Diversa Cultural

Diversa Cultural Foto: Especial
El rencor de Cleopatra ı Foto: Especial

EL RENCOR DE CLEOPATRA

Dejo los párpados caer, abatidos por el sol que abrasa y se refleja en esas aguas que lo ven todo, que lo saben todo. Las velas moradas de mi barco conversan con el viento. Respiro. A lo lejos, lomas de un relieve que, si alguna vez me importó, ya no. Siento la rabia en la garganta. Una frustración que me quema. ¿Quién se ha creído que es para obligarme a permanecer aquí? Ya no es nadie... no es nada. Y yo tampoco lo seré si no logro moverme con rapidez. Esta guerra nos debilita cada día. Y yo estoy aquí, sin opciones. No puedo permitirlo. A lo lejos, el rumor de la batalla, de más fuego en balde. Miro alrededor. Sesenta barcos a mi cargo, a la espera de combatir, pero sin posibilidad de regresar a casa antes que esos romanos que sólo dan para quitar. La angustia se va tornando en una energía que brota de mi pecho y llega hasta esta boca que muchos desean callar, envenenar con falsedades. Lanzo otro vistazo a las velas. Sí, el viento es propicio. Doy la orden de avanzar. Soy la reina de Egipto, me debo a mi pueblo. Pido a los dioses que me protejan mientras desoigo las órdenes del que ha sido mi compañero en los últimos años. Él ya no es nadie... y yo quizás tampoco. Pero no puedo permitir que Octavio llegue antes a Egipto que yo. El barco zarpa y se dirige al centro de la batalla. El rumor se convierte en estruendo. Pero estoy un paso más cerca de casa.

María Reig, “Cleopatra”, Eternas. Historias de grandes reinas de todos los tiempos, ilustraciones de Elisa Ancori, Planeta, 2025.

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SECRETOS

Me encantan los secretos —aunque los míos no tanto— y una de mis partes favoritas de una conversación es escuchar las confidencias de los otros. Los secretos son la moneda de la intimidad. Me encanta que me cuenten cosas que muy poca gente sabe. Para conseguirlo, tienes que engatusar, seducir y saber utilizar los silencios; tienes que mostrarte audaz y cuidadoso, sobre todo si no conoces muy bien a la otra persona. Pero si eres astuto, puedes acabar escuchando cosas sorprendentes y morbosas. Todo el mundo tiene algo que ocultar, algo que nunca ha contado a nadie y que está dispuesto a revelarte si se lo pones en bandeja. La gente desea mostrarse. Podríamos llamarlo “el momento del novelista”, cuando escuchas una revelación tremendamente jugosa de alguien que hasta entonces te había parecido más bien anodino. Pero no existe la gente anodina. Eso es lo que acabas descubriendo si tienes la paciencia de escuchar y esperar.

Hanif Kureishi, A pedazos, trad. Mauricio Bach, Anagrama, 2025.

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Listas ı Foto: Especial

LISTAS

La inteligencia de The Book of Lists [libro de Irving Wallace y sus hijos] consiste en haber dado con un formato casi imbatible para el caos de eso que se llama trivia: informaciones variadas de escasa importancia, pero que aun así no dejan de llamar nuestra atención. El formato de la lista es una herramienta idónea para reunir, como el hilo de un collar, piedras no siempre preciosas pero seguramente muy heterogéneas. […] Toda lista hace aparecer la ausencia de lo excluido. Toda lista es caprichosa e indisciplinada por más totalizante o coherente que quiera (o no quiera) ser. Toda lista reinventa nuevas fricciones, nuevas distancias, nuevas conexiones entre los elementos que la conforman.

Hace unos años, cuando intentó crear una antología de enumeraciones célebres para su libro El vértigo de las listas (2009), Umberto Eco comprobó que estaba en presencia de:

Un género literario más extendido de lo que se cree: Me di cuenta de que podía usar sólo una pequeña parte de la incalculable serie de grandes y célebres listas que aparecen en la historia de las distintas literaturas. Tuve que ignorar muchas, muchísimas las sigo ignorando, y después de que apareciera el libro encuentro siempre alguien que me cita listas maravillosas que yo descuidé.

