Espejos remotos vivos

México interior resguardado por hermosas lagunas

Aguas continentales revelan el patrimonio natural del país a través de montañas; viajes pausados redefinen la contemplación de corazones de agua llenos de vida y paisajes de verdadero ensueño

Hermosa vista de la laguna de Bacalar.
Hermosa vista de la laguna de Bacalar. Foto: Especial

México posee una geografía que va mucho más allá de sus litorales. Lejos de la espuma del mar y del turismo acelerado, las lagunas emergen como territorios donde el tiempo parece diluirse. Son espacios de agua quieta que concentran biodiversidad, memoria y paisajes imposibles de replicar. En ellas, el viaje deja de ser una carrera y se transforma en una experiencia sensorial marcada por el silencio, el color y la observación. Tres lagunas, ubicadas en distintos puntos del país, confirman que el corazón natural de México late con fuerza tierra adentro.

Al sur de Quintana Roo se extiende la Laguna de Bacalar, uno de los cuerpos de agua dulce más impresionantes del país. Con más de 40 kilómetros de longitud, este sistema lagunar es célebre por sus múltiples tonalidades de azul, resultado de la combinación entre profundidades variables y fondos de arena clara. Bacalar se ha convertido en un referente de equilibrio entre disfrute y conservación: aquí predominan las actividades no motorizadas, los muelles sencillos y una relación directa con el entorno.

  • EL Dato: Los tours en lancha o velero, tienen un costo que van desde 250 a 450 pesos. Actividades como kayak, snorkel y natación tienen un costo extra guiadas por expertos.

La presencia de estromatolitos —organismos milenarios considerados origen de la vida— convierte a la laguna en un sitio de enorme valor ambiental, donde la belleza no se impone, se protege.

Además, puedes disfrutar de la comida típica del Pueblo Mágico, el cual ofrece productos frescos del mar. No te puedes perder el hermoso espectáculo que ofrecen las formaciones rocosas vivas que requieren protección; se encuentran en áreas como Los Rápidos.

Por otra parte, en el extremo sur, Chiapas resguarda uno de los conjuntos lacustres más singulares de Mesoamérica: las Lagunas de Montebello. Dentro de un parque nacional que abraza la frontera con Guatemala, más de 50 lagunas aparecen dispersas entre bosques de pino y encino. Cada una presenta una identidad propia: azules intensos, verdes profundos o matices violáceos que cambian según la luz del día. Montebello no es un destino de postales rápidas, sino de recorridos pausados, senderos silenciosos y miradores naturales.

Una de sus maravillas es Cinco Lagos: conocido por sus vistas panorámicas desde los miradores y su gran profundidad, que alcanza los 162 metros en algunos puntos. La experiencia invita a caminar, cruzar pequeñas balsas y detenerse frente al agua para entender la diversidad del sur mexicano desde una perspectiva íntima y contemplativa.

Hacia el centro del país, en el altiplano poblano, la Laguna de Alchichica rompe con cualquier idea preconcebida sobre estos ecosistemas. La Laguna de Alchichica es un “mar oculto” ubicado en el municipio de Tepeyahualco, Puebla, justo en el límite con Veracruz. Se trata de un axalapasco (cráter volcánico lleno de agua) con una profundidad máxima de unos 64 metros y un diámetro de 2 kilómetros, caracterizado por sus aguas altamente salinas y alcalinas. Con aguas salinas de tono esmeralda, rodeada por formaciones minerales blancas que contrastan con el paisaje semidesértico, su apariencia casi extraterrestre la ha convertido en objeto de estudio científico por las especies endémicas que alberga. No existen complejos turísticos alrededor ni infraestructura invasiva; Alchichica se visita con respeto, como un santuario natural donde la quietud es parte del entorno.

Bacalar, Montebello y Alchichica demuestran que las lagunas mexicanas no sólo son destinos, sino narrativas vivas del territorio. En ellas convergen ciencia, historia y naturaleza en estado puro. Explorar estos espacios es recordar que México guarda algunos de sus tesoros más profundos lejos del ruido, en superficies de agua que reflejan, con honestidad, la gran riqueza interior del país.