Se ausentan las protestas

Azteca despide su Mundial con una última milla tomada por la fiesta y sin protestas

El espacio emblemático se convierte en una fiesta mexicana que hermana a ingleses y mexicanos; la afición celebra último encuentro de México hasta el último momento; extranjeros reconocen la hospitalidad recibida

AFICIÓN mexicana celebra el encuentro deportivo con la esperanza de triunfo, ayer.
AFICIÓN mexicana celebra el encuentro deportivo con la esperanza de triunfo, ayer. Foto: David Patricio |La Razón

La última jornada mundialista en el Estadio Azteca transcurrió sin las protestas ni incidentes que marcaron otras fechas del torneo. La zona de seguridad alrededor del inmueble, conocida como la última milla, cambió el rostro que mostró durante semanas y quedó ocupada por música, bailes, aficionados de México e Inglaterra y cientos de personas que acompañaron, desde el exterior, la despedida del Tricolor.

Bajo una lluvia intermitente, los caminos hacia el estadio se llenaron de bandas de pueblo, grupos tradicionales y vendedores que convivieron con seguidores de ambas selecciones. El agua aparecía por momentos con fuerza, aunque no detuvo los festejos ni el flujo constante de personas que avanzaban entre cánticos hacia las puertas del inmueble.

A diferencia de los encuentros anteriores, las calles cercanas no recibieron movilizaciones de colectivos sociales, madres buscadoras o personas que exigían justicia para los perros franciscanitos. Los espacios que antes sirvieron como escenario de esas expresiones públicas dieron paso al intercambio de playeras, fotografías y saludos entre mexicanos e ingleses.

Debajo de los puentes, donde todavía permanecían decenas de aficionados sin entrada, la celebración también encontró espacio. Al compás de tambores y trompetas, seguidores mexicanos invitaron a visitantes británicos a bailar mientras una botella de tequila cambiaba de manos. Entre risas, un hombre con la camiseta de Raúl Jiménez y otro con el de Harry Kane unieron los hombros para formar una ronda al ritmo de “La víbora de la mar”.

Niños de ambos países también formaron parte del ambiente. Un pequeño con la camiseta de la Selección Mexicana celebró sobre los hombros de su padre, mientras otro aficionado inglés, vestido con el tradicional pantalón azul de su representativo, hacia lo mismo con un sombrero de paja que llevaba escrita la frase “Viva México”, regalo que recibió durante el recorrido.

Personal encargado de la seguridad describió la jornada como tranquila. Los elementos permanecieron desplegados y conservaron la capacidad para cerrar la última milla en caso de alguna contingencia o manifestación de último momento, aunque esa medida no resultó necesaria.

Frente a los accesos del estadio persistió otra escena característica de los grandes partidos. Decenas de personas levantaron carteles y teléfonos con mensajes para comprar un boleto que les permitiera ingresar al encuentro entre México e Inglaterra.

Charlie, un joven originario de Londres, sostuvo durante horas una caja con la leyenda “Busco un boleto”. Contó a La Razón que reservó un vuelo directo a México desde el momento en que conoció que su selección jugaría en el Estadio Azteca y aseguró que el viaje valió la pena pese a no conseguir una entrada. También agradeció el trato recibido durante su estancia: “La hospitalidad de los mexicanos ha sido increíble”, expresó tras tres días en la capital.

Muy cerca de él, Jorge relató una historia distinta. Explicó que un vendedor le ofreció un boleto en las inmediaciones del estadio, pagó 40 mil pesos y después descubrió que era falso. A pesar de la pérdida económica, permaneció en la zona con la esperanza de encontrar una entrada auténtica antes del silbatazo inicial.

Cuando comenzó el partido, la última milla dejó de ser únicamente un perímetro de seguridad. Los cantos, los abrazos entre desconocidos, las fotografías compartidas y la expectativa de quienes nunca lograron entrar, transformaron ese espacio en una extensión del propio estadio. Desde ahí, cientos de personas acompañaron el cierre de la participación mexicana en el Mundial y despidieron al Azteca como sede de una nueva cita mundialista. 

Encaran a Cuauhtémoc Blanco afuera del México-Inglaterra

Por Elizabeth Hernández

El diputado federal, Cuauhtémoc Blanco Bravo, llegó al partido México-Inglaterra entre reclamos de activistas que lo ubicaron a bordo de una camioneta negra en la que el funcionario se dirigía al Estadio Ciudad de México.

La protesta ocurrió este domingo, previo al encuentro de octavos de final entre México e Inglaterra. En las grabaciones se observa a varias personas que pintan consignas y acusaciones sobre la camioneta que conducía el legislador morenista.

Entre los reclamos que le hicieron al gobernador pesaron las acusaciones por abuso sexual, sus supuestos nexos con el narcotráfico y el asesinato del activista Samir Flores.

“¡Asesino!”, gritaron manifestantes mientras la unidad avanzaba entre los asistentes, elementos de seguridad y personal encargado de controlar el paso hacia el estadio.

Los inconformes también golpearon la carrocería y mantuvieron las consignas durante algunos minutos, en medio del flujo de los aficionados que acudían al partido de la Selección Mexicana.

Algunos elementos de seguridad del diputado federal bajaron de las camionetas para alejar a los manifestantes, e incluso se hicieron de palabras antes de poder avanzar.

Blanco Bravo, exgobernador de Morelos, permaneció dentro de la camioneta durante el reclamo. El vehículo continuó su ruta sin que el morenista respondiera a los manifestantes. El episodio se sumó a otros reclamos públicos contra el exfutbolista durante actividades relacionadas con la Copa del Mundo. En días previos, los aficionados también lo increparon tras el partido entre Ecuador y la Selección Nacional.


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