Eduardo Berti, Otras palabras. Jugar y crear con diccionarios, Adriana Hidalgo, 2024.

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EL MUNDO EN EL CORAZÓN

Yo había intentado un ascenso, un refugio de alta montaña cada vez que había sentido dolor, porque esa montaña era invulnerable; cada vez que la basura ya era insoportable, porque esa montaña era límpida; cada vez que la fugacidad del tiempo me atormentaba, porque en aquella altura reinaba la eternidad. Pero el rumor de los hombres había terminado siempre por alcanzarme, se colaba por los intersticios y subía desde mi propio interior. Porque el mundo no sólo está afuera sino en lo más recóndito de nuestro corazón. Y tarde o temprano aquella alta montaña incorruptible concluye pareciéndonos un triste simulacro, una huida, porque el mundo del que somos responsables es éste de aquí: el único que nos hiere con el dolor y la desdicha, pero también el único que nos da la plenitud de la existencia, esta sangre, este fuego, este amor, esta espera de la muerte. El único que nos ofrece un jardín en el crepúsculo, el rocede la mano que amamos.

Ernesto Sabato, La resistencia, Seix Barral, 2011.

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La torre de Monterrey ı Foto: Especial

LA TORRE DE MONTERREY

Hiela, corre un cierzo que corta el respiro; pero desde el azul acerado vierte un sol desleído una luz clarísima que corta también las sombras y dibuja los relieves del campo como si fuesen de arquitectura.

Porque esa luz limpidísima, clara como el hielo, sin brumas, diríase que, no ya luminiza, sino civiliza la Naturaleza; hácela civil, que es hacerla más humana. Que humanizar es ya mucho, pero civilizar es más. Civilizar, hacer civil, es sobrehumanizar. Humanidad nos parece para el hombre todo; pero civilidad es para él más; es más que todo, porque es el porvenir que jamás acaba de cumplirse, es el ideal. Todo es lo que hay, y lo que hay de permanente; pero más que todo es lo que sobre lo que ha habido y hay habrá. Todo es el pasado que se condensa en el presente; más que todo es la eternidad que abarca el pasado, el presente y el futuro. Todo es el universo, y más que todo es el pensamiento, porque el pensamiento sobrepuja a todo lo pensado y a todo lo pensable, y rebasa de ellos. […] El espíritu, cuando sufre o goza, cuando odia o ama, cuando recuerda o espera, se hace tierra, se hace agua, se hace fuego o se hace aire; y la piedra, cuando piensa civilmente, se hace espíritu permanente, cuajado, cristalizado, sustantivado. Esta torre es un diamante de espíritu. ¿Y qué dice? No dice nada que no sea ella misma; se proclama inmortal, se afirma. No importa que un terremoto o un bombardeo de guerra humana u otro accidente traído por el odio de la Naturaleza o el de los hombres, abatiéndote a tierra te derrumbe, esparciendo sin orden ni concierto tus sillares, Torre de Monterrey, porque tu visión quedará. Quedará hecha cimiento de las almas que te contemplan.

Miguel de Unamuno, Andanzas y visiones españolas, Aguilar, 1976.

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VOCES DE LA NATURALEZA

En las flores hay una voz misteriosa y fina como la del violín que escuchó mi madre, en Persia, a los nueve años. ¿No la oyen ustedes? Las flores y todos los elementos que componen la naturaleza tienen voces sutiles. El espacio está tejido por estas voces. El silencio jamás es absoluto. En las noches más profundas oímos siempre un murmullo lejano, revelador de una suma de infinitesimales voces: todos los pensamientos que se formulan en el mundo vibran en esas voces. En una piedra podemos oír, si escuchamos con atención, el trayecto del tiempo; en el ruido de la lluvia podemos oír el diálogo vacilante de los primeros hombres; en ciertas plantas podemos oír a las mujeres de la antigüedad elaborar secretos; en el estruendo de las olas que se elevan enlos mares podemos oír la aclaración de algunos hechos históricos; ciertas alondras nos traen anuncios del futuro más próximo. Si ustedes no se dignan oír estas voces ¿cómo podría un dios oír las vuestras?

Silvina Ocampo, Cuentos completos I, Emecé, 2006.

Voces de la naturaleza ı Foto: Especial

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