A nadie le llamó la atención al principio. Julio César “N” caminaba en las calles de la Purísima Ticomán como cualquier joven que busca un lugar donde encajar, con mochila ligera y respuestas breves. Tres meses bastaron para que su paso dejara apenas rastros en quienes lo vieron de cerca. Hoy, esos fragmentos toman otro peso.
Bajo el ruido de los recreos, un excompañero de secundaria recordó a un muchacho “normal”. Así lo definió, sin matices al inicio. Luego añadió otra capa al recordar que cada vez que Julio César mostraba interés por temas que él describió como “cosas queer o de niñas”, las burlas aparecían. El acoso se volvió constante. Entre risas ajenas y señalamientos, su conducta cambió.
- El Dato: De acuerdo con el reporte oficial, cuatro víctimas del ataque permanecen internadas en el Hospital Regional de Alta Especialidad de Ixtapaluca, donde se encuentran estables.
Con el tiempo, esa presión modificó su conducta. “Se clavaba mucho con algunas compañeras, como si necesitara atención de alguna forma”, añadió. La convivencia nunca logró consolidarse en amistad. “No tenía amigos de verdad”, insistió. Cambiaba de intereses con rapidez, sin dar explicaciones, como si probara identidades que no terminaba de asentarse.
Aquel excompañero sostuvo que la aparente normalidad escondía una necesidad constante de validación. “No destacaba por nada, pero quería que alguien lo volteara a ver”, dijo.
Cuando el grupo lo aislaba, su conducta se volvía errática. “Un día intentaba encajar con unos, al siguiente se alejaba de todos”. Nadie logró construir un vínculo estable con él, insiste, como si esa ausencia pesara más ahora que antes.
Sobre la calle Cerrada de San Luis, en La Purísima Ticomán, otra historia se construyó lejos del bullicio escolar. Daniel, dueño del inmueble, alquilaba cuartos amueblados a estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN). En 2018, Julio César llegó con una versión clara: estudiar.
El trato inicial le pareció suficiente para rentarle un cuarto. Durante su estancia, la impresión fue distinta a la del entorno académico. “Era respetuoso, pagaba a tiempo, saludaba siempre”, señaló. Aun así, hubo detalles que llamaron su atención. “Siempre tenía libros, daba un aspecto de alguien muy intelectual”, señaló.
Fuera del domicilio, una tienda de barrio ofrece otro ángulo. La mujer que atiende el local lo vio algunas veces: “Era muy callado”. Nunca lo observó acompañado, llegaba solo, compraba lo necesario y se marchaba sin más palabras. Su presencia resultaba discreta, casi invisible.
A unas casas de distancia, una vecina observó la historia desde la banqueta. Lo veía pasar con la mirada fija en el suelo, sin detenerse a conversar. “No era grosero, pero evitaba a la gente”, comentó.
Su rutina nunca cambió: salidas cortas, compras rápidas, regreso inmediato. “Vivía en silencio”, resumió. Esa discreción, casi imperceptible, lo mantuvo fuera del radar de todos. Ninguna de esas piezas por sí sola anticipaba el desenlace.
Juntas, sin embargo, dibujan una trayectoria marcada por el aislamiento, la burla y una identidad en conflicto.
Sólo quedan testimonios que no encajan del todo, versiones que apenas se tocan. Nadie logró ver el cuadro completo. Sólo ahora, cuando el nombre de Julio César ya no pasa inadvertido.
Lanzan plan para atender salud mental de menores
› Por Yulia Bonilla
Tras encontrar que la población joven registra mayores vulnerabilidades psicológicas, como depresión, ansiedad y estrés, en comparación con la población adulta, el Gobierno federal presentó el plan ABC de las Emociones, dirigido a alumnos de tercero de secundaria y todos los grados de bachillerato, con el fin de atender temas de salud mental en adolescentes de 14 a 18 años.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025, 10 por ciento de adolescentes presentan malestar psicológico, lo cual rebasa el indicador entre adultos; 3.3 por ciento registra ideación suicida, 18 por ciento violencia y 4.7 por ciento consumo de cualquier droga.
- 2 mil profesionales de la salud se sumarán a la Línea de la Vida
Derivado de esto y de los episodios violentos que se han registrado al interior de escuelas, se emprendió un plan compuesto por seis ejes para una estrategia que priorizará la atención a este grupo etario a través de la prevención temprana y oportuna, expuso el secretario de Salud, David Kershenobich.
Los puntos de este plan son: una campaña masiva de sensibilización; la entrega de 18 millones de guías para jóvenes; actividades en escuelas; asambleas informativas; pláticas interactivas y el fortalecimiento de la Línea de la Vida.
El secretario de Salud sostuvo que se realizará un enfoque escolar y comunitario, con un abordaje diferenciado que tratará de entender, mas no estigmatizar, los factores de riesgo como parte de la transformación a la salud, en la cual se debe ver que, ahora, las redes sociales se ubican como otro factor que incide en la salud mental de los jóvenes.
A partir de mayo de este año, se ha instruido que alumnos de secundaria y preparatoria tendrán una hora semanal para que interatúen y compartan sus emociones. En el nuevo ciclo escolar se convocará a las madres y padres de familia, con el objetivo de guiarlos hacia una mejor compañía de sus hijos.
La Presidenta Claudia Sheinbaum señaló que la finalidad es “fomentar los valores espirituales y atender a los jóvenes” que requieren dedicación.
“Esta es una estrategia nacional. Y el centro es que cuidarnos es un acto colectivo. Este es un programa que no sólo es del Gobierno hacia los jóvenes, sino que es de la sociedad: es que padres y madres de familia participemos, que sepamos dónde están nuestros hijos, que los atendamos. Y que también, si tenemos alguna duda, puedan acceder a algún lugar para poder participar e informarse”, explicó.


