México tendrá una frontera gobernada por demócratas, pero sometida a las decisiones migratorias de Donald Trump. La victoria de Gina Hinojosa en Texas completó el mapa azul de los cuatro estados vecinos y abrió una nueva disputa sobre vigilancia y seguridad al sur de Estados Unidos.
La legisladora se sumará en 2027 a Xavier Becerra, vencedor en California; Katie Hobbs, quien obtuvo la reelección en Arizona, y Deb Haaland, triunfadora en Nuevo México. Los cuatro gobiernos estatales de la frontera mexicana quedarán en manos del partido opositor a la Casa Blanca, y con propuestas muy claras sobre el control de la frontera.

Para México, el cambio de gobierno en Texas abre interrogantes sobre el futuro de la Operación Lone Star, una estrategia que el aún gobernador Greg Abbott impulsó con una inversión de 11 mil millones de dólares para instalar barreras fronterizas, desplegar a la Guardia Nacional y detener a migrantes por delitos estatales.

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Lone Star también amplió las facultades de las corporaciones de seguridad. Un estudio del Centro Strauss de la Universidad de Texas en Austin documentó en 2026 que la policía estatal extendió sus actividades a patrullajes fronterizos, labores de inteligencia y coordinación con otras agencias. Esta estructura representa uno de los principales desafíos para Hinojosa, pues cualquier cambio en la política migratoria requerirá revisar los mecanismos de operación y cooperación que estableció su antecesor.
- El Dato: Cerca de 6.3 millones de hispanos tenían derecho a votar en Texas en 2026, aunque especialistas advierten que el electorado latino no constituye un bloque homogéneo.
California y Arizona ofrecen otro frente de cooperación para México. Becerra y Hobbs podrán fijar prioridades estatales sobre salud, seguridad y relaciones con ciudades vecinas. Haaland, la primera mujer indígena que llegará a una gubernatura estadounidense, hará lo propio en Nuevo México. Ninguno controlará las reglas federales de asilo, pero podrían oponer resistencia a las medidas migratorias de Trump.
Josefina Pérez, residente de Houston y activista migratoria, relató que durante los últimos años las familias extranjeras enfrentaron un ambiente de incertidumbre por los operativos policiales y las restricciones que impulsó el gobierno de Abbott. A su juicio, el triunfo de Hinojosa representa una oportunidad para modificar las políticas estatales.
“La gente espera que las cosas cambien, pero también sabemos que el Gobierno federal seguirá con sus operativos. No basta con cambiar de partido, necesitamos que cambie la manera en que las autoridades tratan a los migrantes”, expresó Pérez.
La activista consideró que una de las primeras decisiones que deberá enfrentar Hinojosa será el futuro de Lone Star, particularmente los recursos destinados a la vigilancia fronteriza.
Hinojosa tendrá facultades para modificar la estrategia de seguridad fronteriza de Texas, pero necesitará el respaldo del Congreso estatal, donde los republicanos conservan influencia sobre las decisiones presupuestales. Una de sus primeras definiciones será la continuidad Lone Star.
Cualquier cambio en ese programa tendrá implicaciones para los seis estados mexicanos que comparten frontera con Texas, especialmente en materia de migración y coordinación de seguridad.
Para los expertos, la “frontera azul” ofrece a México nuevos interlocutores, no una frontera abierta. Las decisiones sobre policías, infraestructura y cooperación federal marcarán sus efectos reales sobre el comercio y la migración.

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