La Arquidiócesis mexicana advirtió que la inteligencia artificial ya interviene en decisiones relacionadas con el trabajo, la reputación, los servicios y los derechos de las personas; llamó a establecer reglas que protejan la dignidad humana.
La Iglesia católica mexicana llamó a establecer límites y reglas para el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), ante la creciente incorporación de estas herramientas en decisiones que pueden afectar directamente la vida de las personas.
En su editorial semanal Desde la Fe, la Arquidiócesis mexicana señaló que el avance tecnológico no debe generar temor ni rechazo, pero advirtió que la capacidad de los sistemas de IA no puede sustituir el discernimiento, la responsabilidad y la capacidad humana para tomar decisiones.
“Mientras buscamos construir máquinas cada vez más capaces, debemos asegurarnos de no entregarles nuestra capacidad de discernir, asumir responsabilidades y decidir nuestro futuro”, sostuvo.
La institución religiosa consideró que la discusión sobre la IA debe ir más allá de determinar qué pueden hacer las nuevas tecnologías y concentrarse también en las consecuencias de su utilización.
“El verdadero progreso no puede medirse sólo por aquello que una tecnología es capaz de hacer”, planteó, sino que también debe preguntarse “a quién sirve, qué protege y qué clase de sociedad ayuda a construir”.
La Iglesia católica advirtió que la discusión sobre la regulación adquiere mayor relevancia debido a que la inteligencia artificial ya interviene en procesos relacionados con el trabajo, la reputación, el acceso a servicios y los derechos de las personas.
Por ello, consideró necesario establecer reglas que permitan aprovechar los avances tecnológicos sin desplazar la dignidad humana como principio central.
La Arquidiócesis también planteó una serie de preguntas que, a su consideración, deben formar parte del debate regulatorio en México: qué decisiones pueden quedar exclusivamente en manos de un algoritmo, quién debe asumir la responsabilidad cuando una decisión automatizada provoca un daño y qué mecanismos deben existir cuando la tecnología pone en riesgo empleos, derechos de autor, la verdad o la seguridad.
El planteamiento coloca el debate no solamente en la capacidad técnica de los sistemas de IA, sino en la responsabilidad que deben conservar las personas y las instituciones que los utilizan: “No de la tecnología, sino de cómo se utiliza”.
La Iglesia aclaró que su posición no parte de un rechazo al desarrollo tecnológico.
“No mira con temor ni rechazo el desarrollo tecnológico”, señaló, aunque insistió en la necesidad de establecer reglas capaces de conciliar la innovación con la protección de la dignidad humana.
El editorial sostuvo que México tiene la oportunidad de construir un marco regulatorio que evite tanto una postura de temor frente a la tecnología como una confianza sin límites en sus capacidades.
“México tiene, por tanto, la oportunidad de construir una regulación que no nazca del miedo a la tecnología, pero tampoco de una confianza ingenua en ella”, concluyó.
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LMCT
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