En su mensaje por el 216 aniversario del inicio de la Independencia, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) pidió a quienes gobiernan en todos los órdenes que “la libertad no sea concesión sino garantía”, y demandó que la seguridad y la justicia dejen de ser promesas, además de escuchar a las víctimas.
En un comunicado, la CEM señaló que México llega a 2026 con avances, pero también con “heridas abiertas” provocadas por la violencia, la desaparición de personas, la impunidad, la desigualdad y el desplazamiento forzado de comunidades enteras.
- 12 puntos abordó la Iglesia en el llamado a la libertad
“Celebrar la Independencia no es cerrar los ojos”, sostuvo el Episcopado en el documento “Llamados a la libertad”, en el que afirmó que el país ha avanzado en la conciencia de los derechos, la participación de las mujeres, el fortalecimiento de las instituciones, la solidaridad ante los desastres y el anhelo social de paz.
Sin embargo, advirtió que esos avances conviven con problemas que continúan afectando a la sociedad.
La CEM colocó la libertad como uno de los ejes centrales de su mensaje y recordó que la dignidad de toda persona no puede ser otorgada ni retirada por ningún poder.
En particular, pidió proteger la libertad de expresión, para lo cual consideró necesarios medios plurales, periodistas protegidos y un debate público que no descalifique a quienes piensan distinto.
También defendió la libertad religiosa, entendida no sólo como el derecho al culto, sino como la posibilidad de creer, educar conforme a las propias convicciones, asociarse, servir y aportar públicamente al bien común.
A cien años del inicio del Conflicto Religioso de 1926, los obispos llamaron a mantener viva esa memoria y señalaron que cuando se restringe la libertad de conciencia, “es la nación entera la que se lastima”. Por ello, pidieron que la libertad religiosa sea plenamente reconocida como un derecho humano fundamental para católicos y para todas las confesiones religiosas del país.
El Episcopado defendió además el papel social de la Iglesia y enumeró acciones de asistencia y acompañamiento mediante Cáritas, colegios, universidades, fundaciones educativas, casas del migrante, comedores, dispensarios, albergues para mujeres y niños y centros de defensa de los derechos humanos, entre otras.
De cara al proceso electoral, la CEM pidió que “el debate público esté a la altura del pueblo que lo sostiene” y convocó a los ciudadanos a amar a México mediante la participación, el cumplimiento de sus responsabilidades y el cuidado de quienes menos tienen.
Los obispos ofrecieron, por su parte, comunidades abiertas, “manos para servir”, capacidad para denunciar sin odio y disposición para tender puentes donde otros levantan muros.
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