El cine de terror hecho en español sigue abriéndose paso en un terreno dominado por grandes estudios y producciones de alto presupuesto. En ese contexto llega El Orfanato: La posesión, ópera reciente del director y guionista Guillermo Barreira, quien asume el género desde una perspectiva personal, íntima y profundamente autoral. En entrevista con La Razón, el realizador explica que el proyecto nació directamente de su escritura y de la convicción de contar una historia con identidad propia, lejos de referencias evidentes.
“Yo soy el director, pero también soy el guionista, así que fui quien llevó la historia a la gente”, señala Barreira, al recordar que el texto llegó primero a manos de un amigo, quien lo recomendó a otro cineasta del género y posteriormente a la productora Eye Slice Pictures, especializada exclusivamente en terror. Para el realizador, ese detalle fue clave en el desarrollo del proyecto: “Productores que hacen terror todos los días saben cómo resolver los problemas con pericia y experiencia”.
- El Dato: Tras un periodo de ventas internacionales, la película logra su estreno en México, consolidando su alcance fuera de España.
La película sigue a Sofía, una adolescente de 14 años que, tras la desaparición de su madre y el intento de suicidio de su padre, ingresa a un internado marcado por lo sobrenatural. Una sesión de ouija y la búsqueda de un cuerpo ausente detonan una espiral de horror donde el miedo no sólo proviene de lo paranormal, sino de la pérdida y el abandono. Barreira subraya que se propuso construir “una película de personaje, que gire en torno a éste”, sin renunciar a los elementos más crudos del género: “Tiene su sangre, sus escenas macabras y todo confluye en un éxtasis de terror al final”.

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A diferencia de otras producciones contemporáneas, el director sostiene que El Orfanato: La posesión no responde a un catálogo de influencias claras. “No podría citar una referencia fuerte. Es más autoral, más única. Me senté a escribir y salió”, afirma, consciente de que toda creación dialoga inevitablemente con el inconsciente colectivo, pero convencido de haber encontrado una voz propia en el género.
Barreira también reflexiona sobre el estado del cine de terror en España, al que considera saludable en términos creativos, aunque limitado en apoyos institucionales. “No existe un respaldo fuerte de las televisiones ni de las ayudas públicas hacia el cine de género. Se minusvalora su potencial cultural”, comenta el director, al tiempo que redefine al horror como “drama con monstruos”, ya que es capaz de generar reflexión y emoción al igual que cualquier otro género cinematográfico.
Pese a esas dificultades, el cineasta reconoce que existe una demanda real del público. “Cuando la película está hecha, es más fácil, porque la gente quiere ver terror”, asegura. Destaca además la existencia de festivales como Sitges, que califica como una auténtica celebración del género y un punto de encuentro para creadores y audiencias.
En el apartado técnico, el realizador apostó mayoritariamente por efectos prácticos, apoyado en un equipo especializado en maquillaje y efectos especiales. “El uso de digital fue escaso. Defiendo el valor artesanal del terror físico frente al abuso tecnológico”. En ese sentido, también se muestra crítico y cauteloso respecto al avance de la Inteligencia Artificial en el cine. “Todavía falta un componente humano. Hay un alma vulnerable que conecte con el público y eso la IA aún no lo tiene”, sentencia.
El proceso de producción fue inusualmente ágil: del último borrador del guion al rodaje transcurrieron apenas unos meses, con una filmación de poco más de un mes y una posproducción ajustada, pero eficiente.
Actualmente, Guillermo Barreira ya trabaja en dos nuevos proyectos, uno de terror y otro de drama-thriller, ambos en fase previa a producción, uno de ellos con participación mexicana.

