La policía de Israel impidió el acceso del cardenal Pierbattista Pizzaballa, el jefe de la Iglesia Católica en Jerusalén, a la iglesia del Santo Sepulcro, para celebrar la misa de Domingo de Ramos, un hecho que fue calificado como “sin precedentes” por los representantes de esta ciudad y provocó fuertes reacciones internacionales.
El Patriarcado Latino de Jerusalén denunció los hechos a través de un comunicado recuperado por agencias internacionales, en donde acusó que, en un “incidente sin precedentes desde hace siglos”, se impidió el acceso al cardenal, a su comitiva privada, y a Francesco Ielpo, responsable del recinto.
La expulsión de estos personajes impidió la celebración de la misa, uno de los eventos religiosos más importantes en Jerusalén, epicentro histórico de las conmemoraciones por Semana Santa, que inician este día con el Domingo de Ramos.
La policía de Israel justificó la decisión como una medida de seguridad en el contexto de la guerra contra Irán. Argumentó que la zona representa un riesgo operativo para servicios de emergencia en caso de ataques o incidentes masivos.
Las autoridades indicaron que los lugares sagrados de la Ciudad Vieja fueron cerrados por orden del Ejército, especialmente aquellos sin espacios protegidos.
En el mismo sentido se pronunció el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quien respaldó la actuación policial y negó que hubiera alguna mala intención en este cierre.
“No hubo ninguna malicia, sino solo preocupación por su seguridad”, se lee en un comunicado de la oficina del primer ministro.
No obstante, Irán, quien sostiene un conflicto con Israel y aliados de Estados Unidos en Medio Oriente, negó que esté llevando a cabo ataques en la infraestructura religiosa de su rival, y aseguró que sus ofensivas apuntan solamente a instalaciones militares.
Asimismo, la decisión de la policía de Israel provocó reacciones al exterior y al interior del país. El diputado israelí, Ayman Odeh, cuestionó la legalidad del operativo y pidió explicaciones al Ministerio de Defensa.
Aseguró que la ceremonia no violaba las restricciones vigentes y que existía una coordinación previa para permitir la celebración de la misa.
Mientras que, al exterior, Francia, Jordania, Italia, Polonia, Portugal y la Autoridad Palestina también condenaron lo ocurrido.
Una de las reacciones más destacadas vino del embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, quien condenó estos hechos como un “lamentable abuso de poder”, con acciones “difíciles de comprender o justificar”.
Israel anunció que trabaja en un plan para permitir celebraciones religiosas durante el resto de la Semana Santa bajo condiciones de seguridad.
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