La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y de suesposa, Cilia Flores, anunciada por el gobierno de Estados Unidos tras una operación militar nocturna, provocó una inmediata polarización política en ese país, con voces que la celebran como un acto de justicia y otras que la condenan por considerarla ilegal y riesgosa.
Por su parte, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, calificó la acción como un “acto de guerra”, un secuestro y una violación del derecho federal e internacional. Advirtió que se trató de una operación unilateral para forzar un cambio de régimen y subrayó que sus efectos alcanzan directamente a la ciudad, donde viven decenas de miles de venezolanos. También aseguró que su administración priorizará la seguridad de esa comunidad y del resto de los neoyorquinos.
En contraste, líderes republicanos respaldaron la operación. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, afirmó que Maduro debe rendir cuentas por delitos de narcotráfico por los que ya había sido acusado en tribunales estadounidenses. El vicepresidente JD Vance elogió a las fuerzas especiales que participaron en la captura y sostuvo que nadie puede evadir la justicia viviendo en el poder.
Desde el Partido Demócrata, legisladores como Hakeem Jeffries y Chuck Schumer cuestionaron que Donald Trump actuara sin autorización del Congreso y advirtieron sobre las consecuencias de una acción militar sin un plan claro, al tiempo que insistieron en que aún hay preguntas clave sin respuesta sobre el rumbo que seguirá Estados Unidos tras la detención.

