El decreto que crea un estímulo fiscal de hasta 30 por ciento del Impuesto sobre la Renta para proyectos cinematográficos y audiovisuales realizados en territorio nacional es celebrado por el gremio cinematográfico, que ve una oportunidad de que las historias pensadas para el público mexicano ya no se graben fuera del país como ha ocurrido en los últimos años, al tiempo que el séptimo arte nacional se vuelve competitivo a nivel global.
El productor y director Alfonso Pineda Ulloa interpreta el decreto como algo más profundo que una medida tributaria. “No sólo es una medida fiscal, es una declaración cultural”, sostiene. Durante años —dice a La Razón— historias pensadas para el público mexicano se rodaron fuera del país, generando “una erosión de identidad, de empleo y de tejido creativo”.
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A su juicio, el incentivo “corrige una distorsión estructural” y permite competir con territorios que entendieron que atraer rodajes significa atraer conocimiento e industria narrativa. “Filmar en México no es únicamente una decisión logística; es apostar por nuestras voces, por técnicos, por artistas y comunidades que sostienen la cadena creativa”, afirma, convencido de que, si se implementa con claridad y continuidad, la política puede convertirse en un motor real de producción y diversidad.
La productora Tania Benítez observa el contexto desde el comportamiento del mercado. “Hemos tenido un espectacular inicio de año como industria desde el sector audiovisual en general, porque empezamos el año con una participación de mercado superior a lo que se había venido viendo en los últimos años”, explicó.
- El Dato: EL NUEVO estímulo no podrá combinarse con el Eficine (artículo 189 de la Ley del ISR). Las producciones deberán elegir entre uno u otro esquema.
Para ella, el incentivo amplía la competencia internacional: “Nos permite competir no solamente por el mercado local, sino volvernos una opción que siga formando a los maravillosos equipos que tenemos en el país”.
Destaca también el impacto social y económico: “Genera riqueza y permite la posibilidad de mantener a todas las familias y a todos los oficios que convergen en una producción audiovisual”.

El mecanismo establece un crédito fiscal de hasta 30 por ciento del costo total del proyecto —sin exceder 40 millones de pesos por producción y por beneficiario— con vigencia hasta el 30 de septiembre de 2030 y una bolsa anual máxima de 400 millones de pesos. No es un subsidio directo ni un “cash rebate” tradicional: se trata de un crédito aplicable contra ISR que puede transferirse a proveedores nacionales o a otros contribuyentes bajo condiciones estrictas. El decreto permite su transferencia onerosa hasta por 85 por ciento de su valor y exige que al menos 70 por ciento del gasto se realice con proveeduría nacional.
- El Tip: EL COMITÉ Técnico estará presidido por la Secretaría de Hacienda y, en caso de empate, tendrá voto de calidad.
Además, fija umbrales mínimos de inversión para evitar la fragmentación del beneficio: 40 millones de pesos para largometrajes narrativos o de animación y capítulos de serie; 20 millones para documentales; cinco millones por proceso en animación, efectos visuales o posproducción. La intención explícita es garantizar escala económica, derrama verificable y fortalecimiento de la cadena productiva.
Para la productora Mónica Lozano, el reconocimiento de la industria cinematográfica como sector estratégico dentro de los estímulos fiscales representa un cambio simbólico y práctico. “Genuinamente veo muy positivo que sea nombrada la industria cinematográfica clave para el estímulo de industrias fiscales. Eso es muy bueno”, afirma en entrevista.

En su lectura, el instrumento promueve inversión en territorio nacional sin importar el origen del capital: “Este estímulo lo que promueve son inversiones en la producción audiovisual en el territorio mexicano, independiente de que sea capital extranjero o nacional”.
Sobre la naturaleza técnica del esquema, Lozano aclara: “Es un crédito contra impuestos… y el 70 por ciento lo puedes transferir o usar en un 85 por ciento”. Para ella, la lógica financiera es clara: “Esa intención es muy buena, porque los grandes contribuyentes se pueden beneficiar
para sus impuestos”.
Sin embargo, advierte que el éxito dependerá de los lineamientos que deberá emitir el Comité Técnico en un plazo máximo de 30 días hábiles: “Nos tienen que hacer ver en específico cómo vamos a hacer el más adecuado aprovechamiento del instrumento fiscal”.
