Llega hoy a cines de México

El testimonio de Ann Lee, una visión idílica de la religiosa

La película dirigida por Mona Fastvold es un híbrido entre un musical con aire barroco y un drama; se profundiza poco en esta mujer que clamó por la igualdad de género

Amanda Seyfried, al dar vida a Ann Lee. Foto: Especial

La película El testimonio de Ann Lee, dirigida por la también actriz Mona Fast-vold, es un híbrido entre musical con aire barroco y drama de ínfulas históricas. Se recarga más en la visión idílica de la líder religiosa Ann Lee que en los registros de aquella época en la que impulsó el movimiento Shaker —Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo— entre Inglaterra y el continente americano.

Sin embargo, lo que le sobra de compromiso en interpretaciones, coreografías y diseño de producción, le falta en atención a la hora de dimensionar el contexto social del siglo XVIII donde se desarrolla la historia, para lograr sustentar los planteamientos con respecto a su protagonista y la trascendencia de lo que éstos representaron para la época.

  • El Dato: En 1774, Ann Lee y sus seguidores se asentaron en Albany, en Nueva York, Estados Unidos, donde fundaron una aldea.

El filme reconstruye la lucha de Ann Lee, quien se reivindicó como la nueva emisaria de Dios en el siglo XVIII y predicó el celibato absoluto, la igualdad de género y un estilo utópico de vida comunitaria. Con la Sociedad Unida de Creyentes creó uno de los grupos de su tipo más estables y exitosos de Estados Unidos.

Pero en la propuesta fílmica poco se exploran las razones por las que Ann Lee consiguió una base tan numerosa de fervientes seguidores hasta llegar a ser considerada la versión femenina de Jesucristo e instaurar una Iglesia en el Nuevo Mundo. La mayor parte del tiempo da la impresión de que las cosas suceden porque así lo dice el guion y hay que hacer avanzar el relato, lo cual debilita el mensaje de igualdad que refiere la trama.

También, la épica a la que aspira se queda en la anécdota y la seductora forma, pues los antagonistas nunca terminan de tomar rostro, dejando que la amenaza que encarnan y la transgresión que ejecutan se queden en el mero hecho sin aludir a las implicaciones de intolerancia, estigmatización y abuso.

A nivel de producción, el filme cuenta con cantos y bailes que hipnotizan a los espectadores. Aspecto que se complementa con un armonioso elenco actoral que encuentra su cúspide en la enfocada intensidad gestual y corporal del febril despliegue histriónico de una inspirada Amanda Seyfried —Lovelace: Garganta profunda (2013), La empleada (2025)—. Complementan el reparto Lewis Pullman como su hermano William y Christopher Abbott como su opresivo esposo Abraham.

A lo anterior se suma la capacidad de hacer de la teatralidad la herramienta ideal para materializar el fervor espiritual que raya en el éxtasis y no está exento de misterio y mucho fanatismo.

En El testimonio de Ann Lee hay atrevimiento estilístico y se saca provecho de la visceralidad que le otorga haber sido filmada en 35 milímetros, pero es un tanto estéril. Se trata de una estimulante ilustración que, si bien logra generar algo de interés por investigar acerca de su protagonista, se debe a lo que le termina haciendo falta en el fondo, que es lo que entrega con su plástica cautivadora y envolvente dramatismo.

El filme llega a la cartelera mexicana tras su estreno el año pasado en el Festival Internacional de Cine de Venecia, cargando con un par de nominaciones a los Globos de Oro.

En la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, Amanda Seyfried, la protagonista, recibió una ovación de pie que se prolongó durante 15 minutos, por lo que la artista no pudo contener las lágrimas de emoción ante tan efusiva respuesta.