Miles de estudiantes franceses volvieron a las calles ayer para exigir mejores condiciones educativas, en una jornada de protestas que dejó enfrentamientos con la policía, ataques contra escuelas y profesores, además de bloqueos en cientos de institutos.
El Ministerio del Interior informó que 71 mil 500 personas participaron en las manifestaciones, de las cuales 24 mil 500 se concentraron en París, principalmente en la plaza de la Bastilla. El Ministerio de Educación reportó 375 escuelas cerradas total o parcialmente.
En la capital, alumnos bloquearon con contenedores de basura el instituto Hélène Boucher, donde agentes utilizaron gases lacrimógenos para dispersarlos. También hubo enfrentamientos en la plaza de la Bastilla, donde la policía empleó cañones de agua contra manifestantes que lanzaron objetos.
- El dato: A seis meses de las elecciones presidenciales, las protestas ponen de manifiesto la polarización entre los principales candidatos para suceder a Emmanuel Macron.
En Burdeos, desconocidos incendiaron una comisaría; en Saint-Étienne fue saqueada una escuela, mientras que en Toulouse y Marsella se denunciaron agresiones contra profesores, incluido un docente del instituto Victor Hugo.
Las protestas comenzaron a mediados de septiembre y afectan a los 2.7 millones de alumnos de secundaria del país. Los estudiantes exigen más profesores, instalaciones dignas y menos alumnos por salón, ante las denuncias de edificios deteriorados, filtraciones de agua, plagas y temperaturas extremas.
La profesora Diane Di Sciullo, quien tiene 37 alumnos en su clase en Marsella, denunció la falta de mobiliario. “Al comienzo de cada clase, tengo que pedirles que revisen las aulas vecinas en busca de sillas y pupitres para estudiar”, relató.
- 3 Semanas de protestas en Francia
La respuesta policial también provocó indignación. Desde finales de septiembre se han registrado al menos seis mil 600 detenciones, unos 700 agentes heridos y más de 200 manifestantes lesionados. Entre los casos más graves figuran adolescentes que perdieron una mano o la visión de un ojo, además de otro con heridas en la boca y mandíbula.
Ante estos hechos, el gobierno suspendió el miércoles el uso de granadas aturdidoras durante las protestas. Padres de familia también fueron a las marchas para respaldar a sus hijos y protegerlos.
Por su parte, el primer ministro, Sébastien Lecornu, prometió presentar a finales de octubre medidas rápidas y con recursos suficientes, mientras el ministro de Educación, Edouard Geffray, anunció la contratación de docentes, una revisión de horarios escolares y mejoras al sistema de ingreso universitario Parcoursup.
Sin embargo, los dirigentes estudiantiles consideran insuficientes las promesas y convocaron otra jornada de movilización para el 13 de octubre, además de nuevas protestas para el 17 de octubre y una huelga el 5 de noviembre. “Necesitamos ya medidas concretas. Mientras no se pongan encima de la mesa 10 mil millones de euros, no pararemos la movilización”, dijo Sabrine Kharbach, portavoz de la Unión Estudiantil.
La crisis también dividió a la clase política ante las próximas elecciones presidenciales. Marine Le Pen condenó los destrozos, mientras Jean-Luc Mélenchon respaldó las protestas y denunció la actuación policial.
Una encuesta de Elabe para BFM TV reveló que 72 por ciento de los franceses considera legítimas las exigencias de los estudiantes.