Con dos días de anticipación, la emoción comenzó a desbordarse. Desde el viernes por la noche ya se veían casas de campaña improvisadas, cobijas extendidas sobre el pavimento y grupos organizados que, entre risas nerviosas y termos de café, aguardaban el momento prometido. No era una simple fila: era una comunidad instalada para atestiguar el cierre de la gira de Shakira en el Zócalo de la Ciudad de México, uno de los escenarios más emblemáticos del país, y donde ayer rompió récord de asistencia al convocar a 400 mil asistentes, superando la cifra que en 2023 lograron Los Fabulosos Cadillacs, quienes ostentaban el primer lugar.
Desde muy temprano, ayer, la plancha lucía teñida de morado. Pelucas al estilo del video “Las de la Intuición”, lentejuelas que reflejaban el sol, botas altas, chamarras metálicas y maquillaje perfectamente delineado componían una pasarela espontánea. Pancartas hechas a mano con frases como “Las mujeres ya no lloran” y “México te ama” sobresalían entre la multitud. El ambiente no era solamente musical: era generacional.
Madres que en su adolescencia corearon “Pies descalzos” ahora sostenían la mano de sus hijas pequeñas. Abuelas, adolescentes, parejas jóvenes y grupos de amigos compartían anécdotas mientras el reloj avanzaba lento para la cita con la artista. Niñas como Gaby, de ocho años, quien llegó desde las diez de la mañana con su familia, no dejó de brincar ni un instante. “Es la primera vez que la voy a ver”, repetía con los ojos llenos de ilusión.
Al final del concierto, aún con la voz ronca, seguía repitiendo que había sido “el mejor día de su vida”.
El calor apretó durante horas, pero nadie cedió su lugar. El asfalto ardía y el aire parecía inmóvil; aun así, la emoción sostenía a todos. Desde Veracruz partieron tres autobuses con más de 150 seguidores que pagaron 900 pesos por viaje redondo con tal de no perderse la cita con la colombiana. Desde Chiapas llegaron Raúl y José Luis, quienes confesaron que salieron sin permiso de sus papás. “Valía la pena el regaño”, dijeron entre carcajadas, convencidos de que esa noche justificaría cualquier consecuencia, ya que por fin verían por primera vez a su ídolo musical.
A las 20:30 horas, las pantallas gigantes encendieron y un despliegue de luces bañó la plaza. El escenario, imponente, estaba rodeado por estructuras metálicas que sostenían reflectores móviles, llamaradas controladas y un sistema de audio que hacía vibrar el pecho. La silueta apareció entre humo y destellos con los primeros acordes de “La Fuerte”, tema con el que abrió su gira internacional. El grito colectivo fue inmediato, visceral.
“Buenas noches, México”, dijo Shakira mientras interpretaba sus grandes éxitos “Estoy aquí”, “Te felicito”, “Las de la Intuición”, “Inevitable”, “Hips Don’t Lie”, “Ojos así”, “Antología” y “Waka Waka”. Cada canción era recibida como un himno.
En “Antología”, la plaza entera se iluminó con miles de celulares que parecían constelaciones improvisadas; en “Hips Don’t Lie”, el ritmo caribeño transformó el corazón del Centro Histórico en una pista de baile multitudinaria; con “Waka Waka”, los colores vivos dominaron las pantallas mientras la coreografía era replicada por cientos de asistentes que convirtieron el Zócalo en una gran pista de baile.
La banda acompañó con precisión milimétrica. Guitarras eléctricas marcaban los momentos más intensos, mientras las percusiones latinas reforzaban la identidad sonora de la colombiana. Los coristas respaldaban cada nota, y el cuerpo de bailarines aportaba energía constante, ejecutando coreografías sincronizadas que encendían aún más el ánimo colectivo.
En cuanto al vestuario, la noche fue un desfile de brillos. Apareció primero con un atuendo dorado que reflejaba cada destello del montaje, como si absorbiera la luz de la plaza. Más adelante, se despojó de esa pieza para lucir sus tradicionales vestidos cortos y brillosos, donde el rosa fue protagonista junto a tonos neón que resaltaban bajo los reflectores. En cada cambio, el público respondía con ovaciones, celebrando no sólo la música, sino la presencia escénica de una artista que domina cada rincón del escenario.
