Petróleo

A fines del año pasado, en el 50 aniversario del asesinato del cineasta Pier Paolo Pasolini, la editorial Nórdica Libros publicó, en traducción de Miguel Ángel Cuevas, su novela Petróleo. Pasolini tardó casi diez años en escribirla y para él era, “el preámbulo de un testamento”. Con autorización de la casa editora, presentamos el inicio de este libro: Una carta dirigida al escritor Alberto Moravia en la que describe su laboratorio literario y le pide que lo aconseje.

Petróleo Foto: Especial

Querido Alberto:

Te mando este manuscrito para que me aconsejes. Es una novela, pero no está escrita como lo están las auténticas novelas: su lengua es la que se emplea en la ensayística, en determinados artículos periodísticos, en las notas críticas, en la correspondencia privada (que se sabe que antes o después habrá de publicarse), o incluso en la poesía; raros son los pasajes que pueden llamarse decididamente narrativos, y en tal caso se trata de pasajes tan declaradamente narrativos («pasemos ahora a los hechos», «Carlo caminaba», etc., aunque por otra parte se trate de una cita simbólica a este respecto: «Il voyagea…») que más recuerdan la lengua de los guiones o de los tratamientos que la de las novelas clásicas. O sea que se trata de «pasajes narrativos en sentido estricto» elaborados «aposta» para evocar la novela (que es precisamente lo que se hace, de modo sumario y aproximativo, en los guiones).

EN LA NOVELA POR LO COMÚN el narrador desaparece, y ocupa su lugar una figura convencional que es la única que puede establecer una relación auténtica con el lector. Auténtica precisamente porque es convencional. Tan es así que fuera del mundo de la escritura —o si prefieres de la página, o de su estructura, tal como se presenta para uno del oficio— el verdadero protagonista de la lectura de una novela es, claro, el lector. Pues bien, en estas páginas yo me he dirigido al lector directa y no convencionalmente. Lo que quiere decir que no he hecho de mi novela un «objeto», una «forma», obedeciendo en consecuencia a las leyes de un lenguaje que asegurase su necesaria distancia respecto de mí, anulándome casi incluso,o a través del cual yo me negara generosamente a mí mismo asumiendo con humildad el papel de un narrador idéntico a los demás narradores. No. Soy yo quien le habla al lector, yo en persona, el mismo que te escribe a ti esta carta, el mismo que a menudo escribe poemas en italiano. He convertido la novela en un objeto, no sólo para el lector, también para mí; y he situado tal objeto entre el lector y yo, y juntos lo hemos sometido a discusión (como puede hacerse en soledad, escribiendo).

Llegados a este punto (tal es la razón de esta carta) podría reescribir desde el principio y por entero la novela, objetivándola: es decir, desapareciendo en cuanto autor real para asumir el papel de un narrador convencional (que es mucho más real que el real). Podría hacerlo. No estoy desprovisto de autoridad, ni falto dearte retórica, y tampoco carezco de paciencia (no desde luego de esa paciencia ilimitada que se tiene en la juventud); podría hacerlo, repito. Pero si lo hiciera, tendría ante mí un solo camino: el de la evocación de la novela. O sea, no podría hacer otra cosa que recorrer hasta el final el camino que naturalmente he iniciado. Todo lo que en esta novela es novelesco lo es en cuanto evocación de la novela. Si diera cuerpo a lo que aquí es solo potencial, es decir, si inventara la escritura necesaria para hacer de esta historia un objeto, un artefacto narrativo que funcione por sí mismo en la imaginación del lector, por fuerza debería aceptar esa convencionalidad, que en el fondo es un juego. Ya no tengo ganas de jugar (en serio, hasta el final, o sea aplicándome con total seriedad); y por ello me contento con narrar como he narrado. Este es el consejo que te pido: ¿lo que he escrito alcanza a decir digna y poéticamente lo que he querido decir? O, por el contrario, ¿sería preciso reescribirlo sin más todo en otro registro, creando la maravillosa ilusión de una historia que se desarrolla por su cuenta, en un tiempo que, para cada lector, es el tiempo de la vida que se ha vivido y permanece intacta a sus espaldas, revelando como auténticas realidades aquellas cosas que habían parecido simplemente naturales?

YA NO TENGO GANAS DE JUGAR (EN SERIO, HASTA EL FINAL, O SEA APLICÁNDOME CON TOTAL SERIEDAD); Y POR ELLO ME CONTENTO CON NARRAR COMO HE NARRADO

QUERRÍA QUE TUVIERAS EN CUENTA, al aconsejarme, que el protagonista de esta novela es lo que es, y, aparte deciertas analogías entre su historia y la mía, o la nuestra —analogías ambientales o psicológicas que son meros envoltorios existenciales, útiles para dotar de concreción a lo que acontece en su interior—, me resulta repugnante: he pasado un largo periodo de mi vida en su compañía, y me sería muy fatigoso retomarlo desde el principio, durante un periodo que presumiblemente sería aún más largo.

Estaría dispuesto a hacerlo, pero habría de ser absolutamente necesario. Esta novela ya no me sirve de mucho en mi vida (como sucede con las novelas o los poemas que se escriben en la juventud), no es una proclama, ¡señores, estoy vivo!, sino el preámbulo de un testamento, el testimonio del poco saber queuno ha acumulado, completamente distinto del que uno mismo se imaginaba.

Tuyo

Pier Paolo