VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

Netanyahu quiere ocupar Gaza

Gabriel Morales Sod<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Durante muchos años he tratado de entender por qué la oposición en Israel, que hoy no sólo representa a la mayoría, sino que incluye a buena parte del poder económico, del establishment militar y de seguridad, de los medios de comunicación, de las clases medias y de las élites del país, ha sido incapaz de destituir a Netanyahu.

Desde hace más de un lustro, semana tras semana, la gente ha salido a las calles, convirtiendo al movimiento de protesta contra Bibi y la ultraderecha en uno de los movimientos populares más longevos y grandes (proporcionalmente hablando) de la historia moderna. Ni estas manifestaciones masivas, ni las escisiones dentro de su partido y de la derecha, ni la presión del expresidente Biden en conjunto, lograron derrocarlo.

Esta semana entendí por qué: Netanyahu simplemente no tiene límites. No se trata sólo de que sea un político sin escrúpulos, de esos hay muchos, sino de que, en su empeño por permanecer en el poder, está dispuesto a hacer lo que sea, incluso más allá de lo imaginable: destituir a ministros de seguridad y jefes de inteligencia en medio de una guerra; acabar con la independencia de las cortes; traicionar a amigos, perdonar a enemigos; cultivar el apoyo de partidos islamistas para, semanas después, acusar a la oposición de aliarse con ellos; filtrar secretos de Estado a la prensa internacional para cambiar la narrativa de la guerra. En fin, ustedes entienden mi punto.

La obsesión de Netanyahu y su familia por mantenerse en el poder está a punto de llevar al país a cometer el que puede ser el error más costoso de su historia, una decisión que pone en peligro la existencia misma de Israel: Netanyahu está a punto de dar la orden de ocupar Gaza, a pesar de que el mismísimo jefe del ejército ha dicho que renunciará si esa es la orden. Las consecuencias de esta decisión son fatídicas y múltiples. Invadir y ocupar la totalidad de Gaza significará la muerte de varios de los rehenes israelíes aún vivos a manos de Hamas.

Después de haber fallado en proteger a su propia población civil y pese a que una nación entera clama por el regreso de los rehenes, Netanyahu está dispuesto a sacrificarlos. ¿Y luego qué? ¿Qué pasará después de la “conquista” ¿Quién se hará cargo de los casi dos millones de palestinos en la franja? O bien Netanyahu comparte la fantasía mesiánica de la ultraderecha, que sueña con expulsar a la población palestina en una surrealista operación de limpieza étnica, o el primer ministro pretende que Israel asuma y pague por mantener a millones de palestinos sin anexarlos oficialmente a su población, estableciendo de facto un régimen de apartheid.

Desde hace ya más de un año y medio, Hamas dejó de ser sólo una organización militar para convertirse en una guerrilla terrorista. La idea de que la conquista de Gaza es el camino para acabar con Hamas es pura propaganda. Nadie ha derrotado nunca a una guerrilla de esta manera. La ocupación de Gaza sólo traerá más sufrimiento: para los palestinos hambrientos, para los rehenes que están al borde de la muerte, para las madres de los futuros soldados caídos. La conquista de Gaza sólo terminará por convertir a Israel en un Estado paria y volver al país responsable de la vida de millones de palestinos que, por razones evidentes, le son hostiles. Todo esto lo sabe Netanyahu. Pero para este político, no hay límite alguno en su ciego camino hacia el abismo.

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