DESPUNTANDO en el horizonte del Centro Histórico de la Ciudad de México, la Torre Latinoamericana celebra hoy 70 años de ser el primer “guardián” de acero de la capital.
Erigida sobre lo que fue el antiguo convento de San Francisco, su construcción a cargo del arquitecto Augusto H. Álvarez representó la máxima ambición de modernidad en la década de los 50.
Con 182 metros de altura y 44 niveles, este coloso de 25 mil 100 toneladas desafió la geología del Valle de México con una cimentación innovadora de 361 pilotes hincados a 34 metros de profundidad.
Diseñado para “flotar” sobre el suelo arcilloso, fue el primer rascacielos del mundo con fachada de cristal y aluminio; además, su resiliencia fue un ejemplo para otras construcciones, pues ha salido ilesa de los grandes sismos de 1985 y 2017, consolidándose como un ícono de la ingeniería mexicana y un símbolo que define la identidad urbana.

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