El conflicto entre Israel y Líbano se intensificó en medio de acusaciones cruzadas y daños crecientes a la infraestructura civil, en un escenario que, según el presidente libanés, Joseph Aoun, pudo evitarse si se hubiera cumplido el acuerdo de cese del fuego de 2024. El mandatario afirmó que Israel no respondió a los llamados para retirarse del sur del país, lo que derivó en una nueva fase de hostilidades. Sus declaraciones se produjeron tras recientes bombardeos en Beirut y ataques a lo largo del río Litani, donde puentes clave han sido destruidos. Joseph Aoun advirtió que estas acciones buscan aislar a comunidades enteras del sur libanés.
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Desde Israel, el ministro de Defensa, Israel Katz, sostuvo que el Ejército mantendrá el control de la zona hasta el río Litani y de los puentes restantes. Confirmó que cinco estructuras ya fueron detonadas y reiteró que los desplazados no podrán regresar hasta garantizar la seguridad. La estrategia incluye una franja de seguridad entre la Línea Azul y el Litani, donde continúan operaciones militares.
La ofensiva ha provocado miles de desplazados y una grave afectación territorial. La ONU establece que esta área debe permanecer desmilitarizada, salvo para fuerzas internacionales y el Ejército libanés, condición que hoy no se cumple.
En este contexto, Francia condenó la intención israelí de controlar la zona, al considerar que vulnera principios básicos para la estabilidad regional. Su canciller, Jean-Noël Barrot, pidió respetar la soberanía libanesa y avanzar en negociaciones inéditas entre ambos países. Asimismo, la relatora de la ONU, Francesca Albanese, denunció que Israel replica en Líbano e Irán patrones similares a los aplicados en Gaza. Señaló un modus operandi sostenido con respaldo internacional y llamó a una intervención global para frenar la escalada. Desde el inicio de las hostilidades el 2 de marzo, más de mil personas han muerto en Líbano, incluidos niños.

