La confrontación entre Estados Unidos e Irán entró en una nueva fase de presión diplomática y militar luego de que el embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, emplazara a los países árabes del golfo a definir públicamente de qué lado se encuentran tras la guerra de Washington, Tel Aviv contra Teherán que sacude Oriente Próximo y altera el equilibrio estratégico de la región.
Durante una conferencia celebrada en Israel, Mike Huckabee lanzó un mensaje directo a los gobiernos del Golfo: “Elijan un bando”. El diplomático sostuvo que la reciente ofensiva deja una lección clara para las monarquías árabes al demostrar, según dijo, que Israel representa un aliado dispuesto a protegerlos, mientras Irán constituye una amenaza directa para su seguridad y estabilidad política.
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El embajador afirmó que los ataques iraníes con misiles y drones contra diversos puntos estratégicos del golfo dejaron al descubierto la vulnerabilidad regional frente a Teherán. En contraste, defendió que Israel ha actuado como un socio confiable. Como ejemplo, destacó el apoyo brindado a Emiratos Árabes Unidos mediante el despliegue de baterías del sistema Cúpula de Hierro y personal militar especializado para reforzar la defensa aérea durante el conflicto.
Por su parte, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, aseguró ayer ante la Comisión de Servicios Armados del Senado que Irán se encuentra “aterradoramente cerca” de producir material apto para armamento nuclear.
Según explicó, Teherán estaría a pocas semanas de enriquecer suficiente uranio para alcanzar niveles utilizables con fines militares, aunque reconoció que posteriormente sería necesario un proceso adicional de militarización. El funcionario remarcó que el objetivo central de la estrategia estadounidense es impedir de forma definitiva cualquier capacidad nuclear armamentística iraní.
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Las declaraciones refuerzan la narrativa impulsada por la Casa Blanca tras la ofensiva militar lanzada el 28 de febrero. La portavoz presidencial, Olivia Wales, afirmó que Irán fue “aplastado militarmente” y aseguró que su infraestructura balística quedó destruida, al igual que sus instalaciones estratégicas.
Sin embargo, reportes de inteligencia divulgados por medios estadounidenses contradicen parcialmente esa versión. Los informes apuntan a que Teherán logró restaurar el acceso operativo a 30 de sus 33 instalaciones misilísticas ubicadas en torno al estrecho de Ormuz.
Desde Teherán, la respuesta fue inmediata. El portavoz del Ministerio de Defensa, Reza Talaei-Nik, advirtió que si Washington no acepta las condiciones presentadas por Irán en la mesa de negociación deberá prepararse para “repetir derrotas pasadas en el campo de batalla”.
En la misma línea, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, aseguró que completar la victoria obtenida en el terreno mediante un acuerdo diplomático sería la vía “más racional y beneficiosa”, aunque dejó claro que Teherán no cederá en sus demandas estratégicas.
Mientras las negociaciones mediadas por Pakistán siguen estancadas, el cierre parcial del estrecho de Ormuz ha comenzado a golpear severamente al mercado energético internacional.

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