En Monterrey, NL.
En su décimo cuarta edición, el Tecate Pal Norte confirmó desde su primer día por qué es uno de los festivales con más convocatoria del país, e Interpol fue quien terminó por hipnotizar al público en el escenario Tecate Light durante anoche.
Vestidos de negro, con esa estética casi uniforme que los ha convertido en un sello visual inconfundible, la banda neoyorquina apareció entre una pantalla en blanco y negro que reforzaba su identidad sobria y elegante. Conforme avanzaba el show, los visuales mutaron hacia destellos rojos intensos, acompañando la urgencia de su sonido: bajos profundos, guitarras reverberantes y una atmósfera que remitía directamente a la melancolía urbana de Nueva York.

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Desde los primeros acordes, el público respondió como en un acto ritual. Temas como “The Rover” y “My Chemistry” marcaron el arranque, antes de dar paso a momentos clave con “Slow Hands” y “C’mere”, coreadas con fuerza por miles de asistentes que encontraron en su música un espacio de introspección. Paul Banks, vocalista de la banda, se mostró cercano con el público regio, agradeciendo constantemente y soltando frases en español que fueron recibidas con entusiasmo. Su presencia, sobria pero magnética, terminó de consolidar una presentación sin excesos, pero con una precisión musical estética que dominó uno de los escenarios más importantes del festival.
Más temprano, durante las primeras horas de la jornada, el calor pegaba con la fuerza típica de una tarde de primavera sobre el Parque Fundidora, pero esto no fue obstáculo para que miles de asistentes abarrotaran cada rincón.
- 150 artistas al menos están participan en esta edición
Monterrey se mostró en todo su esplendor: vibrante y hospitalaria. Entre sombreros, banderas ondeando un León omnipresente y la infaltable carne asada en la zona gastronómica, el ambiente vibraba en todo momento.
La energía se hacía sentir desde el escenario Fusión Telcel, donde los asistentes coreaban “¡La Mosca!, ¡La Mosca!”, anticipando la aparición de la banda argentina, que respondió a la expectativa del público con clásicos como “Para no verte más” y “Te quiero comer la boca”, en un viaje directo a la nostalgia noventera.
Un poco más tarde, DLD tomó el escenario principal con un set sólido que reafirmó su lugar dentro del rock nacional. El cantante Francisco Familiar agradeció el regreso a tierras regias mientras canciones como “Todo cuenta”, “Arsénico” y “Mi vida” eran coreados con una fuerza inusual.
Entre la multitud, una historia llena de fortuna y casualidad destacó por entre las demás: una fan proveniente de León, Guanajuato, que había encontrado al vocalista en el aeropuerto de la capital regia. Al pedirle la fotografía él le prometió “nos vemos más tarde en el festival”, y cumplió. Para ella, era la décima vez viendo a la banda y, fortuitamente, fue el mejor regalo en la antesala de su cumpleaños número 34.

Ya entrada la noche, con Morat, el tono se volvió más emocional y, para algunos, hasta personal. Entre luces cálidas y un coro multitudinario, frases como “México duele cabrón” y “Tu cárcel” resonaron entre los asistentes. Temas como “Cómo te atreves”, “Besos en guerra” y “No se va” provocaron más de una lágrima entre los fans, pero siempre acompañados de miles de voces al unísono.
El momento cumbre llegó cuando la banda dejó que el público completara el verso: “sabiendo que tus besos matan, moriré de amor”, en una de las postales más intensas de la velada, que, para ese entonces, ya se sentía más fresca. Para cerrar, pidieron saltar a todos los presentes, logrando una despedida enérgica que terminó con el baterista lanzando su baqueta al público como muestra de agradecimiento.
Cuando parecía que la jornada no podía ofrecer más, llegó una sorpresa: La Arrolladora Banda El Limón irrumpió en el escenario desatando una fiesta colectiva. “El final de nuestra historia”, “Ya te perdí la fe” y “Y que quede claro” convirtieron el espacio en un karaoke masivo, donde desconocidos cantaban —y se lamentaban— juntos, abrazados.

EUFORIA POR 31 MINUTOS. Las gorras rojas con orejas de conejo, audífonos improvisados y calcetines con ojos, anticipaban uno de los momentos más esperados del día. El fenómeno 31 Minutos abarrotó el escenario Fusión Telcel con una esperada mezcla de nostalgia y espectáculo que cruzó generaciones.
“¡Bodoque!, ¡Tulio!”, gritaban los fans mientras el show arrancaba con el carisma característico del programa. Con Guaripolo como maestro de ceremonias, la aparición de un arrogante pero divertido Tulio Triviño desató la locura del público del Tecate Pal Norte.
El pequeño Juanín, con su entrañable nerviosismo, fue ovacionado en múltiples ocasiones mientras que, la estrella del espectáculo, Juan Carlos Bodoque, también apareció como un héroe inesperado, al tiempo que Calcetín con Rombosman robaba las miradas.
Con “Diente Blanco no te vayas”, 31 minutos rindió un gran homenaje a México, al fusionarla con “Querida”, de Juan Gabriel, demostrando que el cariño de los creadores del programa es recíproco hacia nuestro país.
“Bailan sin cesar” y “Yo nunca vi televisión” cerraron un set que combinó humor, crítica social y música en partes iguales. Entre el público, un grupo proveniente de Ciudad de México —con cinco ediciones consecutivas asistiendo al festival de Monterrey— coincidía en algo: el show fue increíble, aunque breve. “Lo que más nos gusta, es que nunca se les acaba la creatividad”, dijeron.

