lecho lejano? ¿Para qué quieres el valioso cristal de la verde esmeralda? ¿Para qué ansías las piedras de Calcedonia con sus fulgurantes destellos? ¿Será para que brille tu probidad a la luz de sus resplandores? ¿Es justo que una mujer casada se vista con vaporosas gasas y se exhiba, desnuda, en una nube de lino?
Petronio, “La cena de Trimalción” en El Satiricón, introd., trad. y notas de Lisardo Rubio Fernández, Planeta DeAgostini, 1997.

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ÁLBUM DE PESADILLAS
AL OTRO DÍA DAN LÁSTIMA;
no halla uno si venderlas por kilos
o arrojarlas al agujero negro de los días.
Bestias que no terminan de formarse.
El pozo de la infancia,
un cuchillo en el baldío del sueño
empuñado por un guante fabricado por [equivocación.
Algunos coleccionan elefantes, mujeres, unicornios.
Yo colecciono pesadillas.
La casa de los sueños carece de espejos.
No te duermas, alguien te espera.
en el cruce de Sueño con Vigilia.
Nos organizamos para cazarlas:
llagas del alba,
pústulas de la noche.
“¡Sorpresa −dice Sam−,
un voto de confianza a mi hacha
y comeremos budín de pesadillas.
Las pesadillas nacen, crecen, se reproducen y [no mueren".
Costras del pensamiento animal, racimos adiposos.
“Contratemos un árbitro que diga si estamos dormidos o despiertos”.
Margarito Cuéllar, “Gravitaciones”, Moléculas en movimiento vibratorio alrededor de una posición de equilibrio, Universidad Autónoma de Coahuila, 2015.
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SABIDURÍA DE NASREDÍN
EN LA ÉPOCA en la que aún no había muchos puentes sobre el río, Nasredín trabajaba como barquero. En su pequeña barca, por unas cuantas míseras monedas, llevaba a la gente de una orilla a la otra.
Cierto día, un gran sabio, con los brazos cargados de libros, tomó lugar en la barca. Nasredín le dio la bienvenida y habló con él de esto y de aquello. El sabio se dio cuenta de que Nasredín no dominaba bien la gramática, y de que su manera de hablar no era muy propia. Entonces le preguntó:
—Amigo mío, ¿nunca fuiste a la escuela?
—No −le respondió con timidez Nasredín, sin dejar de remar.
—Entonces, amigo mío, debes saber que has perdido la mitad de tu vida.
Nasredín se ofendió, pero guardó silencio.
Cuando la barca había llegado a mitad del río, una corriente rápida la volcó, y los dos hombres se encontraron en el agua, bastante lejos uno del otro, Nasredín vio que el sabio hacía intentos por no ahogarse. Le gritó:
—¿Aprendiste a nadar, maestro?
—No −le contestó el sabio, sin dejar de manotear.
—Entonces, amigo mío, ¡has perdido tu vida entera!
Jihad Darwiche, Sapiencia y artimañas de Nasredín, el loco que era sabio, trad. Arturo Vázquez Barrón y Roberto Rueda Monreal, ilustraciones de David B., Ediciones Tecolote, 2004.
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