SOSTENER una cartelera activa en uno de los recintos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ya no responde a un esquema institucional, sino a una lógica de riesgo constante. Así lo plantea Rebeca Moreno, administradora del Teatro Xola, ubicado al sur de la Ciudad de México, quien ha tenido que convertir la programación en una estrategia precisa para sobrevivir dentro de un modelo donde el respaldo desapareció.
“Los teatros del IMSS son una red extraordinaria, no existe otra igual. Es como una gran carretera… pero ahora los productores somos los que debemos subirnos con nuestros propios recursos y ver si logramos avanzar”, afirmó en entrevista con La Razón de México Rebeca Moreno.
La realidad es directa: no hay subsidio para la creación. “La gente piensa que hay presupuesto, pero no. El IMSS ya no produce. Eso quedó atrás. Hoy todo depende de que la gente compre un boleto, así funciona. En un espacio de 500 butacas, cada función representa una apuesta que debe sostenerse por sí misma”, resaltó la también productora.
Lejos de una curaduría tradicional, Moreno explicó que programar implica leer el comportamiento del público casi a detalle: “No eliges sólo una obra, eliges el momento. El espectador cambia todos los días. El lunes llega de una forma, el jueves de otra. Hay que entender si viene cansado, si quiere distraerse o si busca algo más profundo. Después de la pandemia eso se transformó completamente”.
A ello se suma el contexto particular del recinto, ubicado dentro de un complejo hospitalario: “Es un espacio que se reconvirtió y eso influye en quién llega y cómo llega. Tienes que ajustar constantemente”.
El resultado es una cartelera que combina distintos frentes: desde clásicos como Un tranvía llamado deseo hasta propuestas recientes que nacen incluso desde plataformas digitales. “Hoy tienes que moverte con lo que está pasando. Hay contenidos que conectan porque vienen de nuevas audiencias y nuevos lenguajes”, dijo.
El entorno tampoco juega a favor. “Es un año complicado. Hay factores externos como el Mundial que cambian los hábitos. La gente se vuelve más cautelosa y eso impacta directamente”, explicó. Aun así, Rebeca Moreno insistió en que el modelo se sostiene por la iniciativa de quienes lo operan: “Aquí hay colaboración, pero quienes invertimos, programamos y mantenemos esto en pie, somos los productores”.
Más allá de lo económico, defiende el valor del encuentro escénico. “El teatro responde a una necesidad humana. Somos seres que necesitan reunirse, compartir emociones. Eso sigue siendo esencial”, aseguró. Esa visión también se refleja en acciones concretas, como abrir espacio para personas mayores en cada función: “Es un público que creció con este sistema y que sigue encontrando aquí un lugar”.
Con más de tres décadas de trayectoria, Rebeca Moreno lo resume sin matices: hoy hacer teatro implica sostenerse función tras función. En ese equilibrio, cada decisión cuenta y cada resultado pesa. Actualmente, el Teatro Xola sostiene una cartelera activa con títulos como El ángel de Varsovia, 12 princesas en pugna, Le cambio su vieja por una nueva y Mil veces no, además de nuevas propuestas como ¡Oh, Karen!, que se integran a la programación regular del recinto.


