La comunidad jurídica nacional despiden a una de sus figuras más emblemáticas y respetadas. Luis Santos de la Garza, abogado, empresario y pilar histórico del Partido Acción Nacional (PAN), falleció este lunes a la edad de 104 años, tras una vida dedicada a la consolidación de las instituciones democráticas y el rigor legal.
Nacido en 1922 en Piedras Negras, Coahuila, pero regiomontano de corazón, Santos de la Garza fue un testigo de la historia de México.
Egresado de la Universidad de Nuevo León en 1945, destacó rápidamente por su visión en el derecho mercantil.
Tuvo gran impacto en el sector empresarial de Monterrey. En 1965, fundó junto al exgobernador Eduardo Elizondo Lozano el despacho Santos Elizondo, el cual se ha convertido en un referente jurídico fundamental a nivel nacional.
Además de su labor legal, ejerció un liderazgo al presidir el Centro Patronal de Monterrey y la Casa de Bolsa de Monterrey, roles en los que se consolidó como un representante ético del empresariado regiomontano.
Debido a esta trayectoria, en 2014 el Poder Judicial del Estado de Nuevo León le rindió un homenaje especial, otorgándole el distintivo de “abogado ciudadano” ejemplar.
Su paso por la política
Su gran pasión fue la participación pública, fue miembro del PAN desde 1941 y amigo cercano del fundador Manuel Gómez Morín.
Fue uno de los impulsores clave en la creación del Instituto Federal Electoral (IFE), hoy INE, defendiendo siempre la autonomía ciudadana en los comicios.
A pesar de haber ocupado cargos como senador, diputado local, regidor en Monterrey y síndico en San Pedro, Don Luis siempre sostuvo que la política era una obligación moral de todos.
Su filosofía de vida quedó plasmada en su libro biográfico “Diezmo Ciudadano”, escrito por el historiador César Salinas.
En sus últimas apariciones públicas, tras cumplir los 100 años, el abogado mantenía su convicción intacta.
La decisión de participar en la cosa pública debe seguir en todo ciudadano... que esto sea un estímulo para las nuevas generaciones
Su partida deja un vacío profundo en su familia, encabezada por su esposa, María Teresa Theriot, y sus seis hijos, así como en un sistema electoral mexicano que él ayudó a transformar desde sus cimientos.