En su nuevo largometraje animado, Miguel Ángel Uriegas (La increíble historia del Niño de Piedra, El ángel en el reloj) nos transporta a un futuro distópico donde la humanidad vive profundamente dividida.
En este escenario, los hermanos Fran y Serendín sueñan con abandonar su pueblo para llegar a El Reino, un paraíso terrenal resguardado por imponentes murallas; para la mayoría, la única vía de acceso es montar clandestinamente a La Bestia, una colosal criatura utilizada por los mercaderes como transporte.
Cuando los hermanos son separados de forma abrupta, emprenden una peligrosa odisea no solo para reencontrarse, sino para descubrir quiénes son realmente en medio de un mundo fragmentado.
“En [el estudio] Fotosíntesis seguimos una línea de entretenimiento con causa, trabajando mano a mano con asociaciones para investigar realidades como la de los migrantes y convertirlas en alegorías de fantasía”, señaló en entrevista con La Razón el director sobre el origen del proyecto.
“A través del cine buscamos generar conciencia y mover a la acción; tras abordar el cáncer infantil y la inclusión [en proyectos anteriores], para esta nueva película nos aliamos con ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) para sumergirnos en la travesía que viven las personas en situación de movilidad”, explicó acerca de la minuciosa investigación que nutrió el filme.
“Observamos casos como el trayecto de La Bestia [el tren] y la labor de personas como Las Patronas para diseñar un universo animado dirigido a los más jóvenes”, enfatizó, refiriéndose al enfoque de la historia. La animación permitió condensar y trazar en los protagonistas las distintas etapas del desplazamiento forzado para abrir una conversación urgente.
“Todos fuimos niños y seguimos viendo caricaturas, la mitología del filme bebe mucho de referentes del anime japonés y del cine de Hayao Miyazaki como Nausicaä del Valle del Viento”, detalló al hablar del origen estético y conceptual de su universo animado.
“Historias donde la humanidad colapsa por el abuso de los recursos y la naturaleza reclama lo suyo nos inspiraron para construir este reino”, agregó.
“Diseñamos un mundo que vivía en comunión hasta que la ambición humana desató una gran guerra por el control del poder, generando una brecha abismal entre quienes lo acaparan todo y las comunidades marginadas”, puntualizó.
Sobre el trasfondo ecológico y la dimensión política de la trama señaló que “es una clara simbología sobre cómo el actuar de las grandes potencias y la explotación desmedida impactan en el desplazamiento forzado de millones de personas”.
“Teníamos la ambición de retratar batallas, ejércitos y un universo fantástico complejo, pero la animación es costosa y nos enfrentamos a fuertes contratiempos, afortunadamente se consolidó una alianza que nos llevó a optar por un modelo de animación híbrido que nos garantizó una fotografía sumamente cuidada sin poner en riesgo la esencia narrativa”, concluyó Uriegas.
Un reino para todos nosotros ya se encuentra en la cartelera mexicana.
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MSL
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