Si hay un lugar que para el super villano cambiaformas Clayface pudiera ser lo que Ciudad Gótica es a Batman, la cual con su decadencia social delineada por atisbos de resistencia representa origen y reflejo de su propia oscuridad emocional y mente fracturada, ese no podría ser otro que Los Ángeles. Es en los matices de las reales implicaciones de las supuestas oportunidades de entrar a Hollywood, mismas que tarde o temprano suelen resquebrajar el esplendor de dicha urbe y su presunción de fábrica de sueños, donde resulta de una trágica naturalidad establecer la analogía con este ser atormentado aquí convertido en protagonista, quien decide abandonar su otrora vida criminal a la sombra del hombre murciélago, e ir en la búsqueda de consolidar su carrera como actor.
Y es que tal cambio de aires no obedece al afán de alcanzar una posible redención, sino a la plena conciencia de la existencia de ese lado hipócrita del sistema en la industria del espectáculo, donde el compañerismo y la admiración mutua se extinguen ante la falta de escrúpulos cuando se trata de conseguir un papel en alguna gran producción, y además asumirlo con frialdad y cinismo para luego usarlo como justificación de obsesiones propias y dar rienda suelta a la insólita capacidad que le otorga su cuerpo de arcilla para cambiar de apariencia y consumir las vidas de quienes tienen la desgracia de cruzarse en su camino rumbo al éxito.
En la trama escrita por Colin Kelly y Jackson Lanzing, el diálogo con la trágica confesión adjudicada al viejo “Capucha Roja” -cuyas versiones incluyen la del comediante que luego se convertiría en el Joker-, se repite una y otra vez como parte de los ensayos y audiciones para una película, estableciendo así un juego de ficción dentro de la ficción que no solo es una simple referencia a la obra maestra Killing Joke y la forma en que, sentenciando “Solo fue un mal día”, daba punto final a su descarnado discurso sobre los escrúpulos y la amoralidad, sino un replanteamiento del mismo como una forma de auto condescendencia que alcahuetea el asesinato.
Los cuadros con insertos de formato de guion cinematográfico y las secuencias que aluden recursos técnicos como el montaje, amén de los pasajes donde estalla un estilizado body horror, mientras la base de colores pálidos en dramáticas viñetas trabajadas por el artista Xermánico bañan de desencanto las visiones del ensueño que promete ser Los Ángeles, redondean este inquietante concepto que a través del detrás de cámaras explora la patología de uno de los siempre interesantes enemigos del vigilante encapotado y se convierte en una de las mejores entregas de la serie Batman One Bad Day. La colección completa es publicada en México por editorial Panini en elegantes tomos de pasta dura que incluyen la apreciable galería de portadas alternativas realizadas por ilustradores como Hayden Sherman, quien entrega una genial versión tipo cartel de los 50s con todo el espíritu de las producciones de monstruos clásicos.