25 años de Amores Perros

Anuario: Arriaga e Iñárritu, el esperado reencuentro en Bellas Artes

LOS ARTISTAS mexicanos limaron asperezas en el aniversario del filme; la reunión fue impulsada por los hijos de ambos creadores

ARRIAGA E IÑARRITU, durante su reencuentro en Bellas Artes.
ARRIAGA E IÑARRITU, durante su reencuentro en Bellas Artes. Foto: Carlos Mora

En un año marcado por conmemoraciones, uno de los acontecimientos culturales más significativos para el cine mexicano fue, paradójicamente, un gesto íntimo: la reconciliación entre Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga, los artífices de Amores perros, 21 gramos y Babel, tres películas que cambiaron la narrativa del cine contemporáneo.

Tras casi dos décadas de distancia, la dupla volvió a verse frente a frente. Ya lo habían hecho en el Festival de Cannes, pero al final fue en la proyección de Amores perros en el Palacio de Bellas Artes, en México, el marco perfecto para este acontecimiento.

“Fue muy bonito porque no sólo nos reencontramos Alejandro y yo, también nuestras familias… ver a nuestros hijos platicar me llenó de emoción”, relató Arriaga a La Razón, todavía conmovido por un encuentro que describió como “genuino, íntimo y verdadero”. La reunión rompió un silencio que había alimentado mitologías, especulaciones y tensiones durante años. “Muchos periodistas querían que chocáramos”, confesó el guionista, pero lo que prevaleció fue el afecto: “Los dos estábamos muy contentos de saber que seguía el cariño pese a todas las heridas”.

Por otro lado, Iñárritu celebró una master class en la Cineteca Nacional, una instalación inmersiva y el relanzamiento remasterizado del filme.

El director habló de la cinta con una mezcla de nostalgia, método y vértigo creativos. “Los invito a verla porque es muy humana… profundamente triste también, de ver el tiempo congelado”, dijo. Y recordó la construcción de su tribu creativa: “Me dijeron: el que no tenga familia cinematográfica, que se la busque. Yo tuve que crear la mía”.

En esa familia, Arriaga fue el socio determinante. El escritor moldeó un guion de más de 170 páginas, atravesó 36 tratamientos y diseñó una estructura que, según ha explicado, “depende del punto donde dejas colgada la emoción”.

Aquella complicidad dio origen a la llamada “trilogía del dolor”, hasta romperse años después por diferencias autorales, declaraciones cruzadas y un desgaste que parecía irreversible. Para muchos, esa fractura se volvió símbolo de una de las rupturas creativas más comentadas del cine latinoamericano.

Por eso, la reunión de 2025 en el Palacio de Bellas Artes trascendió la anécdota. Arriaga lo explicó con una metáfora luminosa: “Cuando vuelves a encontrarte con alguien con quien compartiste tanto, te das cuenta de que la vida acomoda las piezas. Lo importante es hacerlo desde la paz”. Y añadió una imagen que conectó con su personaje más emblemático: “Hay cosas que se entienden sólo con el tiempo”.

El año también estuvo marcado por el anuncio del nuevo proyecto de Alejandro González Iñárritu: una comedia oscura filmada en Londres junto a Tom Cruise y el director de fotografía Emmanuel Lubezki, con un elenco que incluye a Sandra Hüller, Jesse Plemons y John Goodman. “Me aburre hacer lo que ya hice… me excita el riesgo”, dijo el cineasta, al adelantar que la cinta, prevista para este año, aborda “el absurdo humano y nuestra necesidad de controlar lo incontrolable”.

El reencuentro con Arriaga dio un peso adicional a ese anuncio. No sólo porque ambos siguen siendo referentes globales, sino porque recordó la potencia creativa que surgió cuando sus visiones coincidieron. Amores perros fue, en palabras del propio Iñárritu, “una película que huele, suena y late”.

A 25 años de su ladrido inicial, la cinta volvió a reunir a quienes la hicieron posible. Y México, testigo privilegiado, celebró no sólo la memoria del filme, sino el regreso a la conversación cultural de dos gigantes cuya obra sigue marcando el pulso del cine mundial.