La autodenominada 4T insiste en imponer su ideología de hace cinco décadas, de esa anquilosada que ahora tanto alaban, aplauden, y muchos añoraban. El último ejemplo, evidente para cualquiera que preste atención, es la manera en la que Pemex les pide —o impone— un voto de paciencia a sus proveedores y les dice que, si bien les va, les va a pagar lo que les debe en 2030, porque ahorita están ocupando los recursos en regalarle miles de barriles de petróleo a Cuba. La contradicción no es menor ni simbólica: es económica, política y dramáticamente social.
En un país donde la empresa petrolera del Estado que todavía dirige Víctor Rodriguez Padilla, arrastra deudas millonarias con empresas que le prestaron servicios reales, ya sea de perforación, transporte o mantenimiento, entre muchos otros, la prioridad del gobierno se enfoca en la solidaridad internacional con el régimen que comparte sus filias y fobias, y que tiene hundido a Cuba en la miseria, antes que en la responsabilidad interna con aquellos que quieren trabajar y sostienen la economía en México.
Las consecuencias están a la vista: empresas quebradas, miles de empleos cancelados, cadenas productivas paralizadas y regiones petroleras, como Ciudad del Carmen y amplias zonas de Campeche, sumidas en una crisis por la falta de pagos. El castigo a los proveedores que se ha alargado por años hoy recibe nuevas largas, mientras que Pemex sigue embarcando crudo hacia La Habana por montos millonarios que ya se sabe que nunca serán cobrados.

La IA contra López Beltrán o... ¿al revés?
¿No debería empezar la solidaridad por casa? ¿No merecen al menos la misma atención que los amigos cubanos del gobierno quienes tuvieron que cerrar su negocio porque Pemex no les ha pagado, o quienes no tienen trabajo porque quebró la empresa contratista que los empleaba?
Esta injusticia parece ser otra herencia de un sexenio que entendió a la política exterior como vitrina ideológica y a la economía doméstica como mero daño colateral. Nadie discute la legitimidad de la cooperación o la solidaridad internacional, pero cuando esta se hace a costa de incumplir obligaciones elementales con la propia patria, pues como que se vuelve negligencia o mera propaganda. Pemex no solo le debe a México petróleo, le debe pagos, empleos, estabilidad y desarrollo social. Priorizar la retórica setentera por encima de la responsabilidad tiene un costo y ese costo, hoy, lo siguen pagando los proveedores, los trabajadores y las comunidades petroleras del país.
Izzi mundial 2026. La compañía Izzi dio a conocer que sus clientes podrán acceder a la cobertura completa de la Copa Mundial de la FIFA 2026, con la transmisión en vivo de los 104 partidos del torneo, incluida la inauguración y la final, a través del paquete ViX Premium Mundial, posicionándose con una de las propuestas más amplias del mercado mexicano. Los suscriptores de Izzi que ya cuenten con ViX Premium podrán contratar este paquete a un precio preferencial, válido durante enero y febrero de 2026, con la opción de dividir el pago en cuatro mensualidades mediante los distintos canales de atención al cliente de la empresa. Es interesante esta propuesta porque el precio es de 399.99 pesos, y con IVA incluido. La oferta contempla acceso inmediato a todos los encuentros de la justa mundialista, además de contenido exclusivo, repeticiones, análisis y programas especiales, disponibles desde cualquier dispositivo. En el marco del Mundial más grande de la historia, que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá, Izzi fortalece su estrategia de entretenimiento y transmisión deportiva, reafirmando su compromiso de acercar a sus usuarios los eventos deportivos más relevantes a nivel global.
Voz en off. Telefónica México es hoy el resultado de años de decisiones estratégicas fallidas, una lectura equivocada del mercado y una ejecución que terminó por diluir el valor de la operación. La compañía intentó competir sin escala en un sector que exige inversión constante y músculo financiero, y cuando tuvo margen para fortalecer su infraestructura optó por desinvertir, vender espectro y reducir su presencia, debilitando su posición competitiva. Al renunciar a la red y operar como OMV, se colocó en un rol subordinado, con márgenes limitados y sin control sobre su activo central, justo cuando el mercado se volvía más agresivo y saturado. La pérdida de clientes, la falta de economías de escala y el dominio creciente de Telcel, junto con la consolidación de AT&T como segundo operador con red, terminaron por fragmentar el negocio. Hoy Telefónica no vende una operación sólida, sino los restos de un modelo que dejó de ser viable, por ello negociaciones que no han llegado a nada por lo minúscula cantidad ofrecida por lo que vende, agravado por un litigio fiscal que también reduce aún más su atractivo, y confirma que su salida es más una retirada forzada que una decisión estratégica...

