Para este año, el territorio mexicano enfrenta un pronóstico adverso por el impacto de los incendios forestales, cuya incidencia ya comienza a significar una presión para los combatientes de los siniestros al observarse un crecimiento de 1.3 por ciento, lo que se suma a un pronóstico más duro por la baja estimación de lluvias y una mayor probabilidad de sequía en el territorio nacional.
Al corte del 19 de marzo, el número de incendios acumulados desde el 1 de enero hasta el 19 de marzo era de mil 783, ya por arriba de los mil 759 al mismo corte de 2025.
- El Dato: En Jalisco, brigadistas de Tlajomulco y la Unidad Estatal de Protección Civil y Bomberos trabajaban hasta ayer para sofocar un incendio dentro del Bosque de la Primavera.
No obstante este aumento, el número de áreas afectadas –83 mil 618 hectáreas– se mantiene por debajo del impacto del año pasado, que fueron 129 mil 89 hectáreas, de acuerdo con la Comisión Nacional Forestal (Conafor).
Sin embargo, este panorama no significa necesariamente una mejora de la situación, ya que el aumento en el número de siniestros habla de una mayor frecuencia ante la que los equipos de emergencia deben responder, explicó el director de la División de Ciencias Forestales de la Universidad Autónoma Chapingo, David García Cintora.
“Este matiz es importante de considerar, porque el panorama no se resume sólo en si hay más o menos hectáreas quemadas; se tiene que hay más eventos ocurriendo en menos tiempo, lo que implica que hay mayor presión para la detección, atención y combate. Esto es sumamente importante de considerar, dado que las brigadas de combate o de manejo del fuego son importantes para tratar este aspecto”, declaró.
Independientemente de que hay menos superficie afectada, esto sólo es una referencia con relación a 2025, porque al comparar con los años anteriores se observa que las 83.6 miles de hectáreas afectadas en 2026 ponen a éste como el segundo año con más daños desde 2020.
A esto se suma la advertencia de que este año se registran condiciones de mayor riesgo para que se propicien incendios. Esto es efecto de la intensa temporada de lluvias que se extendió a lo largo del territorio nacional.
García Cintora también explicó que las intensas precipitaciones de 2025 provocaron naturalmente el crecimiento de vegetación, que ahora con la llegada de las temporadas de calor y ausencia de lluvias, pasan a ser vegetación seca que se convierte en materia combustible, la cual alimentará el fuego que se llegue a generar a su alrededor.
El 2025 tuvo la segunda temporada con más ciclones tropicales categoría 5, empatando con 2017 y uno por debajo del récord que mantenía 2005. Además, la elevada cantidad de lluvia que cayó el año pasado consiguió que las presas nacionales alcanzaran un almacenamiento de 72 por ciento.
El panorama se complica con los pronósticos para este año, ya que, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua), se espera una “lámina de lluvia” 42 por ciento por debajo del promedio histórico.
“Actualmente estamos bajo la influencia de la Niña, un fenómeno climático que enfría las aguas del Pacífico ecuatorial y modifica los patrones de lluvia y temperatura, con posibilidad de transición hacia el Niño, que está caracterizado por el calentamiento de esas mismas aguas. Esto genera variabilidad en los patrones climáticos.
“Además, se pronostican lluvias por debajo del promedio durante marzo y la presencia de varias ondas de calor entre marzo y mayo… El hecho de que el año pasado fue muy húmedo representa que existe demasiada biomasa, demasiada vegetación que creció el año pasado y que ahorita ya está seca, está en esas condiciones y eso significa combustible”, explicó el especialista
De las 83.6 mil hectáreas afectadas por incendios hasta la semana pasada, 61.2 mil de ellas, es decir 73.26 por ciento, se asientan en superficies herbáceas, lo cual únicamente está por debajo de 2025, pero sí se encuentra por encima de los registros de superficies herbáceas afectadas por incendios en los años pasados, hasta 2020.
“Durante esta temporada hay condiciones propicias para que la ocurrencia de incendios forestales, incluso en un contexto donde la sequía no es generalizada se pueda dar. Es decir, el país no se enfrenta necesariamente a menos incendios, sino a un escenario donde el comportamiento del fuego depende de la interacción entre el clima, los combustibles y las actividades humanas”, remarcó el especialista.
Hasta el último corte de la Conafor, las entidades del la República con la mayor superficie afectada por estos siniestros son San Luis Potosí, Oaxaca, Zacatecas, Jalisco, Guerrero, Guanajuato, Chiapas, Hidalgo, Puebla y Aguascalientes.
La mayor proporción de los incendios, 27.4 por ciento, son de causa desconocida. Otros motivos principales son los intencionales, actividades agrícolas, pecuarias y fogatas.
El último reporte de Conafor, emitido el 19 de marzo, establece que había 23 incendios activos en siete entidades federativas, que afectaban una superficie preliminar de dos mil 290 hectáreas y seis de los cuales estaban presentes en terrenos correspondientes a áreas naturales protegidas.


