La basura electrónica es, desde hace algunas décadas, un problema ambiental y de salud a nivel global debido a nuestro creciente consumo de dispositivos tecnológicos y su inadecuado desecho.
México ocupa el décimo lugar mundial en generación de estos residuos, con alrededor de 12 kg por persona al año.
Muchos de estos aparatos contienen metales tóxicos que, al degradarse en basureros, producen sustancias capaces de contaminar suelos y cuerpos de agua, mientras que sólo una pequeña parte se recicla correctamente, por lo que especialistas de la UNAM han advertido en publicaciones recientes que el reto principal es mejorar su manejo, fomentar el reciclaje y alargar la vida útil de los equipos para reducir su impacto medioambiental.
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