Recuerda además que la industria llevaba años solicitando un mecanismo de esta naturaleza: “Hace unos meses no había forma de dialogar para buscar estímulos… esto es algo que habíamos pedido muchos años, los últimos siete de manera más decidida, después de quedarnos sin los fondos anteriores”. Y lanza una advertencia contra las críticas anticipadas: “Se descalifica a priori cuando es apenas un primer paso para construir un mecanismo que lo adoptemos como industria y
lo hagamos funcionar”.
Desde la mirada del actor y cineasta Horacio García Rojas, considera que cualquier paso de fortalecimiento debe celebrarse: “Cada anuncio, cada paso que se da en apoyar nuestra cinematografía, siempre tiene que ser una buena señal”.
Reconoce que otros territorios han consolidado su industria gracias a incentivos fiscales y aprendizaje técnico, pero introduce una preocupación central: “También existe la preocupación del verdadero cine independiente… necesitamos encontrar mecanismos más eficientes para generar nuevas voces”. A su juicio, el apoyo no debe concentrarse sólo en grandes producciones, sino garantizar pluralidad narrativa en un país pluricultural y plurilingüe.
La mirada crítica la aporta el cineasta Marcos Muñoz. Ante la pregunta de si 30 por ciento vuelve atractivo a México para posproducción de alto nivel, responde con cautela: “Por sí solo, no”. Explica que los estudios internacionales valoran certidumbre, facilidad administrativa, infraestructura y flexibilidad laboral.
“En su diseño actual no es suficiente”, afirma. Aunque reconoce que puede dinamizar segmentos y generar empleo, advierte que no transforma por sí mismo problemas históricos de concentración y acceso desigual. El incentivo, dice, funciona como complemento, no como factor decisivo.
Desde el Instituto Mexicano de Cinematografía, su directora general, Daniela Alatorre, subraya que, en paralelo, se dio a conocer una propuesta de iniciativa de Ley Federal de Cine y el Audiovisual. “La iniciativa anunciada es un logro para atraer inversiones, pero alterno a esto, se trabaja en una iniciativa de ley porque es una propuesta que se envía desde el Ejecutivo a quienes tienen las facultades de legislar, las cuales son las cámaras de Diputados y de Senadores”, puntualiza.
Alatorre explica que el verdadero debate ocurrirá en el Congreso: “Cuando esa propuesta de iniciativa de ley llegue a las cámaras, entonces es labor de las cámaras abrir esa conversación para ver si esa propuesta atiende las preocupaciones de todas esas comunidades que podrán acercarse a tener las conversaciones pertinentes”.
MÉXICO VS. COLOMBIA. La comparación inevitable es con Colombia, cuyo modelo combina un cash rebate de 40 por ciento en servicios cinematográficos y 20 por ciento en logística, financiado con cupos fiscales anuales. Colombia ofrece dinero directo, pero el proceso puede llegar a ser largo y el fondo se agota con rapidez.
El esquema mexicano, en cambio, apuesta por certificados de crédito negociables que pueden aplicarse contra ISR o venderse para obtener liquidez inmediata, sin depender de asignaciones presupuestales directas.
Mientras el ecosistema colombiano es maduro y saturado —con alta demanda de plataformas internacionales—, México busca posicionarse como destino competitivo con menores costos base y mayor retorno de inversión potencial. Además, el decreto mexicano pone énfasis en la propiedad intelectual y en la retención de derechos en coproducciones, un diferencial frente a modelos centrados exclusivamente en servicios.
El nuevo crédito fiscal no garantiza por sí mismo una revolución industrial. Pero inaugura una etapa distinta: una política económica que reconoce a la producción audiovisual como motor de desarrollo regional, empleo especializado y proyección internacional.
Entre entusiasmo, prudencia y exigencia de transparencia, la comunidad cinematográfica coincide en una cosa: el verdadero impacto no se medirá en el porcentaje anunciado, sino en la claridad de los lineamientos, la agilidad administrativa y la capacidad de convertir el incentivo en una herramienta sostenible que fortalezca identidad, infraestructura y diversidad creativa.


