Temen que tradición se reduzca al Instagram

Advierten que el mercantilismo pueda golpear tradición y ritual

En Día de Muertos,turistas saturan espacios sagrados; mexicanos denuncian desplazamiento del sentido espiritual; expertos dicen que la apropiación del patrimonio genera desigualdades

Familias acuden al panteón de Sta. María Atzompa, Oaxaca, desde el 31 de octubre. Foto: Cuartoscuro

En Día de Muertos, los panteones, iglesias y espacios ceremoniales de distintas comunidades mexicanas reciben a miles de turistas atraídos por los rituales, ofrendas y tradiciones. Pero detrás de las fotografías, recorridos turísticos y la derrama económica, habitantes denuncian saturación e invasión de espacios sagrados y la comercialización de sus costumbres que amenaza con desplazar el sentido comunitario de las celebraciones.

Un recorrido realizado por La Razón permitió recoger testimonios sobre cómo los panteones dejaron de ser espacios familiares para recordar a quienes ya no están, para volverse “algo instagrameable”, como lo nombró la señora Naty Cortés, desde un panteón en Janitzio, Michoacán.

Comentó que mientras las familias limpian las tumbas, colocan flores, encienden veladoras, rezan y comparten alimentos con sus difuntos, y en las iglesias y centros de culto las comunidades realizan las ceremonias que forman parte de sus tradiciones y de una herencia cultural generacional, en esos mismos lugares: “Llegan jóvenes a emborracharse y a tomarse la foto en tumbas de seres que para nosotros eran queridos”.

  • El Dato: Este Día de Muertos 2026, la Secretaría de Turismo estimó una derrama económica total de 15 mil 373 millones de pesos derivada del flujo de visitantes a nivel nacional.

Cortés criticó que, durante las celebraciones de Día de Muertos, algunos de estos espacios han dejado de ser exclusivamente lugares de encuentro espiritual y familiar para convertirse en atractivos turísticos, recorridos comerciales y escenarios para tomar fotografías y videos que se convertirán en objetos de consumo viral.

Dijo que es contradictorio, ya que la llegada de miles de visitantes representa una oportunidad económica para comerciantes y prestadores de servicios, pero también genera tensiones entre quienes acuden a cumplir con sus rituales y quienes llegan para consumir una experiencia de tipo cultural.

En otro punto de México, en San Andrés Mixquic, en la alcaldía Tláhuac de la CDMX, la tradicional celebración de Día de Muertos se enfrenta a una creciente presión turística. El panteón donde las familias realizan la Alumbrada para recordar a sus difuntos, recibe visitantes que buscan presenciar y fotografiar uno de los rituales más representativos de la capital.

Los habitantes advierten que el problema es que la saturación puede interferir con las prácticas rituales familiares: visitantes que pisan tumbas, invaden espacios de oración o dificultan el acceso de quienes acuden a colocar sus ofrendas.

  • El Tip: En Mixquic, CDMX, y Janitzio, Michoacán, las familias pasan las noches del 1 y 2 de noviembre en el panteón para llevar a sus seres queridos mariachis, tríos o bandas locales.

Una investigación académica publicada en octubre de 2026 en la revista International Journal of Event and Festival Management, realizada por Driselda Sánchez-Aguirre y Bruna Galindo Moury Fernandes, documentó precisamente los efectos del turismo temporal excesivo en Mixquic. A partir de entrevistas con residentes y visitantes, así como observación de las celebraciones, encontró saturación espacial y afectaciones en el bienestar percibido por habitantes y turistas.

La antropóloga Cristina Oehmichen, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha advertido sobre la diferencia entre celebrar una tradición y convertirla en un espectáculo para los visitantes.

“El conflicto no consiste necesariamente en impedir que los turistas conozcan las costumbres mexicanas, sino en establecer límites para que la experiencia de quienes visitan no termine desplazando las necesidades y los derechos culturales de quienes habitan las comunidades”, dijo.

En Oaxaca de Juárez, la transformación también alcanza a los camposantos. Los recorridos por los panteones de San Miguel y Atzompa, así como las tradicionales muerteadas del Valle Eteco, se han incorporado a paquetes turísticos que incluyen guías, caracterizaciones y experiencias gastronómicas.

En 2024, habitantes y especialistas advirtieron sobre la saturación de los cementerios y el desplazamiento de las lenguas originarias y del español por recorridos dirigidos a visitantes extranjeros.

