EN EL CUARTO AÑO de la invasión rusa a Ucrania, la guerra entre ambos países ya no sólo se mide en territorio disputado, avances militares o bajas civiles, sino en su capacidad para transformar el mundo contemporáneo.
El conflicto ha redefinido las reglas del combate, el equilibrio geopolítico y la vida cotidiana de millones de personas, convirtiéndose en un “laboratorio” de los horrores del siglo XXI, donde conviven tecnología avanzada y métodos de combate propios de otro tiempo.
Tras cuatro años de conflicto, el costo de reconstrucción de Ucrania supera los 486 mil millones de dólares, según un informe reciente de la Organización de las Naciones Unidas, reflejo de la devastación en su infraestructura.

Del rastreo a la captura: así fue la caída del capo
Hoy el campo de batalla es casi totalmente visible gracias a drones baratos y satélites que vigilan en tiempo real.
También destacan los drones FPV, armas de bajo costo capaces de destruir equipos militares sofisticados.
A la par, redes sociales y sistemas satelitales influyen en la estrategia y, pese a la tecnología, persisten combates de desgaste con artillería y trincheras, mientras civiles participan en ciberataques, borrando la línea entre combatientes y población.

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