ERAN las 19:45 horas del domingo 18 de enero cuando una tragedia ocurrió en un tramo ferroviario cerca de Adamuz, en la provincia española de Córdoba: los tres últimos vagones de un tren de la compañía Iryo que viajaba de Málaga a Madrid descarrilaron, lo que provocó que colisionara con un tren del servicio Alvia de la empresa estatal Renfe, que circulaba por la vía contigua, pero en sentido inverso.
El brutal choque ha dejado 40 muertos y 150 heridos, aunque las cifras podrían aumentar conforme se sigan recuperando cuerpos de los convoyes siniestrados.
De acuerdo con las autoridades, el accidente es desconcertante, ya que se produjo en una recta, con trenes nuevos y revisados.
Entre las hipótesis destacan el fallo de la infraestructura, pues se ha confirmado que hay roturas en las vías; sin embargo, hace falta determinar si es “la causa o la consecuencia”. Otra teoría apunta a las ruedas: un defecto en éstas a gran velocidad habría generado un margen de maniobra mínimo.
Por último, la posible acumulación de pequeños errores pudo crear condiciones peligrosas que terminaron por ocasionar la brutal colisión entre los convoyes.
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