En Janitzio, Michoacán, la celebración nocturna en el panteón también se enfrenta las contradicciones del turismo masivo. La llegada de visitantes genera ingresos para la comunidad, pero puede alterar el carácter íntimo y ceremonial de una noche dedicada a los difuntos.

El investigador Daniel Hiernaux Nicolas, de la Universidad Autónoma de Querétaro, ha advertido que el turismo urbano masivo puede encarecer los inmuebles, desplazar a residentes tradicionales y convertir los centros históricos en escaparates de un pasado preparado para el consumo.

A su vez, David Navarrete, investigador de la Universidad de Guanajuato, ha documentado cómo la apropiación turística del patrimonio puede generar desigualdades y excluir a los habitantes tradicionales del disfrute de sus propios espacios.

La discusión no es si las tradiciones deben permanecer inmóviles. Las celebraciones cambian y se adaptan con el paso del tiempo. El problema aparece cuando las comunidades pierden la capacidad de decidir cómo se desarrollan sus ceremonias, quién puede acceder a sus espacios de culto y de qué manera se distribuyen los beneficios económicos.

Amada Martínez Canto, profesora de Historia y Patrimonio Cultural de la Universidad de Coahuila, comentó que, por primera vez, el acceso a un cementerio en México estará restringido al turismo general durante el 1 y 2 de noviembre.

“La medida permitirá que los habitantes de la isla de Janitzio realicen la tradicional velación, mientras los visitantes podrán observarla desde un andador panorámico”, detalló.

Explicó que, por primera vez, la tradicional Noche de Muertos en Janitzio, Michoacán, se modificó este año, ya que los turistas no podrán ingresar al panteón de la isla durante las celebraciones del 1 y 2 de noviembre. El acceso estará reservado exclusivamente para las familias de la comunidad, que podrán acudir al camposanto para realizar la velación y honrar a sus difuntos.

“La restricción representa un cambio en una de las celebraciones más concurridas del país, que cada año atrae a visitantes nacionales y extranjeros interesados en presenciar la ceremonia nocturna en el cementerio, donde las tumbas se adornan con flores, velas y ofrendas”, refirió.

Don Adislao Torres, habitante de Janitzio, dijo que la decisión fue anunciada por autoridades estatales y comunales, que explicaron que el cierre responde a los trabajos de rehabilitación que se realizan en el panteón, luego del desgajamiento de un terreno ocurrido en agosto pasado en las inmediaciones del lugar: “no porque respetaran nuestra tradición, y eso que llevábamos mucho diciéndoles que respetaran”.

Recordó que el incidente provocó daños en tumbas, cruces y parte de la barda perimetral, por lo que se determinó restringir el ingreso del público externo para evitar riesgos durante las festividades. De acuerdo con información difundida sobre la recomendación de Protección Civil, la prioridad es garantizar la seguridad de quienes acuden al recinto.

“Aquí sí hay tensión entre la promoción turística de la Noche de Muertos y el carácter comunitario de una ceremonia dedicada a recordar a quienes ya fallecieron. En Janitzio, la velación forma parte de una tradición purépecha que conserva un profundo significado familiar y espiritual. Más allá de su atractivo para quienes llegan cada año a fotografiarla, para nosotros es respetar a las almas; no las dejan que se acerquen a sus familias en medio de tanto bullicio”, consideró el hombre de 76 años.

Iglesia pide solidaridad con deudos

En el marco de las celebraciones del Día de Todos los Santos, este 1 de noviembre, y de la Conmemoración de los Fieles Difuntos, el día 2, la Iglesia católica en México llamó a renovar la esperanza en la resurrección, rezar por quienes fallecieron y acompañar a las familias que atraviesan un duelo.

A través de su editorial semanal Desde la Fe, la Arquidiócesis de México destacó que el acompañamiento a quienes perdieron a un ser querido no debe limitarse a los primeros días posteriores al fallecimiento, sino mantenerse en solidaridad y cercanía.

Explicó que, de acuerdo con el calendario católico, el 1 de noviembre se celebra a Todos los Santos, es decir, a quienes ya gozan de la presencia de Dios, incluidos los que no han sido canonizados. En tanto, el 2 de noviembre se encomiendan a la misericordia divina a los fieles difuntos. Ambas celebraciones, subrayó, tienen como fundamento la esperanza que nace de la resurrección de Jesucristo.

La Iglesia católica señaló que las acciones deben acompañar a quienes sufren, actuar con justicia, misericordia, evitar agresiones y contribuir a la paz.

Claudia Arellano