En una pausa, visiblemente conmovida, tomó el micrófono y dejó que el silencio hablara antes de pronunciar palabras que parecían salirle desde lo más profundo. “Esto es un sueño, es un milagro. Gracias, México, por tanto amor”, comenzó. Y añadió con la voz entrecortada: “México es mi casa. Ustedes son mi familia. México y yo somos uno mismo. Nunca voy a terminar de agradecer el cariño que me han dado todos estos años”.
El eco de sus frases rebotó contra las fachadas coloniales mientras la multitud respondía con el ya clásico: “¡Shakira, hermana, ya eres mexicana!”.
El tramo final fue una explosión de energía. “La Loba” desató un rugido colectivo que hizo vibrar el suelo. Después llegó “BZRP Music Sessions #53”, convertida en catarsis compartida con sus fans. “Una loba como yo no está pa’ tipos como tú”, corearon miles con el puño en alto, transformando la ruptura en declaración de independencia emocional.
Antes de retirarse, extendió los brazos como queriendo abrazar la plaza entera y recorrió el escenario ondeando la bandera mexicana con una gran sonrisa y un rostro de agradecimiento. Dio vueltas completas, se inclinó en señal de respeto y lanzó besos hacia todos los ángulos posibles. “Gracias, México, esta noche me la llevo en el corazón“, resaltó Shakira, mientras desaparecía del escenario.
Así concluyó la travesía mexicana de la mujer que convirtió el dolor en himno y la resiliencia en espectáculo.
LIDERA EL RANKING
- SHAKIRA: 400 MIL
- LOS FABULOSOS CADILLACS: 300 MIL
- GRUPO FIRMe: 280 MIL
- PAUL MCCARTNEY: 230 MIL
- VICENTE FERNÁNDEZ: 217 MIL
Reportan saldo blanco e implementan operativo
TRAS el desaforo del Zócalo de la Ciudad de México, luego del concierto de la cantante Shakira, el secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez Camacho, reportó saldo blanco. En diversos puntos de acceso se implementó un fuerte dispositivo de seguridad.
“Con el desaforo del Zócalo de la Ciudad de México tras el concierto de esta noche, puedo reportar que concluimos con saldo blanco”, informó en su cuenta de X.
Para salvaguardar a los asistentes, el Gobierno capitalino no sólo prohibió la venta de alcohol en el primer cuadro de la ciudad. Desplegó a tres mil 800 policías y estableció filtros para entrar al Zócalo, los cuales causaron confusión entre los asistentes por los objetos que en algunos eran decomisados y en otros no.
“Sí me encontré con policías que sí te revisan y todo, pero a mi mamá le quitaron la sombrilla, porque no podía pasar con ella, y qué mal, por la salud de mi mamá, pues el sol está fuerte y hay muchísima gente aquí con sombrillas que pudo pasar”, dijo Ana.
En un recorrido, este diario observó que cada dispositivo en los accesos al Zócalo tenía criterios diferentes de revisión. Mientras que en Madero no había problema con pasar con sombrillas, eso no ocurría en 5 de Mayo, donde inclusive no se permitía pasar con cinturón.
Decenas de personas prefirieron tirar sus cinturones, bancos, sombrillas, comida y hasta perfumes en ese acceso, con tal de ver a Shakira.
Desde muy temprano, en el Zócalo ya había basura que los asistentes y comerciantes tiraban, por lo que personal de limpia lo retiraba y lo mismo hacía con objetos que les eran retirados a los asistentes en los filtros de seguridad.
Por otro lado, habitantes de entidades, como Jalisco, Guerrero y Guanajuato, que sufrieron de narcobloqueos la semana pasada por el abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, acudieron a la capital del país para disfrutar del concierto de Shakira.
En un ambiente festivo y colorido, Margarita y su familia arribaron tras haber vivido en la semana un episodio violento en Zapopan, Jalisco.
“Vivimos en la periferia y se quemaron camiones en tres zonas de donde estamos. Estuvo muy feo”, dijo a La Razón.