Basada en la novela del escritor italiano Niccolò Ammaniti, Netflix estrena hoy la serie No tengo miedo, dirigida por Ernesto Contreras, Alba Gil y Alejandro Zuno, en la que también existe una reflexión sobre la identidad del cine y las series mexicanas.
“Me gustaría que en nuestro país perdiéramos el miedo a mostrar lo que somos”, afirmó a La Razón la actriz Fátima Molina.
- El Dato: LA TRAMA se desarrolla en junio de 1986, coincidiendo con la Copa del Mundo. Mientras el país estaba paralizado por el futbol, el protagonista vive una pesadilla.
“Muchas veces queremos hacer un contenido parecido al de Inglaterra o Estados Unidos, lo cual no debería ser porque somos mexicanos, no tendríamos por qué actuar de cierta manera. Hay que perderle el miedo a nuestra esencia porque respetarla me parece supervalioso”, añadió.

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Lejos de pensar en una competencia directa con otras industrias, consideró que el verdadero reto consiste en dejar de esconder aquello que hace diferente al audiovisual mexicano.
“No digo que no estemos abiertos a explorar más allá, pero muchas veces intentamos copiar algo que ni siquiera está en nuestro diafragma y termina siendo antinatural. Me gusta mucho lo que estamos mostrando aquí porque No tengo miedo tiene una esencia totalmente mexicana, desde las actuaciones hasta todo lo que sucede alrededor”, dijo.
La producción protagonizada por Luis Alberti, Fátima Molina y Humberto Busto traslada la historia al Veracruz de 1986, donde un niño descubre un secreto que cambiará para siempre la manera en que entiende el mundo de los adultos.
La actriz Fátima Molina, quien interpreta a Teresa, una madre trabajadora dedicada junto con su esposo a la recolección de café, explicó que el personaje representa cómo las circunstancias pueden llevar a personas a tomar decisiones equivocadas.
“Teresa ama profundamente a sus hijos y a su esposo. Son personas trabajadoras que se ven atravesadas por una situación muy negativa y empiezan a tomar decisiones que no son las mejores. Lo interesante es entender por qué llegan hasta ahí y cómo todo termina afectando a los niños”, comentó.
Para Fátima Molina, uno de los mayores logros de la serie consiste en que el espectador nunca deja de cuestionarse qué haría si enfrentara las mismas condiciones.
“Es un proyecto que pone muchos temas sobre la mesa y a mí siempre me va a gustar contar este tipo de historias. La calidad, los valores de producción y las actuaciones pueden competir con proyectos de talla internacional”, resaltó.
Esa misma búsqueda por encontrar una identidad fue la que acompañó al director Alejandro Zuno desde que Netflix decidió adaptar la novela italiana.
“El proyecto nace por Netflix y la gran idea fue mexicanizar la historia. Ernesto Contreras decidió ubicarla en Veracruz y desde el proceso de escritura comenzamos a construir una versión que conservara la fuerza emocional del libro, pero con una identidad mexicana”, explicó a La Razón.
El cineasta consideró que uno de los mayores aciertos de la adaptación fue ampliar el universo de los personajes adultos, prácticamente ausente en la obra.
“La novela y la película estaban muy enfocadas en los niños. Aquí pudimos desarrollar a los adultos y entender cómo la desesperación, las condiciones precarias y el deseo de ofrecerles un futuro distinto a sus hijos terminan llevándolos a cometer errores”, contó.
Precisamente esa complejidad hizo que el equipo revisara el rumbo de la historia para evitar enviar un mensaje equivocado. “Nunca quisimos hacer una apología del secuestro ni del crimen. Queríamos que personajes como Teresa fueran profundamente humanos, con contradicciones, con errores y también con cosas luminosas. Ahí estaba el verdadero reto”, dijo el cineasta.
A nivel técnico, No tengo miedo se convirtió en la producción más exigente que Alejandro Zuno ha dirigido hasta ahora. “Había efectos especiales, helicópteros, drones, peleas, escenas con muchos actores y también con ocho niños al mismo tiempo. Nunca había dirigido a tantos niños y ése fue otro gran desafío porque había que abordar temas muy delicados respetando siempre su integridad”, comentó.
Sobre el crecimiento de las series mexicanas, el realizador Alejandro Zuno consideró que el panorama atraviesa uno de sus momentos más interesantes.
“Hoy existe una gran pluralidad de temas y estilos. Las plataformas han permitido que muchos cineastas podamos explorar otros formatos y hacer entretenimiento que también invite a la reflexión”, concluyó.

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